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| 4/30/2016 12:00:00 AM

Cartas

"Detrás de tanto ajedrez político debe primar un solo interés: el público". Marco Gómez, Bucaramanga.

Ambos actores bélicos

Oportuna y valiosa pedagogía hace la revista SEMANA en los testimonios relacionados con nuestra devastadora guerra y que son narrados en sus ediciones n.° 1772 y n.° 1773. Ellos no pueden pasar desapercibidos, debieran ser leídos y entendidos por muchos colombianos que no sufrimos ni participamos de esta apátrida destrucción. Me refiero a los hechos, conceptos y esperanzas expresados en sus citadas ediciones por  ambos actores bélicos que hoy, desde extremos distintos, en una mesa de negociaciones buscan firmar un acuerdo para dejar de matar por pensar y soñar diferente sobre la construcción de este país.

Los militares, que mucho temen por su futuro laboral, al mando del general Alberto J. Mejía planean una transformación del Ejército bajo premisas poco sinceras frente a la paz y a la ideología de las Farc, cuando el general afirma que la transformación es para enfrentar los retos y al enemigo que en nuestro caso es el comunismo nacional. Mientras que en la guerrilla los jóvenes y los viejos no solamente desconfían del futuro, sino que también temen por sus vidas después de tantos sacrificios y sufrimientos a los que ingresaron con ideales obligados por factores tan comunistas como lo son la exclusión económica, la violencia y la falta de democracia que hoy los acuerdos reconocen y prometen corregir.

Leer, discutir y entender esos opuestos conceptos con los que se quiere construir un país en paz, es hoy más que nunca una oportuna pedagogía en la que el disenso, la reconciliación, la coexistencia y el honor son los únicos indicadores de victoria al garantizar que será una paz verdadera lo que empezamos a buscar con la firma y cumplimiento de los acuerdos de La Habana.

Manuel Pérez, Medellín.

Los rostros de la guerra

¿La guerra tiene un rostro? Muchos rostros tal vez. Pero además la guerra tiene actores que son personas, seres humanos que la ejercen y la padecen. Algunos rostros proyectan la degradación, como si disfrutaran del terror que inspiran como mochacabezas o moto-aserradores y más cuando se saben
respaldados por los más poderosos intereses políticos y económicos.

En el valiente reportaje de la edición n.°1772 de SEMANA, nos sentimos cuestionados porque durante 60 años nos dijeron que los que empuñaron las armas contra el orden establecido son seres inicuos, despreciables, sin atisbos de humanidad. Pero si miramos con atención los rostros de esos combatientes de las Farc, vemos a muchos muy jóvenes, llenos de esperanzas y sencillos sueños, cansados de violencias, de ver cuerpos destrozados, en una guerra que ellos no pidieron, pero que los alcanzó para arrancarlos de su precaria cotidianidad y lanzarlos al torbellino de muerte en el que no quieren estar más.

¿Será que esta sociedad mezquina y sin generosidad es capaz de abrir espacios para que ellos y otros muchos millones de colombianos del campo y la ciudad puedan realizar sus anhelos más básicos de justicia, respeto, derecho a una existencia digna?

Han sido victimarios, no se puede negar. Pero también son víctimas, allí están sus historias de vida, de dos y hasta tres generaciones atrás, como la del comandante Bayron.

¿Impunidad? Ante quién rindieron cuentas Mariano Ospina Pérez, Laureano Gómez, Urdaneta, Rojas Pinilla, por los miles de muertos que ocasionaron con su sectarismo. Incluyendo a Guillermo León Valencia que se negó a resolver la petición de los campesinos de Marquetalia que en 1963 le solicitaron la titulación de tierras, una carretera, un puente, una escuela y un puesto de salud, que en ese entonces hubieran costado 5 millones de pesos; pero al año siguiente, aupado por Álvaro Gómez Hurtado, les dio como respuesta la Operación Marquetalia que costó 500 millones de pesos.

Casi se siente lástima por estos muchachos que se enfrentarán a la realidad dura y excluyente del rampante capitalismo globalizado. Consumista y depredador. Con sus espejismos tecnológicos. Algunos de ellos llegarán a esta realidad, armados con herramientas de más de 160 años, como el Manifiesto Comunista. Acostumbrados a vivir en función de un colectivo, van a encontrarse con la sociedad del ‘Sálvese quien pueda’. Ojalá no veamos una materialización de la parábola de san Francisco de Asís y el lobo, donde el fiero animal acepta cesar sus depredaciones y convivir con las personas, quienes al ver que se ha tornado manso y dócil, lo agarran a palos, por lo que el retorna a los montes más feroz e implacable que nunca.

Héctor Castaño Mora, Santa Marta.

Amenaza planetaria

Espero con ansias la segunda parte del artículo publicado en la edición n.° 1773, donde se hable no solo del horror de Chernóbil, sino también con el que se nos amenaza por parte de los administradores del planeta y de la censura que hacen estos del tema. Es preocupante el número de plantas que se encuentran en operación por estos tiempos y la ubicación de estos complejos, muchos de ellos en zonas sísmicas.

Al igual que hace 30 años en la desaparecida Unión Soviética, países como Estados Unidos  (más de 100 centrales nucleares), Japón o China minimizan el impacto y los incidentes que ocurren constantemente. Más preocupante es la censura que hacen organizaciones como la OMS, en consecuencia, a estudios que pretenden mostrar el peligro que representa esta industria para la salud y el futuro de la humanidad. Mejor dicho…¿hay segunda parte de este artículo?

Harold Díaz Rivero, Medellín.

Sin ética no hay comunicación 

Ante tanta información circulando en la red, en los medios, su prestigiosa revista nos vuelve a enseñar a todos: sin ética no hay comunicación sino desinformación y confusión. Por eso, en la edición n.° 1771, en su instructiva sección Vida Moderna, desde el comienzo de este segundo trimestre de este año bisiesto, justo cuando se aspira a consolidar el cambio de rumbo de nuestro desarrollo basado en educación constructiva, incluir orientaciones con base en expertos, como la doctora Peggy Orenstein –libro Girls and sex –; Néstor Braidot lo describe con el “cerebro triuno”. Tenemos la base de nuestra emergente toma de conciencia individual y colectiva.

Recordemos que si conviven un cocodrilo, un caballo y un ser humano en nuestra cabeza, instintos, emociones y razones conviven para tomar las mejores decisiones, como bien lo destaca su pertinente artículo: hablar de sexo en la era digital no es hacer preguntas inquisidoras, no es distorsionar la visión de tabúes pasados, no es divulgar imágenes que indignan y ponen en riesgo a menores y mayores, no es evadir preguntas de los hijos. Todo lo contrario, su ética visión colectiva nos advierte que no seamos morbosos, que tengamos una agenda sana no doble, que las preguntas difíciles son oportunidades de acercarnos y explicar en términos de niños, pues urge que demos información clara, concisa y precisa, que los límites necesitan incluir el deber ser, deber hacer y los valores cuanto antes.

Aclarar que el consentimiento debe ser un acto de voluntad, nunca será de valientes la torpeza de retar para matar. Acompañamiento permanente y respetar, dar ejemplo sí es educar, tolerar. Como sostenía Gabriela Mistral, “educar es, tal vez, la forma más alta de buscar a Dios”. Gracias por educarnos, en el nombre de la cultura de esta pujante nación que ahora sueña con la paz y su justicia.

Diego Casabianca Escallón, Bogotá.

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