Sábado, 3 de diciembre de 2016

| 2016/02/13 00:00

Cartas

"Esto me recuerda a Marco Fidel Suárez y su ‘respice polum’". Enrique Rodríguez, Bogotá.

Cartas

Triste realidad

Sobre ‘Mi nuevo mejor amigo’, su artículo de la anterior portada (SEMANA n.º 1762): Estados Unidos no tiene amigos, solo intereses.

Marta Restrepo Mesa
Cali

De sentido común

Sobre su artículo de la última publicación (SEMANA n.º 1762) acerca de la oportunidad de Colombia para convertirse en una potencia en la producción de alimentos, es increíble que esto que es de sentido común sea publicado como gran novedad. Para cualquiera que tenga conocimientos de mercadeo y economía, es claro que en la producción de alimentos existe un enorme potencial exportador. Lo que es increíble es que ni el ministerio, ni Proexport, hoy Procolombia, hayan hecho nada al respecto. Durante años se han dedicado a hacer ruedas de negocios para vender lo que no tenemos, y gastar plata en campañas inútiles como ‘Colombia es pasión’.

Hay una oportunidad de oro desatendida durante años, pero para aprovecharla se necesita un liderazgo que no existe.
Ustedes pueden contribuir a buscar una solución.

Francisco Gaitán
Bogotá

Aclimatar el proceso

Resulta buena señal que en la edición n.º 1762 de revista SEMANA se hable de acercamientos a los acuerdos de paz bajo el título de ‘Vuelven los azules’.
Esta decisión política, amiga de la paz, es la que el pueblo colombiano necesita para aclimatar el proceso de paz a estos acercamientos. Ojalá se sumen los del Centro Democrático y todos los que de una u otra manera no comulgan con el gobierno, porque debe quedar muy claro que estamos cansados de tanta retórica opositora y pedimos a gritos una “unidad por la paz”, propuesta del ministro del Interior, Juan Fernando Cristo. Soplan vientos de perdón, de reconciliación, aceptación de los grandes empresarios colombianos, participación en política de la Farc y ayudas económicas de las grandes potencias para el posconflicto. Ya a la opinión pública la conquistó la finalización del conflicto armado más antiguo del mundo, y la suma a la clase política existente desprestigiada una nueva fuerza política novata de la Farc, queriendo conquistar la opinión de los colombianos para obtener escaños de elección popular con las plenas garantías para unos y otros por parte del gobierno; y, así, ver un nuevo mapa político de Colombia que ayude a la construcción de la paz y que la acción del gobierno llegue a lugares donde jamás había hecho presencia. Por fin, que los colombianos olvidados por décadas sientan la presencia de los programas gubernamentales para una vida digna de todo ser humano.

Wilson Ruz Mejía
Montería

Doloroso e irritante

Creo que es bien sabido por todos, la seriedad, el rigor investigativo y el apego a la verdad del gran periodista Daniel Coronell en su trabajo, lo que, sin lugar a dudas, debería comportar que sus valerosas denuncias sobre las lacras que marcan a nuestra sociedad no tendrían que pasar de largo, sin encontrar eco en los encargados estatales de vigilar las conductas cuando de empleados públicos se trata.
Pues bien, no es la primera vez (ni espero sea la última), que este pone en tela de juicio la conducta del director de la Policía, general Rodolfo Palomino, (SEMANA n.º 1763), y su forma ilegal de tapar y, peor aún, proteger los procederes ilegales de sus subordinados, así como el favorecimiento indebido a sus familiares; ello no tiene otra forma distinta de llamarse que corrupción, ese cáncer que carcome los cimientos de la sociedad colombiana.
Desde tal perspectiva, no puede uno más que llamarse a engaño ante la forma complaciente que han asumido las autoridades (desde el presidente hacia abajo), en un caso que debería ser emblemático de la persecución del maligno flagelo. Duele e irrita sobremanera que personajes encargados de las más altas dignidades del Estado estén inmersos en los huracanes de los escándalos, sin que por lo menos tengan la dignidad de dar un paso al costado en pro de la institución a la que pertenecen, y solivianta todavía más el ánimo la ligereza y desidia de las autoridades públicas en la forma de tratar o lidiar con este tipo de situaciones.

Si como la gran mayoría estamos de acuerdo, el defensor del Pueblo tenía que dejar el cargo como en efecto sucedió, ¿qué justifica que el director de la Policía siga en el suyo con los graves señalamientos que hay en su contra? .

Óscar Villada Martínez
Bogotá

Seguirán por separado

Respecto al artículo ‘El nuevo rumbo de la Atenas Suramericana’, publicado en la pasada edición de la revista, nos permitimos aclarar que la Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte de Bogotá y el Instituto Distrital de las Artes (Idartes) no piensan unir los festivales de Salsa, Jazz y Colombia al Parque como se afirmó en dicha publicación.
Los Festivales al Parque continuarán siendo uno de los proyectos más importantes del sector para mostrar a los músicos locales, generando interacción con grupos nacionales e internacionales, buscando la fidelización de públicos, fortaleciendo ruedas de negocios, espacios para el emprendimiento y procesos de formación e investigación.

María Claudia López Sorzano
Secretaria de Cultura, Recreación y Deporte de Bogotá

Hablar del ocio

El columnista invitado Luis Carlos Valenzuela nos ha sorprendido gratamente con su artículo ‘El ocio como política pública’ (SEMANA n.º 1762), pues si bien se trata de un tema que poco se ventila en los medios, constituye un asunto que todos los gobiernos y la ciudadanía debe encarar y defender. Hablar del ocio no significa, como bien lo precisa el columnista, fomentar la desidia, la pereza, la flojera, pues estas, antes que fomentar el bienestar, lo que hacen es empobrecernos material y espiritualmente. 

El columnista cita a Montaigne y a Russell como defensores del ocio en una sociedad capitalista que, en su afán de acumulación de riqueza, busca combatirlo a como dé lugar, olvidando que la ecuación ‘riqueza=bienestar’ es  falsa.

En la antigüedad, Séneca, en su célebre escrito Sobre la brevedad de la vida, el ocio y la felicidad afirmaba que “El modo más sabio de emplear el ocio es haciendo algo que beneficie a nuestros iguales” y mostraba cómo, gracias al ocio creativo, el sabio busca responder a preguntas como “qué es la virtud”, “qué hace buenos a los hombres”; preguntas que, para él, resultan incompatibles con la política, pues el sabio llega al ocio o porque la política no es adecuada para él o porque él no es adecuado para la política.

La propuesta de Venezuela de convertir el ocio en una política de Estado puede sonar paradójica en una sociedad que finca su felicidad en el consumo insaciable, para el que se requiere trabajar más y más. Sin embargo, lo que se propone, por el contrario, es que las personas puedan tener más tiempo libre para sí y para los demás; más tiempo para fomentar placeres como la música, la buena lectura, el arte, en una palabra para ser más felices. Esto, por supuesto, implica un cambio decisivo en la concepción de bienestar, pero también una educación para hacer del tiempo libre (llamativa expresión) una oportunidad para disfrutar al máximo esta vida breve, como era el mensaje de Séneca.

Juan Manuel Jaramillo Uribe
Manizales

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