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| 11/14/2015 10:00:00 PM

Cartas

Lo malo es que la gente no ha tomado cartas en el asunto. Julio Eduardo Laverde, Bogotá.

De Fabio Roca Vidales

Para propiciar el cumplimiento del compromiso adquirido por ustedes, en la parte que me corresponde, en los términos del aparte 7 del acta de conciliación suscrita el 29 de octubre pasado ante la Fiscalía 37 Local, me permito puntualizar:

Reitero lo que manifesté en el curso de la precipitada diligencia, en el sentido de que mi presencia en el acto privado de la Asociación Tercera Fuerza se debió exclusivamente a una invitación que se me hizo para dictar una conferencia sobre el apoyo de la colonia alemana y la empresa Sociedad Colombo-Alemana de Transportes Aéreos –Scadta– en territorios del trapecio amazónico y el Putumayo, en 1932, durante el gobierno de Enrique Olaya Herrera, para rechazar con 34 hidroaviones Junker y Dornier, armados por nuestro Ejército, la invasión peruana, que amenazaba a cinco etnias indígenas de esa región cauchera colombiana. Un acto que, por su naturaleza, no tiene implicaciones distintas de exaltar la defensa del territorio frente a la agresión extranjera; es decir, como un acto de soberanía nacional. Ahora bien, si se analiza el contenido de la conferencia, sin intención encubierta, tendrá que admitirse que se trata de una referencia histórica, que reconocida por el propio presidente Olaya, al condecorar a los pilotos voluntarios, no fue otro el objeto de mi presencia, de manera que lo demás es producto de la imaginación del autor del ‘embuchado’ o de su propósito no expresado y del diagramador que acomodó fotos con esvásticas de otros actos para sumarlos a su idea, cuando se cantaba en el idioma de Cervantes el españolísimo Cara al sol, con el saludo ibérico, más antiguo que el romano.

Fabio Roca Vidales
Bogotá


¿Sí habrán cambiado?

Con respecto al confidencial de ‘Magia en taquilla’ (SEMANA n.º 1749), sería importante saber cuántos de esos 2 millones de espectadores han hecho por lo menos un cambio en sus hábitos de consumo y manejo de desperdicios para preservar nuestra riqueza natural.

Christian Fabián Cepeda
Bogotá

Abrazar a las minorías

Quisiera opinar sobre el artículo ‘No fue nada facil’ publicado en la revista SEMANA n.º 1749. Cuando leí el artículo concerniente a la aprobación de la adopción para parejas del mismo sexo, decididamente me llene de alegría por todos esos miles de niños que esperan a las puertas de una casa de Bienestar para pertenecer a un hogar que los necesita con cariño y con responsabilidad. Ser gay no es una decisión es una condición, es igual que ser hombre o mujer y es en esa falta de entendimiento de muchas personas donde radica la diferencia. La mirada y el comportamiento de un niño que se siente amado es tan diferente de un niño abandonado o dejado a la compañía continua de personas de su misma edad; aún no entiendo por qué personas de alto renombre y que tienen muchos seguidores hacen afirmaciones (negativas) como las mencionadas en el artículo, ¿será miedo? ¿Incapacidad al cambio? ¿A creer en la diferencia? Deberían abrazar esas minorías y enriquecerse de que las palabras responsabilidad, amor, bienestar y alegría no están atadas a un género, están atadas a una condición y es la de seguir siendo seres humanos; cuando decidí averiguar entre mis amigos la opinión de este tema me encontré en algunos de ellos la misma incertidumbre y solo pude reafirmar mi posición respecto a este tema, me lo reafirma cada vez que veo felices a mis hijos no porque vean que tienen un papá y una mamá que los quieren, es porque ven personas que los quieren y los cuidan todos los días.

Adrián Antonio Camargo Salcedo
Piedecuesta


Adopción gay

Leído que hube el escrito de la edición n.º 1749 sobre la adopción gay me queda la impresión de que el responsable de esta apreciación andaba ansioso de que fuera aprobado por la corte el permiso para que pares de homosexuales adopten hijos ajenos. Ansias que el analista denota que eran de mucho tiempo atrás al afirmar que “Pocos colombianos podrían creer hoy que hasta 1988 ser homosexual era delito”.

El rechazo originado en la decisión de la corte de dar ‘vía libre’ a la adopción de niños abandonados por parte de pares de homosexuales, incluye un pronunciamiento de la Iglesia católica en voz del sacerdote Luis Augusto Castro, quien advierte a la corte que “se le olvidó que los niños tienen derecho a tener un papá y una mamá”.

Y es que, elementalmente, un bebé viene al mundo de un vientre materno, fecundado por una fusión de esperma (varón) con óvulo (hembra) y ese bebé a su vez viene al mundo con su sexo impuesto  por madre naturaleza. Los padres de esa criatura obedecieron el mandato natural y procrearon. Esa criatura está llamada a obedecer de la misma forma el mandato natural. Es así el ritmo de vida de los seres humanos que poblamos la tierra.

En las otras especies animales es igual. Por instinto y sin el uso de razón, una pareja de semovientes (vaca y toro, yegua y caballo, gallo y gallina, gata y gato, etcétera) obedecen el mandato natural. No podemos hablar de un par de caballos –o de toros o de perros–. Solo al ser humano se le ocurrió irse en contravía.

El derecho de los niños para ser adoptados es universal, sin que ello obligue a los Estados a fomentar el homosexualismo en aras de ‘fabricar’ un respaldo de gente mayor en ‘defensa’ del niño abandonado.

La flojedad de nuestra Corte Constitucional para apresurarse a aprobar semejante  amenaza a nuestra naturaleza, nos obliga como adultos mayores a impedir que se lleve a cabo esta  imprudencia.

Efraín Humberto Peñate Rodríguez
Barranquilla


Una sociedad devastada

La entrevista con los ilustres psicólogos Steven Pinker y David Barlow, SEMANA edición n.º 1749, nos muestra el grave daño que la violencia ha causado en el cerebro de todos los colombianos, haciéndonos “un país bastante inusual”. Por las razones dadas, se ve que han tenido durante años preocupación por nuestra salud mental. Si quienes desde el poder, que arrastraron al país a la violencia, hubieran tenido un minuto de imaginación, para la insensibilidad moral y la transformación cerebral que causarían, hubieran detenido tan abominable crimen.

El presidente Santos se decidió por la paz, por su pueblo, supo por boca de tan sabios profesionales el procedimiento para comenzar a curar una sociedad devastada por más de 50 años de guerra fratricida; víctimas y victimarios, los que se creen sanos viviendo en medio de la guerra, y los más graves, los opositores a la paz.

Isaac Vargas Córdoba
Bogotá

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