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| 7/9/2016 12:00:00 AM

Cartas

"Esperemos que las encuestas algún día coincidan con la realidad del país". Mario Díaz, Bogotá.

Encuestas que entusiasman

Considerando lo volátil que es la opinión pública y el escenario supremamente polarizado en el que vivimos, o al menos eso creía yo, me sorprendió gratamente el resultado de la encuesta que publicaron en la edición n.°1783. Me entusiasma que la percepción de los colombianos ya demuestra una tendencia clara hacia pasar la página y dejar atrás el conflicto, incluso considerando que la mayoría pensamos que no entregarán todas sus armas, e incluso teniendo en cuenta que 53 por ciento mantiene una opinión positiva del señor Uribe, tan recalcitrante a que estos acuerdos lleguen a buen puerto. Es decir, así haya visos de desconfianza creo que se ha logrado transmitir que en una negociación hay que ceder para conseguir, hasta en las huestes uribistas. Colombia claramente se ha puesto la camiseta de la paz, del cambio, y mira para adelante. Ahora, vale anotar que Vargas Lleras puntea la pregunta sobre quién sería el presidente a desarrollar los acuerdos, y eso, caramba, asusta, pues no ha pronunciado una palabra sobre el éxito de los mismos.

Fabio Estrada, Medellín.

¡Suficientes popeyadas!

Aspiraba a toparme en la última edición con un medio que se abstuviera de caer en la tentación de seguirle dando pantalla al criminal (o excriminal de amplia franqueza) Popeye. Pero tristemente SEMANA tampoco fue. En el artículo ‘¿Popeye al Senado?’ (edición n.°1783) se sigue haciendo eco de cada palabra que el nuevo ‘youtuber’ pronuncia sobre su futuro y sus posibilidades políticas. Lo rescatable es que si bien el artículo plantea una pregunta abierta, se propone descartar de tajo que el macabro personaje tenga la más mínima posibilidad de lograr una curul. Esta experiencia debería servir para purgar de adentro hacia afuera nuestro Congreso, tan devaluado y golpeado por la corrupción y los intereses particulares y de lobistas. Pero como la calidad de un pueblo se mide por la calidad de los gobernantes que elige, tomará un buen rato para que llegue el día en que no solo le bloqueemos la entrada a criminales, sino que sepamos que en ese ente prima el honor sobre la codicia.

Guillermo Quintero, Pasto.

Actores todos

En Colombia definitivamente no se puede hacer un bien sin que venga con un mal debajo del brazo. Muy deprimente resultó conocer sobre el polémico proyecto de ley que, en fundamento, tiene todo el sentido pues apunta a formalizar los contratos de los actores y realizadores y fortalecer sus condiciones laborales (edición n.°1783). Lo oscuro es que por no utilizar otro verbo se ‘garosearon’ y quisieron sacar del partido a los actores naturales. No se sabe qué es más reprochable, que quienes redactaron el proyecto no hayan medido el hecho que El abrazo de la serpiente hubiera sido imposible de realizar con una ley tal aprobada, o que lo supieran y lo vieran como una manera de tomar ventaja. Colombia tiene grandes actores, merece mejores producciones y va para allá, pero con esta estrechez mental, se complica.

Gabriel Echeverri, Manizales.

Nuestras raíces

Quiero felicitarlos por el informe especial ‘El poder de las razas’, que en la edición n.°1783 estuvo dedicado a los indígenas del país. Me pareció muy detallado y bien presentado. Pude conocer a fondo los orígenes y el presente de estas minorías étnicas que tienen una importancia esencial en nuestra historia. Es un informe que sirve no solo para visibilizar a este sector de la población, sino también para reflexionar sobre cómo el Estado debe preocuparse más por proteger los derechos de los sobrevivientes de las diferentes etnias que habitan el territorio nacional.

Leonardo Villegas, Medellín.

La mala hora

La edición n.° 1783 trae importantes fechas e información sobre la integración de Europa. Lo paradójico después del brexit que sacudió a Gran Bretaña es que todo este proceso tiende a derrumbarse por el aplauso que han recibido grupos de extrema derecha y xenófobos, que pretenden cerrar las puertas de su prosperidad a migrantes de países que están en precarias condiciones económicas, porque sus recursos naturales fueron saqueados, precisamente por Europa. El agravante es que este movimiento tiene un corresponsal en Estados Unidos igual o más perverso que ellos: Donald Trump. Es mala hora para Europa, pues mientras hay amenazas de desintegración, los fundamentalistas de Estado Islámico se fortalecen con militantes de toda Europa y Asia y expanden su radio de acción.

Fidel José Vanegas Cantor, Bogotá.

Sí y No

Como están las cosas hoy, veo a prudente distancia a dos protagonistas, cada quien con su pancarta en la mano, desafiantes (edición n.° 1.780). Por el Sí, el presidente Santos con su pecado a cuestas: su desbordante optimismo, que pudo ser perjudicial al proceso de paz, pero triunfante al fin. Y, el No, con su natural opositor el expresidente Uribe, con sus notorias e inocultables apuestas electorales con tintes de egolatría y envidia. El momento no expresa otra cosa.

Hernán Ocampo Aguirre, Bogotá

Cien opiniones y una paz

No soy periodista pero me informo, sufro, pienso y algo escribo sobre los orígenes de nuestro conflicto y sobre los desafíos de la paz. Al leer el contenido de la edición n.° 1783 me atrevo a opinar que en ella se registran hechos clave para entender que el buen desarrollo de su búsqueda, se dará solo en la medida en que los ciudadanos todos, los a favor o los en contra de los métodos para construirla, lleguemos a una coexistencia ideológica forjada entre el sufrimiento del pasado y la construcción de un mejor futuro. Eso solo lo lograrán hacer los verdaderos líderes (si los hay) cuando ellos entiendan las causas, las relaciones y los efectos de los hechos. Cumplirle al país, honrando los acuerdos y llegando a esa coexistencia política, son los retos que permitirán que se cumplan los demás necesarios para llegar a la meta de la paz.

Gustavo González, Bogotá.


Paz con justicia

Si lo firmado en La Habana (edición n.° 1782) asegura que se erradicarán las causas por las que surgieron las Farc, al igual que las causas por las que aún existen (secuestros, narcotráfico, secuestro de menores,.. etcétera), bienvenido sea. ¿Quién no desea que dicho proceso garantice la paz? Independientemente de la resiliencia del colombiano, no olvidemos que el papel aguanta todo. La paz la asegura la justicia. De haber justicia, la paz llega por añadidura.

Héctor González Sánchez, Bogotá.


Nota de la Redacción

Por vacaciones, en esta edición no escriben sus columnas Daniel Coronell ni Antonio Caballero.

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