Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2016/03/19 00:00

Cartas

"No hay mal que dure cien años, ni siquiera en la Corte". Mario Sáchica Gutiérrez, Bogotá.

Cartas

El próximo Fiscal General de la Nación

La noticia de la recomposición de la Corte Suprema de Justicia, que curiosamente carece de desarrollos en la edición n.º 1767 de SEMANA, no puede estar dotada de virtudes mágicas que per se le permitan destrabar la maraña que envuelve al sistema judicial colombiano. Habrá que ver para juzgar si tan sorpresivos resultados armonizan más con las contriciones de Cuaresma o acaso entrañan intereses soterrados. Más que la confirmación curricular de los siete nuevos magistrados, sus aciertos estarán medidos por los desempeños que con sus colegas propendan, no solo por reivindicar las instancias de juzgamiento y cierre judicial, sino por la forma con que enfrenten el reto de la escogencia del fiscal que la situación coyuntural requiere.

El país tiene claras las dimensiones del poder delegado en la Fiscalía y, además de conocer del volumen burocrático que representan más de 30.000 funcionarios, se estremece cuando sabe que por cada día de acciones u omisiones consume alrededor de 1.500 millones de pesos. Por eso, dentro de la natural expectativa que sugiere la escogencia del nuevo fiscal, todos están atentos a conocer la suerte de casos tan sensibles y emblemáticos como los de Reficar, InterBolsa, Cafesalud y Saludcoop, y de todo cuanto ampara a la ‘Comunidad del Anillo’ o desampara los descaros de los Palacinos y las desfachateces de calzones. La labor del saliente fiscal Montealegre se empaña y deja mucho que desear, no solo frente a investigaciones como las anteriores, sino respecto de otras muchas que, a no dudarlo, comprometen flagrantes impunidades respecto de bienes y dineros que, irónicamente, y con medidas cautelares dictadas por la propia Fiscalía, a la postre han resultado involucradas en corruptelas como aquellas que desde el propio Parlamento permean los manejos de la DNE. Lo anterior, en suma con ciertos contratos y favorecimientos inducidos por libidinosas preferencias, hace que el ocaso del jurista de quien el país tanto esperó languidezca penosamente desdibujado.

El presidente Santos no puede equivocarse al escoger la terna de la cual la corte seleccione a su mejor coequipero en las instancias del posconflicto. El compromiso magnifica a tal punto las expectativas, como que estas mal pueden sucumbir convertidas en un fiasco más. Mientras los manejos mediáticos empoderados de la opinión desde ya ventilan nombres que, quizá, más que al bien común mejor convengan a sus intereses, los partidos políticos hacen méritos para hacerse con el espléndido trofeo, que en todo menos que en eso puede acabar convertido.

El país cuenta con elementos sobresalientes para quienes, más que un honor, la Fiscalía representaría invaluables sacrificios, de allí que la primera autoridad deberá anteponer el respeto a su independencia y el agradecimiento por su concurso. Juan Carlos Henao, Iván Velásquez, Jaime Córdoba, Gloria María Borrero o Gina Parody son algunos de los prospectos que, a muchos como yo, se nos ocurren para que ojalá sean tomados en cuenta al momento de integrar la terna. El problema no estará en la escogencia sino en el descarte de dos de ellos.

Vicente Ferrer Apráez Apráez.
Pasto

Ojo con salvadores mosqueteros

La carta publicada en la edición n.° 1767 que nos envió el siniestro sindicato de las comunas, por su contenido y por la época del envío, nos presagia lo que sigue después de los diálogos de La Habana. Y eso que se sigue no se remedia con promesas políticas ni con casas gratis, aeropuertos, carreteras o agua potable para los pobres. Lo que sigue se puede remediar con una sola cura: justicia buena y fuerte. Lo que se viene después de los diálogos firmados o sin firmar, que soñando con el deseo mal llamamos posconflicto, nos obliga a ser más realistas y a llamar las cosas por su verdadero nombre: un neoconflicto en el que como aglutinante estará más viva y fortalecida la corrupción. Llegó la hora en que todos (colegiados) quieren participar, como ya lo hizo el Frente Nacional, en la salvación de Colombia; unos destrabando la Justicia (que no existe); otros, colegiados o no, transformándose en partido político; otros en los barrios de las ciudades manejando las “líneas que engloban la seguridad humana”; y la justicia deficiente o nula para todos, sin ella, trabada o no, el neoconflicto será peor que lo que hemos padecido en esos 50 años.

Ramiro Valencia C.,
Medellín

No está para cucharas

En SEMANA, edición n.º 1767, la columnista María Jimena Duzán plantea los inconvenientes del plebiscito para refrendar los acuerdos de paz. Este tema se ha convertido en una obsesión para el presidente Santos, cuando en realidad no es indispensable, porque el presidente tiene las facultades legales para firmar la paz.

Por su parte, el fiscal y el contralor también consideran la consulta innecesaria  y solicitan a la Corte Constitucional declarar inexequible la ley estatutaria correspondiente. Por este pedido, el presidente en una salida en falso llamó ...“cantos de sirenas que le escriben a los dioses de la Corte Constitucional...que el plebiscito es inconstitucional”. Este lenguaje ofensivo no debería estar en boca del primer mandatario de los colombianos....
En términos coloquiales, el palo no está para cucharas...cita María Jimena: la baja popularidad de Santos, la caída en las rentas del petróleo –y del agro–, el incremento del desempleo para los que han estudiado. Entonces, más para los que no.

Bajar el umbral de aprobación al 13 por ciento puede ser interpretado como una jugada para un triunfo, que aun así no está asegurado.
Santos hace unos años calcó una frase de Churchill: “Un fanático es alguien que no puede cambiar de opinión”. Dado el momento que vivimos, es mejor que Santos no sea tan fanático y aterrice a la realidad.

Fidel José Vanegas Cantor,   
Bogotá

¿Utopía?

Total afinidad con la columna escrita por el señor Luis Carlos Valenzuela en la edición n.º 1762, ‘El ocio como política pública’. La clase de ocio planteada en esta es la que deberíamos practicar todos aquellos que vivimos en comunidad, ya que el que impera en la actualidad es insostenible en el tiempo por su despilfarrador uso de recursos. No es solo tarea del Estado fomentar las actividades  o “gustos adquiridos” planteados; es en el hogar, principalmente, donde adquirimos y cultivamos estas prácticas (lectura, música, deporte, naturaleza) que a la larga se convierten en estilos de vida enriquecedores y placenteros, brindándole a la persona la tranquilidad y riqueza mental requeridas para navegar en la sociedad actual. 

Miguel Frehydell,
Medellín

Mal pensionada

Después de leer el artículo ‘Alcanzar la pensión es posible’, edición n.º 1762, yo quería informar lo siguiente teniendo  en cuenta el artículo que hace referencia a los fondos privados con mi caso: extranjera sin pensión de mi país y con la mala suerte de que por mal aconsejada cambié de Colpensiones a un fondo privado. Estoy con la edad pero no puedo jubilarme porque estaría, como dice el artículo de SEMANA, con un equivalente a un salario mínimo que es muy poco.  Pero si no me hubiera cambiado al fondo privado y, en cambio, estuviera todavía con Colpensiones, ¡el salario, por poquito, sería el equivalente a un 50 por ciento y representaría tres veces lo que ofrece Porvenir!  Que no se cambian nunca para un fondo privado después de estar en Colpensiones porque se pierde la dignidad, una vez con la edad de descansar de toda una vida de trabajo. 

Chantal Braito,
Cali

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