Sábado, 3 de diciembre de 2016

| 2016/06/25 00:00

Cartas

"Ojalá las campañas estén a la altura del momento histórico". Julio Eduardo Cifuentes, Bucaramanga.

Cartas

Esperar a conocer

En su edición n.°1781, como es su costumbre, los artículos que publican son bien documentados y sensatos. En el artículo ‘Metida de pata’ dicen... El problema fueron las palabras “tenemos información amplísima...”, que dejaron la impresión de que las Farc estaban amenazando a Santos o Santos estaba amenazando a la opinión pública. Las campañas por el Sí y el No han radicalizado la opinión y no era el momento ni el escenario para que el presidente hablara de una posibilidad que puede convertirse en realidad si no llegamos a firmar la terminación del conflicto.

Uribe dice que seguiremos negociando pero él sabe que las Farc no negociarían bajo las condiciones que les quiere imponer, entre ellas una cárcel entre cuatro paredes, aunque sabe que en los últimos años en los procesos de paz en todo el planeta los victimarios no pagaron un día de cárcel, ya que fueron indultados como sucedió en Colombia con el M-19.

Aunque debilitadas las Farc pueden iniciar acciones terroristas que vemos a diario en la televisión en Europa y países del Medio Oriente, no olvidemos que para hacer estallar una bomba en lugares públicos solo hacen falta un guerrillero y un maletín. Confiemos en que los colombianos no seamos  idiotas útiles y creamos en las mentiras y especulaciones alrededor de lo que se está negociando en La Habana y más bien esperemos conocer lo que se acuerde y cada uno vote en conciencia, porque lo que está en juego es el futuro de todos.

Alessio Mazzanti Thiault, Barranquilla.

Ningún proyecto humanista

Las declaraciones del presidente Santos (SEMANA n.° 1781) durante el FEM son, más que una metedura de pata, una revelación de la naturaleza de estas negociaciones de paz. No hemos escuchado de boca de ninguno de los jefes de los dos bandos el planteamiento de un proyecto humanista: ninguno ha hablado de lo que se debe cultivar en el corazón y en el intelecto de los colombianos para que esta sea una paz sólida. A este proceso le falta alma y le sobran ambiciones de poder de lado y lado. La paz que vivió Colombia tras la instauración del Frente Nacional se resquebrajó muy pronto. Superado el periodo de ‘la Violencia’, gracias a creativas operaciones legales aprobadas mediante plebiscito, que permitieron la repartición de poderes entre las facciones beligerantes, nadie pensó en hablar de una ética humanista, no se planteó la necesidad de construir un proyecto nacional donde fueran protagonistas la justicia y la fraternidad, y así volvimos a la violencia. En las negociaciones de hoy vuelve a faltar el mismo ingrediente. Puedo aceptar que las Farc no paguen cárcel, pero no entiendo que se nieguen a hacer un acto de contrición público en el que, despojadas de su arrogancia, reconozcan sus propias faltas, muy graves, sin justificarlas.

Tampoco entiendo que el gobierno no crea, en el fondo, que adelante este proceso como una forma de generosidad motivada por la esperanza, en lugar de una capitulación motivada por el miedo. Los santurrones de derecha, que glorifican el uso de las armas, aprovecharán la debilidad de esta paz sin alma y agitarán la bandera de su falso discurso moral. Pero la verdad es que a ellos tampoco les interesa una ética humanista sino sus propias ambiciones de poder y la preservación de sus privilegios. Si se concluye un acuerdo para acabar el conflicto armado, ellos serán los nuevos disidentes y harán sonar sus tambores de guerra. Nosotros, el pueblo perplejo, seguiremos soñando que nazca en Colombia algún Mandela que sí crea que ningún fin, por loable que sea, justifica el uso de medios ruines para alcanzarlo.

María Mercedes Correa, Bogotá.

Estamos pintados

Si nos guiamos por lo que plantea el artículo de portada de la edición n.°1780, ‘La odisea de invertir en el territorio’, estamos pintados. Ni gasoductos, ni carreteras decentes (modernas ya decirles es casi descarado), ni hidroeléctricas, ni perforación petrolera, ni nada se puede hacer en serio en el país por nuestra histórica incompetencia para planear y ejecutar cimentada en nuestra afinada costumbre de improvisar. Ahora, no me parece del todo terrible que se hagan consultas previas a las comunidades, en especial si evitan daños ambientales, pero muchas veces el debate pierde de vista lo técnico, es decir, la evaluación de los beneficios para todo el país versus los posibles costos a una región específica.  

Lázaro Echeverry, Ipiales.

Justicia para quiénes

Con respecto a la elección de fiscal general, no logro concebir que Néstor Humberto Martínez siga tan campante su campaña. Esto lo digo con respecto al artículo ‘Cualquier cosa puede pasar’ (edición n.° 1780). Quizás peco de inocente, y asumo que alguien tan comprometido con tantos intereses sea el llamado a asumir la Justicia en Colombia, pero considerando el nido de manipulación que ha demostrado ser el ente, nada debería sorprender. Creí que Yesid Reyes llegaría, pensando desde el deseo, pues reúne toda la moral que requiere un cargo tan delicado, pero claro, ese criterio es quizás el último que se mira a la hora de escoger.

Gonzalo Jiménez, Cúcuta.

Del alcalde de Turbo

Queremos expresar nuestro disgusto con el titular de la edición n.° 1781, que dice ‘Turbo, un hueco inhumano’.  1. El titular desconoce lo que el pueblo turbeño ha hecho por los migrantes cubanos, que han recibido refugio y alimentación, a través de campañas de recolección de ayuda en el municipio. 2. Que, de parte de SEMANA, nos parece poco ortodoxo que hace dos meses la revista nos vendía como sitio turístico. 3. Invitamos muy comedidamente a que rectifiquen, ya que el pueblo turbeño ha mostrado un alto grado de humanidad ante un problema internacional y que puede ser un suceso que se repita en todo el mundo. De antemano, esperemos que podamos llegar a un feliz término con este malentendido, que fractura el gran trabajo que hemos hecho por visibilizar las cosas buenas de Turbo y que de alguna forma ustedes están haciendo parte a través del proyecto ‘Especiales Ciudades’.

Alejandro Abuchar González, alcalde de Turbo.

En nombre de la iglesia

Permítanme dirigirme a los fieles de la Iglesia Católica Anglicana Diócesis Misionera de la Nueva Granada a la cual pertenece el presbíterio Hernán Darío Ortiz, relacionado con escándalos sobre minería y situaciones personales de carácter penal publicados en la edición n.° 1780 de la revista SEMANA y que afectan a nuestra diócesis de la cual hago parte como sacerdote . Es bochornoso y me da pena ajena al enterarme de  que uno de los nuestros se vea involucrado en tales actos que no son propios de un hombre que debería andar en otros escenarios de evangelización y no allí donde se afecta el buen nombre de nuestra Iglesia. En nombre de muchos y excelentes sacerdotes que hacemos parte de esta magnífica fracción anglicana, perdón.

José Fernando Chavarriaga Montoya, Manizales.

El aporte de la ciencia

Muy importante ‘La buena nota de la ciencia’ de SEMANA n.° 1781, donde se resume lo tratado en Foros Semana, también organizado por Colciencias. El futuro en nuestro país requiere mucho del aporte de la ciencia y la investigación.  Por fortuna hay más de 4.600 grupos en esta tarea.

El Estado, el sector privado y los recursos que lleguen como apoyo al posconflicto deben incluir este objetivo. Los países que han pasado por situaciones como la nuestra presentan condiciones especiales para avances de la ciencia, es la oportunidad para nuestro caso.

Fidel José Vanegas Cantor, Bogotá.

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