Lunes, 23 de enero de 2017

| 2016/04/09 00:00

Cartas

"Ojalá también se pueda con ellos. Pero lo veo muy difícil". Armando Rodríguez, Armenia.

Cartas

Una ética de intenciones

A propósito del artículo ‘¿Y ahora qué?’ de su edición n.° 1769, en el cual se preguntan por las consecuencias de no haber llegado a ningún acuerdo en La Habana el 23 de marzo pasado, permítanme señalar un aspecto importante de lo que su evaluación busca aclarar:

Destaco la diferencia acentuada en contextos rigurosos que examinan la significación de la ética para los humanos: existe una diferencia fundamental entre una ética de las intenciones y una ética de las consecuencias. La primera caracteriza a los Pilatos. La segunda, a los sujetos verdaderamente responsables de sus actos.

En este caso, es claro que las Farc actúan bajo una ética de las intenciones. Dirán lo contrario y sostendrán que aún hay “grandes desacuerdos” (las zonas de concentración, los que salen o entran,...), pero las consecuencias están a la vista. Una en especial: las Farc hoy, como lo han hecho durante todo el siglo XXI en especial, han trabajado, de hecho, a favor de las tesis del uribismo. Lo elevaron a la Presidencia y ahora van a restituirlo, con todo lo que ello implica, si insisten en su ética de las intenciones, en su ceguera política. Es una constante en lo relativo a las consecuencias de sus actos, es decir, fortalecer políticamente a las fuerzas más oscuras de Colombia y darles argumentos para detener todo esfuerzo auténticamente pacifista.
Es claro que en política se trabaja a menudo en favor del enemigo. La posición de las Farc ratifica ampliamente esta tesis.

Juan Fernando Pérez
Medellín

Las muchas adicciones
En la edición n.° 1768, el periodista Antonio Caballero escribe sobre el dopaje. El señor Google, que de todo sabe, define el dopaje como el uso de sustancias prohibidas para mejorar el rendimiento en actividades deportivas. En muchas ocasiones estas sustancias, que en principio se usaron para mejorar resultados, las sigue usando el deportista porque se ha vuelto adicto a ellas. Y entonces aparece el término adicción, el cual define Google como el “Hábito de conductas peligrosas o de consumo de determinados productos, en especial drogas, y del que no se puede prescindir o resulta muy difícil hacerlo por razones de dependencia psicológica o incluso fisiológica”.

Creo que estos fenómenos no son exclusivos de los deportistas y las adicciones no se presentan solamente a medicamentos prohibidos o controlados, y de pronto el problema no es el dopaje mismo sino las adicciones. Lo vemos todos los días en nuestros políticos y dirigentes que se han vuelto adictos al dinero y al poder, y son muchas veces los contratistas del estado quienes por necesidad se han vuelto los “jíbaros” que suministran la sustancia adictiva, en este caso el dinero. Y digo que por necesidad porque si el adicto no recibe su dosis cambia de proveedor.

Y los dirigentes se han vuelto adictos al poder, casi siempre cuando acceden a un cargo (fiscal, procurador, senador o presidente) y descubren esa sensación de superioridad, esa liberación de hormonas y sustancias que les permiten alimentar su ego, no quieren, ni pueden abandonar ese vicio.
Y los mismos periodistas también se sienten poderosos e influyentes y los hace felices ser amigos o contertulios de los políticos que tienen el poder, de los contratistas que tienen el dinero o de los artistas que tienen la atención. Y es por eso que asisten y se dejan ver en cuanto evento social anuncien disfrutando de la otra adicción a la comida, el alcohol o quien sabe que más. Y venden la otra sustancia que produce adicción que es la publicidad y el reconocimiento.

Y todas esas adicciones generan corrupción, y somos capaces de hacer lo que sea por obtener esa sustancia, ese vicio que nos haga sentir bien. Es parte de la naturaleza humana.

Pedro A. Pulido
Bogotá

Proyectos faraónicos

En la edición n.° 1767 del 20 de marzo en entrevista con el señor Gustavo Alberto Lenis, director de la Aeronáutica Civil, se afirma que el nuevo aeropuerto El Dorado II tendrá 3 pistas en un aérea de 1.980 hectáreas, con un costo de 5 billones de pesos.

Se afirma también que para el año 2041 llegarán 69,2 millones de pasajeros de los cuales el 89 por ciento se movilizarán por El Dorado I y el resto o sea 7.612.000, equivalentes al 11 por ciento, lo harán por El Dorado II.

¿Se justifica una inversión de 5 billones de pesos para atender 7.612.000 pasajeros en el año 2041?

Creo que nos estamos enloqueciendo con estos proyectos faraónicos.

Óscar Jaramillo O.
Pereira

La utopía de La Salle

Me refiero a su excelente entrevista titulada ‘La sociedad está en crisis de credibilidad’ realizada “al alimón” a los doctores José Alberto Vélez y Carlos Raúl Yepes (edición SEMANA n.° 1769). Me emocionó mucho que el doctor Yepes se refiriera al proyecto Utopía como parte del programa sueños de paz que adelanta el Grupo Bancolombia dentro de su agenda para el posconflicto. Al respecto, me parecería justo que se explicara que Utopía es un verdadero laboratorio de paz creado por la Universidad de La Salle, bajo el liderazgo de su visionario rector, el hermano Carlos Gómez, quien le apostó a esta asombrosa iniciativa de búsqueda de la paz desde la ruralidad colombiana.

Utopía ofrece oportunidades a jóvenes provenientes de las zonas más afectadas por la violencia, para convertirlos, además de ingenieros agrónomos, en verdaderos líderes capaces de lograr la transformación social, económica y productiva del país que contribuya a reinventar la nueva Colombia del posconflicto. 

Carlos Eduardo Villegas Estrada
Estudiante de la Universidad de La Salle
Bogotá

Distopía o utopía

Muchas opiniones debieron haber salido con la edición n.° 1761. En especial con la columna de Daniel Coronell. Todos queremos que los periodistas sean objetivos. Pero lamentablemente, esa es una distopía disfrazada como utopía. No hay un oficio que requiera de mayor subjetividad que el periodismo. Sabiendo que la sociedad tiene millones de opiniones es obligatorio el mismo número de opiniones en la prensa. Uno debe saber qué es el blanco para entender el negro. Agradezco a Coronell explicar el papel del reportaje, pero es más importante definir el papel de la prensa. Entrar en los medios, siendo lector o reportero, es entrar, de alguna forma, al espacio político pluralista. Este espacio, que tanto nos ha enseñado el proceso de paz, siempre pondrá el debate pacífico sobre el enfrentamiento con armas. 

Santiago Hernández Torres
Bogotá

Palabras equivocadas

Quisiera hacer un aporte. En el artículo de la edición n.°1769, ‘Puñalada al corazón de Europa’, se dice: ambas deflagraciones. Debería ser: ambas explosiones.

Son dos conceptos con significados distintos, que se confunden con facilidad. Muchas gracias.

Héctor Franco
Medellín

No es lo mismo

No hace mucho don Antonio Caballero nos recordaba los errores que se cometen con la preposición ‘a’. Pero también es habitual cometer errores de otro tipo, de los cuales la revista SEMANA está habitualmente al margen. No obstante, deseo hacer notar el mal uso de la palabra ‘aplicar’, usada en el sentido de ‘solicitar’, siguiendo una mala traducción de la palabra inglesa apply. En la página 11 del n.° 1770 de SEMANA, aparece una noticia relacionada con las solicitudes de ingreso recibidas por la Universidad de Stanford, llamándolas “aplicaciones”. Pero una mirada al Diccionario de la Academia Española no muestra en absoluto ese significado. E incluso la palabra “aplicante”, que aparece dos frases después, no tiene existencia en dicho diccionario. Aunque se trate de un error muy común, llamo a SEMANA a ser más cuidadoso en el uso de las palabras. 

Ricardo Graves Derpich
Cali

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