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| 5/21/2016 12:00:00 AM

Cartas

"Estoy de acuerdo con quienes dicen que a Dilma le dieron un golpe de Estado". Julio Laverde, Tunja.

¿Cuál es su interés?

 Su edición n.º 1775 destaca el título ‘Durmiendo con el Enemigo’, en el cual se hace referencia al rompimiento de las fuerzas alineadas con la Unidad Nacional. Evidencia rivalidades cuya explicación está en los deseos de poder, olvidando los problemas reales por los que atraviesa la sociedad colombiana.

El malsano enfrentamiento mostrado por las fuerzas políticas, con las reacciones ante los cambios anunciados y puestos en marcha por el presidente Santos, muestra la mezquindad existente en cada uno de los aliados del gobierno, que no satisfechos por las cuotas burocráticas esperadas, asumen decisiones que dejan entrever su exclusivo interés por el poder.

Hoy, momento en el que se busca construir paz entre todos los colombianos, inclusive soportando perdones no merecidos, actuar de esta manera es una muestra clara de oportunismo e hipocresía con el país. Bien deberían seguir el ejemplo de personas como Íngrid Betancourt, quien reconoció que a veces tuvo rabia con Dios, pero después de reflexionar a través de su experiencia personal logró comprender que solo personas con la capacidad de Job pueden mostrar voluntad para emprender acciones, que conduzcan a la construcción de humanidad. Sin pretensiones personales, ni de grupo, debería actuar la clase política, pues se trata de un buen número de ciudadanos que reclamamos con justicia el fin de esta guerra injustificada en la que han caído miles y miles de compatriotas, muchos de ellos sin saber las razones de su muerte.

Es urgente notificar a los políticos beneficiados durante largos periodos de las mieles del poder y a quienes comienzan en estas lides, que los colombianos no soportamos más su ineptitud y su descarado interés por ostentar puestos y aprovechar las arcas de la Nación sin que se inmuten ante los graves problemas del país. Es necesario recordarles que todos los colombianos exigimos de ellos acciones contundentes para lograr una paz sustentable y sostenible, la que se logrará solo si ellos dan muestras de verdadera lealtad con el país.

Fernando Cañas Camargo, Cúcuta.

Resistencia a creerlo

Sí, vil resistencia a la que invita el Centro Democrático Alternativo (SEMANA n.º 1776). ¡Es increíble! Y lo hace para sabotear el más esperanzador y grande acuerdo que buscan el Estado y la más vieja guerrilla del mundo, no solo porque ese partido y su tremendista jefe necesitan una garrocha de relanzamiento para las próximas elecciones sin importarles los riesgos que el país pueda tener con la polarización y su osadía para lograr ese objetivo: el fracaso para una paz que ellos con otros métodos quisieron buscar sin lograrlo.

Qué peligro será resistir al método santista de buscar la paz, si solo nos queda el método uribista de lograrla con guerra. Todos + 1 por el sí.

Gustavo González R., Medellín.

Recogiendo los pedazos

Aludiendo a la nota central de su edición n.º 1775, lo único que nos queda esperar es que a la vuelta de una década ojalá tengamos un payaso millonario que este en carrera de ser nuestro nuevo presidente, y no nos encontremos con un Márquez, Santrich o Granda recogiendo los pedazos de un agotado statu quo y enfilándose hacia la Casa de Nariño.

Víctor Portilla, Cali.

Dignidad, respeto y consideración

Triunfalista, como siempre, se mostró el señor Antanas Mockus, cuando apareció en la revista SEMANA (edición n.º 1776) cubriéndose con un cartel que colgaba de sus manos, con una leyenda en letras rojas que decía: “La paz es la victoria de las víctimas”.  Con absoluta seguridad me atrevo a decir: que esta frase tiene un perfil político que como todo ‘aprovechao’ salió a pescar, a una pesca milagrosa que le será esquiva. ¿Por qué? Porque cierto es que las víctimas del conflicto armado interno estamos lejos de reconocer de manera plena y satisfactoria una paz parcial; porque la política del Estado se ha quedado corta en producir satisfacciones elementales para que las víctimas se sientan tratadas con dignidad, con respeto y consideración de acuerdo con el desmedro sufrido, con el despojo y las violaciones de su acostumbrado entorno.

Además, la Ley 1448 de 2011 es una ley injusta, porque se quedó corta, ofreciendo una ‘ayuda humanitaria’ y una indemnización que fuera consecuente con su nombre, que reconociera el mínimo de supervivencia vital de esos hogares, y además retroactivas, desde el inicio en que fue victimizado. Una ayuda vital humanitaria sería de un salario mínimo mensual para cada hogar. La ayuda humanitaria que hoy ofrece el Estado es mezquina, y tan irrisoria que no llega a 2.000 pesos diarios, insólito. ¿Cómo y de qué manera se espera que la paz sea un triunfo de las víctimas?

Se hace la paz parcialmente con un grupo al margen de la ley, ¿y los demás grupos qué? Sin embargo, a pesar de todo esperamos que se consolide para que cese la horrible noche, sangrienta y fratricida.

Enrique Antonio Avendaño Restrepo, Santa Marta.

Alerta positiva

Como suscriptora de SEMANA y como  ciudadana los felicito por el ‘Informe Especial Foro Digital Next’ (edición n.º 1775), que suscitó en mí una alerta positiva por el profundo significado de ideas coincidentes entre los participantes y, muy notablemente, entre las señoras Polgreen de The New York Times y Arbeláez de Al Jazeera. Es útil resaltar su énfasis en cuanto a la responsabilidad del periodismo hoy expresada en una estrategia y en un principio fundamental. Esta se refiere a que el peso de las decisiones sobre qué y cómo informar pasa de manos de los pautadores a las de los receptores. El principio fundamental se refiere a que el buen periodismo, consecuente con este cambio de estrategia empresarial, se orienta a “incidir en la vida de las personas, porque la esencia del oficio del periodista debe abarcar la condición humana en su conjunto, ser útil y ayudar a las personas a vivir. Debe saber ser útil y prestar un servicio. Y esto no es banal, es nuestra esencia”. Estas frases son en mi concepto de un alto contenido ético e inaplazable hoy, no solo para los periodistas sino para todos los colombianos y ciudadanos del universo y su práctica obligatoria en el ejercicio de toda profesión u oficio, porque implica crear condiciones acordes con la dignidad de la persona y tomar opción en el desempeño laboral, no únicamente por el lucro sino por  el servicio que se presta a través del trabajo.

Clarita Franco de Machado, Bogotá.

¡Qué mamera!

Leyendo la última edición de la revista, de la cual soy suscriptor, observo que todos los columnistas, con excepción de María Jimena Duzán, basan sus escritos en el expresidente Uribe. Disculpe la palabra, pero ¡qué mamera!  O es una política editorial o es que les da muy buen resultado hablar de Uribe. No soy uribista ni santista, pero considero que este país tiene tantos problemas de los cuales podrían encargarse tan ilustrados  columnistas, como para ‘tirar’ tanta tinta hablando de un solo personaje en una misma edición.

Hernán A. Ruiz, Cali.

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