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| 6/11/2016 12:00:00 AM

Cartas

"El Estado tiene la culpa de fenómenos como el Bronx, por su indiferencia social". Mauricio Cifuentes, Bogotá.

Por ejercer su profesión

Causa indignación la lectura de la carta del señor Abuchaibe Rocha (SEMANA n.º 1789), en la cual de manera miserable sugiere que Salud Hernández se secuestró para sabotear las conversaciones de paz con el ELN. No se puede insultar de esa manera a una persona de la integridad moral y del valor civil como lo es Salud Hernández. Me pregunto: ¿y los demás secuestrados que tiene el ELN? ¿Y su negativa a dejar la práctica del secuestro?

Habría que recordarle al señor Abuchaibe, que el derecho internacional humanitario prohíbe expresamente que los combatientes en zonas de enfrentamiento armado retengan periodistas. Precisamente, no es obviando la ética, ni el derecho de gentes, ni torciendo la ley como vamos a  conseguir una paz cierta y duradera. Esa carta insulta gratuitamente a una periodista, que lo único que ha hecho es ejercer su profesión de informar y buscar la verdad.

Felipe Ossa, Bogotá.

Tardía como otras

Considero que la intervención del Bronx (SEMANA n.º 1779)  fue igual de tardía como la de las casas de pique en Buenaventura.

Alexandra Mesa, Cali.

Infierno terrenal

Impactante resultó el cubrimiento del desalojo al llamado Bronx (SEMANA n.° 1779), desde lo que se dijo, informó y especialmente desde lo que se mostró. La foto de portada de la edición es un retrato descarnado de los rostros dolientes y demacrados que allá habitaban entre la droga y la ley marcial impuesta por los hampones, y las imágenes (fotos y videos) del artículo pintaron el cuadro de cómo funcionaba la economía del sector. No deja de sorprender que a semejante olla llegaran niñas ricas y turistas para entregarse a la experiencia del narcoturismo desenfrenado. Se sabe que por su fama Colombia invita a este tipo de turismo, y la Policía mide a los extranjeros con otra vara, pero verlo es distinto a leerlo o escucharlo. Abre los
ojos advertir a la gente de plata acercarse por cuenta propia a bailar con el demonio. Y es difícil no reaccionar frente al caso del holandés que escapó de los sayayines. Ver a los criminales tratando de capturarlo de nuevo, invitándolo a volver, parecía una escena sacada de una película de terror, una escena surreal en la que, con rostros tapados o no, se percibe el mal que aspiramos se combata una vez se logre la paz con la guerrilla.

Gil Mena, Ibagué.

Un verdadero cese

Qué bueno y útil fue el pantallazo dado a los embajadores en su artículo ‘Líderes en la mira’ (edición n.º 1779), para visualizar ante el mundo la violenta realidad a que se exponen las nuevas víctimas que traerá el posconflicto y de qué lado son esas víctimas; para que esa prometida cooperación internacional que esperamos de ellos sea fuertemente condicionada a un verdadero cese al fuego, en las nuevas trincheras ideológicas que son y serán la expresión de la impunidad y de la ineficiencia judicial, justo por la cooptación que le han dado a nuestra Justicia personajes como los descritos en el artículo ‘Relato de una infamia’ por Daniel Coronell en esa misma edición.

Camilo Torres F., Medellín.

Invitar a soñar

La encuesta reciente sobre los líderes y el liderazgo (edición n.º 1779 de la semana del 5 de junio, ‘¿Qué líderes quiere el país’?) me puso a pensar en una característica del liderazgo, que tal vez por tratarse de un intangible brilla por su ausencia (no solo en la encuesta sino en el panorama real). Un líder debería ser capaz de invitarnos a soñar, debería poder convocarnos alrededor de aquellas cosas sencillas y hermosas que quizás por simples no acceden a la categoría del pensamiento sofisticado, y por ende se van olvidando.

De olvido en olvido empezamos a aceptar el cerco que nos tienden realidades melancólicas y apocalípticas: unos niños que van al jardín infantil haciendo zigzag entre buses destartalados, halados de la mano de madres que se levantaron a las tres y media de la mañana para dejar todo listo y poder llegar al trabajo después de dos horas de insufrible transporte público; unos accesos a las ciudades que son un enlodado paisaje gris de antenas de celular, cables eléctricos y montallantas, donde el único verde es el de la polisombra raída que ha pasado a reemplazar los setos; un entorno nacional en donde se desglosan y descuartizan con verdadera dedicación –o reciben escaso cubrimiento mediático– las iniciativas nacidas del altruismo (siempre serán sospechosas de motivos ulteriores o de ingenuidad), mientras que se soportan con resignación fatalista el absurdo cotidiano y las dificultades innumerables que un Estado hostil les pone a los ciudadanos que deben emplear gran parte de su tiempo en tratar de cumplir leyes enrevesadas e imposibles.

Tal vez estemos a tiempo de regresar los sueños a su debido lugar, de cohesionarnos alrededor de secar los ríos de mercurio para volver a sembrar todo lo que aún puede ser frondoso, como la justicia en vías de extinción. De pronto podemos hacer frondoso de amabilidad el entorno y tal vez podemos abonar apasionadamente un espíritu de buena voluntad. Quizás el líder que necesitamos es un poeta. 

Ana del Corral Londoño, Bogotá.

Los viejitos del ‘rock‘

El artículo ‘Sin fecha de caducidad’ (SEMANA n.° 1779) da en el clavo. El revolcón en la economía de la música ha sido esencial para que los colombianos vean más y mejores espectáculos, por lo cual, como alguien que aprecia la música en vivo, agradezco que internet haya pateado la lonchera de muchos y los haya obligado a salir de gira más frecuentemente e incluir destinos como Colombia. Ahora, sobre la edad de los artistas. Actualmente la música se consume de a pedacitos, canción a canción, sin aprecio por discos enteros. Y por eso los artistas de recorrido pueden explotar durante más tiempo su trabajo y recorrer el mundo… así su calidad de producción no esté en su pico. Aún arrastran la memoria de otra época y de otra industria, y tienen mucho más material de dónde echar mano. Colombia es una plaza ‘clasiquera’, tanto en deportes  como en espectáculos, por eso no le queda mal a artistas de renombre que por primera vez vienen al país como Iggy Pop.  Viejito o no, viajaré, allá estaré.

Alberto Chaves, Medellín.

En todas partes

No sé si resulta deprimente o reconfortante saber que en Colombia no tenemos el monopolio de políticos descarados, abusivos y manilargos. Al menos eso saco de la lectura del artículo ‘El nuevo Strauss-Kahn’, (SEMANA n.° 1779). El legislador francés Denis Baupin, acusado por más de diez mujeres de acoso sexual, no solo era abanderado de un partido de causas feministas, ostentaba un cargo importantísimo del cual se aprovechó. Se creyó con derecho a vulnerar la dignidad  de sus colegas, compañeras y subalternas, argumentando que podía ser percibido como “burdo”. Eso sí, a diferencia de nuestra clase dirigente, a Baupin no le quedó otra que renunciar y lo hizo. Quizás no tenemos el monopolio de descarados, pero sí quedan lecciones por aprender.

Juanita González, Pasto.

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