Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2016/05/28 00:00

Cartas

"Como siempre un panorama pasmoso de la realidad de la economía del país". Felipe Cuervo Z., Bogotá.

Cartas

Cien empresas

Como todos los años, revisé con detalle el ranking que sobre las 100 empresas más grandes de Colombia realiza su revista; este escalafón siempre me ha parecido un análisis digno de leer, pues permite mediante cifras precisas realizar un estudio detallado de la vida económica de la nación. En el caso particular para el año 2016 permite establecer que a pesar de los tiempos difíciles que estamos atravesando, la industria colombiana ha sabido sortear todas las vicisitudes que se le han presentado y ha logrado salir adelante. Sin embargo, me llamó considerablemente la atención encontrar entre las 100 empresas, nueve entidades prestadoras de salud (19 Nueva EPS, 51 Salud Total, 55 Cafesalud EPS, 56 EPS Sura, 65 Famisanar, 78 Savia Salud EPS, 80 Emssanar, 84 Asmet Salud, 85 Coosalud). De verdad que da impotencia saber que estas entidades se han enriquecido a costillas de todos los colombianos que humildemente realizan sus aportes, mientras que por culpa de ellas mismas contamos con un sistema de salud paquidérmico, anacrónico, inservible, inútil y porque no decirlo draconiano. Las personas a diario se mueren en los hospitales esperando el servicio de las EPS y los hospitales están hoy en día en la quiebra porque simple y llanamente las EPS no les pagan, pero, por lo visto, dinero para otras cosas sí tienen.

Lo anterior no hace otra cosa que confirmar que el sistema de salud creado en la Ley 100 de 1993, cuyo ponente fue el hoy senador Álvaro Uribe Vélez, no ha hecho otra cosa que matar cada día más y más colombianos en beneficio de unos cuantos. Otra perla del expresidente Uribe para sumarla a su ya conocido prontuario, que más tarde que temprano tendrá que juzgar y condenar la historia.

Carlos Manuel Cárdenas Escobar. Restrepo, Valle del Cauca.

El ejemplo de Bolívar

No me voy a referir a un artículo en especial, sino a los varios y diferentes temas que tocan a nuestro vecino presidente (Maduro) y que han tratado ustedes en ediciones anteriores.

Es difícil entender que una persona tenga todo el poder para ignorar la vocación y los derechos de un pueblo, mancillando su Constitución, doblegándolo hasta empobrecerlo, degradándolo hasta quitarle su más preciado tesoro, cual es la libertad y sus derechos fundamentales, llevándolo a un nivel de pauperización tal, que tenga que recurrir a la violencia para la consecución de comida. Además, amparado en una falsa democracia, y culpando de su ineficacia a factores externos, para ocultar la catástrofe que él mismo ha ocasionado.

Usurpa y toma como suyos el heroísmo y los ideales del gran Libertador Simón Bolívar, para defender una revolución caduca, inoperante, falaz y abyecta, heredada de su mentor, Hugo Chávez, menguando paulatinamente los derechos del pueblo que él dice proteger. Nada más indignante y calculador para obtener réditos ajenos.

El señor Maduro debería seguir el ejemplo de gallardía y sentido común adoptado por el Libertador, al pedirle excusas a su pueblo por intermedio del Congreso de la República, según consta en el manifiesto que dirigió a sus conciudadanos el 7 de septiembre de 1814, donde abre su conciencia para que el pueblo juzgue sus actuaciones.

Transcribo literalmente un fragmento del citado manifiesto, para sustentar mi escrito. “Conciudadanos: Infeliz del magistrado que autor de las calamidades o de los crímenes de su patria se ve forzado a defenderse ante el tribunal del pueblo de las acusaciones que sus conciudadanos dirigen contra su conducta!  Pero es dichosísimo aquel que corriendo por entre los escollos de la guerra, de la política y de las gracias públicas, preserva su honor intacto, y se presenta inocente a exigir de sus propios compañeros de infortunio una recta decisión, pobre, sin culpabilidad”, tomado de las Memorias del Libertador Simón Bolívar, por el general Tomás Cipriano de Mosquera.

En carta de un americano meridional a un caballero de la isla de Jamaica, el 6 de septiembre de 1815, escribió Simón Bolívar: “Es más difícil, decía Montesquieu, sacar un pueblo de la servidumbre, que subyugar uno libre”. Qué bien interpretó nuestro presidente de marras, tan sabia apreciación.

Banny Bedoya Castaño, Bogotá.

De la comunidad judía

En la entrevista  que Juan Ricardo  Ortega  concedió a la revista SEMANA en su edición n.°1776, afirmó que “toda la elite del país tiene importantísimas cifras de dinero por fuera, en paraísos”, y le resultó muy cómodo  poner como ejemplo a “una parte de la colonia judía”, a la que sindica además de “no pagar nada de impuestos en relación con lo que tienen”,  valiéndose dice, de un “viejo truco”. 

En medio del debate que han generado los llamados Panama Papers en el mundo entero, singularizar de esa manera  a la comunidad judía del país corresponde a una odiosa estigmatización asociada a oscuros episodios de la historia que se creían erradicados.

Contribuye así Ortega a alimentar el  discurso de odio que conduce a la intolerancia y la discriminación,  y de paso opaca los permanentes aportes que siempre han hecho las comunidades judías al desarrollo y progreso del país.

Marcos Peckel, Confederación de  Comunidades Judías de Colombia Bogotá

Son la misma cosa

En relación con la sección Nación, de su prestigiosa revista SEMANA, edición n.° 1777, y como suscriptor que soy, permítanme el siguiente comentario: Alejandro Ordóñez no “compite con Uribe”, muy por el contrario, se trata de un contubernio sincronizado consciente y deliberadamente, que ahora se ha hecho mucho más evidente y que constituye la prueba fehaciente de que Ordóñez y Uribe son la misma cosa. En mala hora la Procuraduría General de la Nación cayó en manos de un sátrapa tan detestable  como Alejandro Ordóñez; produce escozor su megalomanía que lo ha llevado en repetidas ocasiones a faltarle al respeto al presidente de la República, refiriéndose a Santos en términos  tan descomedidos y desobligantes. Pero lo más inadmisible de este funesto procurador es su deleznable moral para medir con doble rasero los mismos hechos: si  un funcionario no uribista se hubiese reunido con los despojadores de tierras a arengar consignas subversivas contra el Estado, ipso facto lo hubiese destituido por “traición a la patria”. Personas como Ordóñez siembran el país con ponzoña y veneno, con vientos de intolerancia y rencor. Duele pensar que con la plata de todos los colombianos se le pague a funcionarios como él para que despotriquen de un presidente como Juan Manuel Santos, quien ha mostrado su grandeza moral, su don de gentes y su sentido de justicia social para todos los colombianos.

Macartur Gómez, Jamundí.

Error en 100 empresas

N. de la R. Por un error de diseño, en el artículo ‘Modernidad contable en Colombia’, del informe Las 100 Empresas de la edición n.° 1777, la última columna no corresponde al texto original, escrito por el superintendente de Sociedades, Francisco Reyes. Ofrecemos disculpas a él y a nuestros lectores.

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