Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 2016/02/27 00:00

Cartas

"A pesar de las implicaciones, yo sí me declaro a favor de la privacidad". María Teresa Bernal. Bogotá

Cartas

En honor a su prestigio

En la edición n.º 1764, la periodista María Jimena Duzán hace referencia al periodismo que se practica hoy. Ella, que es una de las más respetadas en este país, reconoce los excesos y la falta de decoro en algunas publicaciones. La soberbia, la arrogancia y el afán de recibir un premio de periodismo inmerecido no pueden ser la razón para atentar contra la intimidad de nadie, por cuestionado que este sea; cuando se publican fotos o videos extremadamente comprometedores, no solo se atenta contra la persona mencionada, también contra su familia y, no menos delicado, es muy dañino para quien él trabaja.

La invitación que hace la señora Duzán a enderezar el camino no solo es un beneficio para el periodismo en Colombia, es un inmenso bien para la paz de quien escribe y quien reconoce a través de la verdad que no ha sido acertado.

Clarísimo es que si el periodismo no existiera, las injusticias serían mayores; lo justo en este caso es, entonces, que manejen con delicadeza y respeto la información que consideren deben publicar. Y a la señora Duzán, mi agradecimiento infinito por su comentario en este caso.

Humberto Montoya González
Cartago

La propiedad de los medios

En un país como el nuestro de una realidad alucinante e inextricable, en que a una noticia la sucede inmediatamente otra, que hace difícil digerirlas, sin duda, la revista semana a semana hace un gran esfuerzo para recogerlas y analizarlas, y a sus lectores nos queda difícil priorizar cuál es la más relevante para opinar acerca de ellas.

La edición n.º 1764 de SEMANA es una muy buena prueba de ello. A la excelente columna de Antonio Caballero en la que con toda razón hace la propuesta que él califica de revolucionaria, de desprivatizar al Estado colombiano, a lo que agregaría yo, para que responda a intereses públicos y no privados, que es un elemento que se encuentra en el centro de la grave problemática del país, se suma el análisis del artículo central de la portada sobre el ‘Poligayte’, respecto del cual deseo comentar el retiro de la periodista Vicky Dávila de la emisora La F.m. de RCN.

Con independencia de si desde la óptica de las mejores prácticas del periodismo estuvo bien o no haber difundido el video, lo cierto es que el episodio de su retiro es una evidente consecuencia de encontrarse los medios masivos de comunicación en poder y control de los grupos económicos. La señora Dávila es retirada de la emisora sencillamente porque a los dueños de la misma, el grupo Ardila Lülle, les importa más para la protección de sus intereses económicos conservar la buena relación con el gobierno nacional que respetar la autonomía periodística y respaldar a una periodista que se volvió incómoda para el gobierno. Así de sencillo.

Este episodio, que no es el único y vendrán más, pone de presente la importancia que reviste para una sociedad democrática que quiera estar bien informada, el que los medios masivos de comunicación no se encuentren al servicio de los intereses de los grupos económicos que los controlan.

Segismundo Méndez Méndez
Bogotá

Importante reflexión

A propósito del escándalo que generó la poco acertada decisión de la periodista Vicky Dávila al publicar el ya famoso video del exsenador Ferro y un policía, no podría estar más de acuerdo con la importante reflexión de María Jimena Duzán, (‘El fin del periodismo’, SEMANA n.º 1764), pues es lo mismo que he dicho en varias oportunidades al referirme al periodismo que se ejerce en la provincia, donde, además, se practica una clase de periodismo extorsivo y el servidor público es bueno o malo, amigo o enemigo dependiendo de las monedas o billetes que ponga en la mesa. 

Entre la vida pública y la privada de una persona hay límites que no se pueden violar por el afán de una chiva o de armar una supuesta investigación queal final resulta siendo una persecución o el desenlace de un problema personal. Recuerdo tantos episodios de esta periodista y otros que se creen los dioses del periodismo colombiano, intocables, y no les importa dañar a otras personas con informes cargados de verdades a medias y grandes mentiras que sus medios de comunicación a la fuerza las convierten en verdad absoluta.

Todas estas actuaciones periodísticas se viven a diario en todo el territorio nacional; a nivel territorial, por lo general, el funcionario es calumniado e injuriado por ‘periodistas’ a los que no les va bien o no sacia sus apetitos económicos. No soy el mejor periodista, pero creo que los límites se respetan, las normas se cumplen y la ética profesional debe prevalecer sobre la doble moral de algunos periodistas que indician, acusan, juzgan y condenan de manera irreparable a otras personas.

De verdad, al periodismo colombiano le llegó la hora de hacer un alto en el camino y con nuestro trabajo responsable, profesional y ético ayudar a construir una nueva Colombia, una Colombia verdaderamente social, democrática e incluyente.

Lewhis Spirth Montaño Hurtado
Buenaventura

Deshonrosas instituciones

Según los artículos de la revista, en sus ediciones 1763 y 1764, creo que a todos los colombianos nos indigna está situación de desprestigio de nuestras ‘honorables’ instituciones, al país se lo está devorando la corrupción. El escándalo económico de Reficar y ahora el Poligayte en la Policía Nacional, que encadena por el mismo camino al tan desprestigiado Congreso de la República.

En primer lugar, cómo es posible que ante los enormes adendos presupuestales en el contrato con la compañía extranjera CB&I, nadie en esos momentos haya dicho ni hecho nada; dicen las administraciones pasadas que ellos no sabían o que las cosas se hacían a sus espaldas, se pasan esa papa caliente de unos a otros y nadie se hace responsable de esos actos bochornosos. De la misma manera, me refiero al escándalo de la Policía Nacional; se dice que el ministro de Defensa sabía de la existencia de la red de prostitución masculina.

Me hago las siguientes preguntas: ¿por qué el ministro, si sabía de la existencia de dicha red, no denunció en ese tiempo para que se hiciera la respectiva investigación?; el exsenador y ahora exviceministro renunció, ¿quiénes en el Congreso promovían y obtenían favores homosexuales de esa red?, ¿por qué no se tienen nombres de senadores involucrados?

Cito la frase del célebre escritor argentino Ernesto Sábato, en su obra El túnel, “todo tiempo pasado fue mejor”, pero en el buen sentido que argumenta él mismo y que es bien cierto, “esto no indica que antes no sucedieran menos cosas malas, sino que la gente las echa en el olvido”. Desde antes ha existido la corrupción, se han destapado ollas podridas del gobierno, escándalos, carteles, etcétera; los periodistas, los noticieros y los medios les dedican una semana a estos deshonrosos acontecimientos y luego se olvidan, ojalá en estos dos monumentales escándalos institucionales no pase lo mismo y se llegue al fondo de todo. Aunque rueden cabezas poderosas indestronables, que han dejado a un lado la moral y la ética, creo que es difícil recuperar la credibilidad del pueblo ya que se ha perdido el valor de “La virtud, como el arte, se consagra constantemente a lo que es difícil de hacer, y cuanto más dura es la tarea, más brillante es el éxito” (Platón).

Sandro Javier Chiles Carrera
Pasto

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