Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 2016/01/30 00:00

Cartas

"Con la presencia de la institucionalidad internacional ya no hay marcha atrás". Jorge Enrique García Bucaramanga.

Cartas

Optimismo y esperanza

Al leer en su edición n.º 1760 ‘Qué está pensando Pardo’, dentro del artículo y su programa de respuesta rápida a la ausencia del Estado en la resolución de conflictos, da optimismo y esperanza saber que es en ese servicio obligatorio de buena justicia estatal donde se dará inicio a la solución de lacras como la violencia y la corrupción  que se vienen haciendo medios de progreso y ascenso social. La omisión o la carencia de buena calidad en la justicia es donde radica el origen de  todas nuestras desgracias nacionales. Es a partir de la buena calidad y su eficacia judicial, donde nace el éxito de los demás cultivos y proyectos con los que se pretende mejorar la dignidad y calidad de vida de los colombianos del posconflicto, llegue o no la ONU.
Gustavo González R.
Bogotá

Resultado más realista

En la edición de SEMANA n.º 1757-1758 de enero de 2016 citan cómo la encuesta de Barómetro Global de Felicidad, Optimismo y Esperanza en la Economía clasifica nuevamente a Colombia como el país más feliz del mundo, entre 68 donde se aplicó la encuesta. El resultado fue del 85 por ciento y el promedio fue 66 por ciento.

Lo paradójico es que somos el tercer país del mundo en concentración de la propiedad en pocas manos. Por esto, llevamos más de 60 años de conflicto armado, con más de 7 millones de víctimas entre muertos y desplazados. Las principales víctimas son los campesinos, indígenas y afrodescendientes, que fueron expulsados, primero por la violencia de partidos, después, abandonados por el Estado, fueron obligados a los cultivos ilícitos por paracos o por guerrilleros.

Para hacer más grave la situación, el Estado abrió las puertas a los TLC obligándonos a la dependencia externa en alimentos y en industria; por eso estamos entre los países con mayor desempleo en el continente americano.
La revista SEMANA cita otro estudio de Ranking Global de Prosperidad de Calidad de Vida; allí ocupamos el puesto 68 entre 142 países. Este resultado es más realista para lo que nos espera: pues este año no pinta nada bueno gracias al mal manejo macroeconómico que se dio en las épocas de bonanza, cuando debieron desarrollarse el campo y la industria, para no depender de alimentos importados y bajarle el tono a las importaciones de manufacturados.

¿También puede ser que somos masoquistas para sentirnos felices en medio de la infelicidad? o ¿que somos capaces de ‘poner al mal tiempo buena cara’? La realidad sí es que tenemos recursos, actitud y capacidades para hacer de este país el mejor vividero, pero en otras condiciones de equidad y convivencia para la felicidad.

Fidel José Vanegas Cantor
Bogotá

Pilas con el ELN

Muy valiosa la entrevista publicada en la edición n.° 1760 con Joe Broderick, en la que advierte con lucidez que “la paz está muy lejos”. Ahora que muchos sectores le apuntan al posconflicto, es importante resaltar que las Farc no son la única guerrilla de este país. Y lo cierto es que el ELN –por el mismo desorden que impera en sus filas– puede ser un toro mucho más difícil de lidiar. Pues como bien lo pone Broderick, “no es seguro que el comando central de esa organización tenga injerencia sobre sus bases”. Una de las peores costumbres de este país es ensillar las bestias antes de comprarlas. ¿Nos creeremos otra vez nuestros sueños antes de luchar porque se conviertan en realidad?

Sergio A. Molina
Bucaramanga

¿Hay disyuntiva?

Quisiera comentar el artículo ‘Justicia a pesar de todo’ de la edición n.º 1755 de SEMANA. Es evidente que a los colombianos, tanto a las víctimas directas como a aquellas que han vivido en un país desequilibrado e inseguro por décadas, les toca hacerse a la idea de que las Farc la van a sacar barata. Pero el hecho de que el acuerdo de justicia sea considerado “una obra de relojería” en el exterior debería servir para calmar los ánimos de aquellos que solo abogan, escudándose en que los sacrificios que hay que hacer son imposibles de aceptar, por continuar la guerra. Y es que en el fondo, como bien lo plantea el artículo, esto no es un servicio a la carta, es una decisión entre negociar, lo cual significa ganar unas y ceder en otras, y seguir en guerra, una que ya suficiente daño ha hecho. Sé que no me ha tocado personalmente la guerra, y que a alguien que sí la ha sufrido en carne propia le puede resultar inaceptable. Lo respeto, no estaremos todos del mismo lado, pero la guerra tiene que terminar. El país tiene que ceder, y el acuerdo parece ser un paso en la dirección correcta.

Antonio Ocampo
Bogotá

Narcotráfico en el barrio

Es aterrador el informe especial publicado en la edición n.° 1760 sobre el microtráfico. Además del daño que las decenas de bandas que pululan en todo el país le hacen a nuestra juventud, estos grupos están destruyendo los pocos vínculos que aún existen entre nuestras comunidades. Pues si los grandes carteles del narcotráfico parecían una fuerza de ocupación, el microtráfico carcome a nuestros pueblos, barrios, etcétera, desde adentro. Los muchachos que esas bandas usan para sus fines macabros son en realidad los hijos de nuestros vecinos, los mismos que crecieron con nuestros niños, que jugaron en la cancha del barrio. Aquellos que en un abrir y cerrar de ojos terminan convertidos en unos matones sin escrúpulos que persiguen la quimera del dinero fácil. Al parecer, el flagelo de la droga nunca va a abandonar a este país.

Pedro F. Rodríguez
Bogotá

Defensor a ultranza

Como destaca el columnista León Valencia en su artículo ‘Ordóñez abraza a Narváez y a Pretelt’ (Semana n.º 1753), con el procurador Ordóñez “la función de la justicia se invierte de manera escandalosa: la justicia acusa y el procurador absuelve”; como lo había hecho en el pasado al defender a muchos de los procesados y luego condenados por parapolítica y por la yidispolítica, ahora se ha dado a la tarea de defender al exsubdirector del DAS José Miguel Narváez y al magistrado Jorge Pretelt.

El procurador Ordóñez es libre de profesar cualquier ideología y de ser un crítico del proceso de paz, pero como  máximo representante de la función pública no puede desempeñarse como defensor de quienes, en calidad de altos funcionarios del Estado, están inculpados de tener alianzas non sanctas con paramilitares y de ser el determinador e instigador del asesinato del humorista Garzón, como es el caso de Narváez, o por los delitos de concusión en el caso de Fidupetrol, nexos con paramilitares, despojo de tierras y tráfico de influencias en Córdoba, en el caso de Pretelt.
No se entiende cómo un procurador, en vez de colaborar con la Justicia en la recaudación de pruebas y de ser un aliado de las víctimas, se convierte en defensor a ultranza de quienes, como servidores públicos, han cometido los más graves y execrables delitos.

Como dice el dicho, ‘al alcalde no hay quien lo ronde’, pero es inconcebible e inaceptable que el procurador esté dilatando deliberadamente el juicio contra Narváez por la muerte de Garzón o  haga declaraciones orientadas a que el  proceso de Pretelt en la Cámara de Representantes se dilate y finalmente sea archivado.

Juan Manuel Jaramillo U.
Manizales

Caballero no escribe
N. de la R. Antonio Caballero se excusó de escribir en este número porque está de viaje. Su columna y su Monólogo regresarán la próxima semana.

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