Miércoles, 18 de enero de 2017

| 2016/08/27 00:00

Cartas

"Es una disyuntiva falsa: todos debemos votar por el 'Sí'". Julián Martínez, Cali.

Cartas Foto: Revista semana

Una integración variopinta

Muy interesantes los artículos de SEMANA n.° 1790 sobre las alternativas: si gana el ‘Sí‘ y si gana el ‘No‘. Creemos que el gobierno de Santos no ha sabido capitalizar la gran cantidad de fuerzas democráticas que están respaldando el ‘Sí‘. Fue una salida en falso de Santos, poner a César Gaviria como director de la campaña por el ‘Sí‘ pues con esto ya le dio un carácter politiquero a la campaña. Lo indicado era haber impulsado una integración variopinta de todas las fuerzas que están por el ‘Sí‘. Ganar el plebiscito no está fácil, pero es más difícil lo que sigue: un cúmulo de promesas y sin dinero para sustentarlas...Si es cierto que las Farc tienen sus caletas, no las van a desenterrar para comprar tierras, sino para sus campañas políticas... De todos modos es imperativo votar por el ‘Sí‘, pues ya que llevamos 68 no queremos completar 100 años de soledad y amargura.

Fidel Vanegas Cantor, Bogotá. 

Teoría de colores

Los colores, blanco y negro, de la portada de SEMANA n.°1790, lo dicen todo. Si gana el ‘Sí‘, lado blanco, es albor de paz,  resplandor de vida, nuevo sentimiento de  madre patria, en el alma de cada colombiano. Es rescatar las virtudes, la moral, los valores, tener derecho a una justicia transparente y oportuna. Es construir heredad digna, para las nuevas generaciones. Si gana el ‘No‘, lado negro, es desafiar el azar, seguir en tinieblas de corrupción, impunidad, violencia, malograr el sagrado anhelo de respeto a la vida. Cerrar para siempre la vía civilizada a la paz, provocar lo imprevisto,  sembrar desconfianzas, avivar rencores, venganzas; imponer a nuevos seres la desgracia inmerecida de nacer en un país  de políticos violentos. Jamás ha habido en país alguno, ni en otro lo habrá jamás, quienes contra la buena voluntad y desinteresadas intenciones, de brillantes inteligencias del mundo, se opongan a la paz de su propia patria. Amor a la patria, es decir, ‘Sí‘ en el plebiscito.

Isaac Vargas Córdoba, Bogotá.

Un pequeño triángulo

Con una gran decepción he visto la carátula de SEMANA de los dos últimos números, pues indudablemente estaba convencida de que los deportistas colombianos se merecían la portada, tanto por sus progresos, como por los resultados obtenidos en las pruebas. Sobra repetir lo que todos conocemos,  “Época de oro de los colombianos en los juegos”, “Juegos Olímpicos más grande de Colombia en toda su historia”.   No creo que un pequeño triángulo en la portada haya retribuido a los deportistas el esfuerzo. Creo que SEMANA queda en deuda con sus lectores.

Fabiola Duque A. Bogotá.

La otra cara de Gina

En la Grecia antigua era costumbre que, cuando un reo no tenía quien lo defendiera, podía defenderse por sí mismo o, en su defecto, le nombraban un logógrafo. Me imagino que en Colombia esta práctica es la misma. Actualmente el “usted tiene derecho a guardar silencio… Si no tiene abogado, el Estado le nombra uno de oficio” viene siendo en últimas lo mismo. Traigo a colación este dato por lo que está pasando con Gina Parody (SEMANA n.° 1789). Debo confesar que cuando estaba en el Sena tal vez no era santa de mi devoción y que ahora en el Ministerio de Educación, tampoco. Hasta ahora. Pero este episodio de las cartillas para los manuales de convivencia de los colegios me ha mostrado otra cara de Gina: la de la mujer valiente, la de la mujer inteligente, la de la mujer que quiere cambiar tanta caverna y tanta falta de solidaridad y respeto por las ideas de avanzada, por la diferencia que nos une y nos hace individuales y únicos; esto me hace sentir por ella tanta admiración y respeto que hace poco me hubiera parecido imposible. No sé si lo que hago servirá de algo para que la ministra sienta que no todos en Colombia somos lefebvristas, que no todos en Colombia somos godos ni comulgamos con las ideas del procurador y mucho menos del señor Uribe, pero si de algo sirve, que acepte mi abrazo de solidaridad y de admiración. Y recuerde, señora ministra, que las cometas nunca han volado a favor del viento.

Helí Barba Molina, Piedecuesta.

De afidro

La entrevista al alto comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Todd Howland (‘Sin Glivec yo ya habría muerto’, publicada en la edición n.° 1791 de SEMANA), en la que cuenta cómo gracias al Glivec sobrevivió a la leucemia, sin pagar un peso por este medicamento cubierto por el seguro de salud de Naciones Unidas, le da la razón, inadvertidamente, a quienes hemos insistido en el grave error que comete el gobierno Santos al desconocer una patente legítima, para reducir el precio del producto. Manifiesta el entrevistado que “quienes no puedan acceder a esas pastillas probablemente morirán”, pero desconoce que debido a la forma en que se encuentra diseñado nuestro sistema de salud, el producto hace parte del Plan Obligatorio de Salud (POS), es decir, nadie en Colombia tiene que sacar dinero de su bolsillo para acceder específicamente a él. Por lo tanto, no se justifica la peligrosa embestida contra nuestro sistema de propiedad intelectual que, con la licencia obligatoria, propicia el gobierno Santos.  Ni entrevistado ni entrevistador abordan la cuestión que inquieta a los observadores en este caso: ¿por qué el gobierno decide vulnerar la patente de este producto y no de otros, igualmente patentados y necesarios? Si el tema es que, por ser una patente, atenta contra el interés público, ¿por qué no se declara que ninguna patente es admisible en el sistema de salud en Colombia? Si la cuestión es de precio, el camino para regularlo es la política de precios, a la cual este producto ya había sido sometido, no una política impredecible y casuística contra patentes caprichosamente escogidas; la protección de las mismas –que luego dan paso a los genéricos–  permite la llegada a los países de productos capaces de salvar vidas.

Gustavo Morales, presidente ejecutivo de Afidro, Bogotá.

Meros espejismos

Las conclusiones sobre el bajo consumo de libros en Colombia (SEMANA n.° 1789) son en su mayoría erróneas. Las ferias son eventos de carácter mediático, que atraen al público. ¿Pero esta es una curiosidad esporádica y no un permanente interés por leer? La prueba es que durante todos los años que lleva la Feria del Libro de Bogotá no ha aumentado el número de lectores ni de librerías. A la cruda luz de las cifras, muchas veces los festivales son espejismos. De la totalidad de libros que se llevan, por ejemplo, al Hay Festival, solo se vende el 5 por ciento. No niego, claro está, la labor cultural de estos eventos. La cercanía del público con los autores, las conferencias y el ambiente festivo que originan. Lástima que muchos de quienes acuden a ellos, no se interesen por leer los libros que allí se presentan. En este análisis del bajo consumo de libros no se va a la raíz del problema: el hábito de la lectura se crea desde el hogar y desde el jardín infantil, hasta la universidad. Si los padres no leen, si en las casas no hay ni siquiera una pequeña biblioteca, si no se tiene la costumbre de leerles a los niños pequeños, si en los colegios no existe una pedagogía amable, para inducir a la lectura, ¿cómo diablos queremos que se formen lectores?

Felipe Ossa D. Bogotá.

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