Sábado, 3 de diciembre de 2016

| 2016/09/03 00:00

Cartas

"La cartilla es una contribución enorme", Mario Rodríguez, Bucaramanga.

Cartas

Otra foto

Hubiera preferido que en la carátula de la revista SEMANA n.° 1791  con el título de ‘Punto final’ hubiese aparecido al lado de la foto del presidente de la república la de quien durante cuatro años fungió como jefe negociador del gobierno, Humberto de la Calle, y no la del vicepresidente Germán Vargas Lleras; él, hasta la fecha, ha sido silente sobre el proceso de La Habana y solo ahora, cuando el presidente lo conmina a trabajar por el Sí al plebiscito, se pronuncia, haciéndole a los acuerdos algunas observaciones sobre la Jurisdicción para la Paz en lo que respecta a los exmiembros de la fuerza pública que hubieran cometido delitos con ocasión del conflicto y sobre los civiles que de una u otra manera hubieran participado en el apoyo y conformación de grupos armados ilegales. Argumentan que si lo hicieron era porque eran objeto de extorsión o porque un grupo ilegal operaba en la zona donde desarrollaban su actividad económica. Sabemos que muchos de ellos apoyaron la formación de grupos paramilitares a sabiendas de que se trataba de apoyar delincuentes ligados al narcotráfico, que lo único que buscaban era el enriquecimiento ilícito y que en su accionar cometieron los más atroces delitos, peores o iguales que los de las Farc.


El hecho de que el vicepresidente haya concentrado sus acciones en áreas como la vivienda, la infraestructura y el agua donde, como sabemos, sabrá sacar réditos políticos para su próxima campaña presidencial, no puede ser una excusa para justificar su mutismo frente a un proceso que no tenía otro propósito que poner fin a 50 años de guerra, de exterminio y de dolor. Esperamos que el mismo empeño que ha puesto en los temas antes mencionados, lo ponga por el Sí al plebiscito que permitirá sacar adelante los acuerdos y comenzar a construir en firme una paz estable y duradera. Su participación en la campaña por el Sí, como la de los demás políticos, no debe estar permeada por intereses políticos partidistas y, en su caso, para favorecer su propia y legítima aspiración presidencial.


De todas formas, es hora de reconocerle a los negociadores del gobierno su esfuerzo, dedicación, profesionalismo y entrega a un difícil tarea que al fin ha concluido. Solo resta el Sí entusiasta por el plebiscito de todos los que pensamos que si bien no es un acuerdo perfecto, es el mejor y más realista posible, cuyo cumplimiento permitirá pasar una de las páginas más sangrientas y absurdas de nuestra historia.


Juan Manuel Jaramillo Uribe
Manizales


El verdadero camino


Los prolijos análisis que se hacen en la edición n.° 1791 de la revista sobre el resultado de la negociación en La Habana tratan poco, a pesar de su inmensa importancia, y de la incidencia que tendrá en la decisión de quienes acudan a votar en el plebiscito, un tema fundamental.
Es el relacionado con la posibilidad de renegociar el acuerdo entre el presidente Santos y las Farc.


Como ya es usual, los “amigos de la paz” están saliendo lanza en ristre a sindicar de mentirosos y estafadores a quienes sostenemos, no solamente que hacerlo es viable, sino que es el verdadero camino hacia una paz estable y duradera.


Las razones que me permiten afirmar lo anterior son las siguientes:

En primer lugar, el gobierno y las Farc, con el objeto de zanjar las diferencias sobre la refrendación, decidieron aceptar el mecanismo de participación que definiera la Corte Constitucional y con las características que ese alto tribunal señalara.


De otro lado, dicha corte reiteró que el resultado del plebiscito es vinculante para el presidente en forma de mandato político.


Así mismo, con respecto a los eventuales efectos del triunfo del No, indicó que en este caso el jefe del Estado no podría implementar los acuerdos, pero conservaría las facultades para negociar con grupos armados ilegales, es decir, entre otros, con las Farc.


Adicionalmente, volvió a hacer claridad con respecto a los mecanismos de participación y la soberanía popular al indicar que mediante los primeros el pueblo, que es el soberano, puede modificar, aprobar o derogar decisiones del Ejecutivo en forma directa.


En este orden de ideas, el triunfo del No sería un mandato político para el presidente en el sentido de reorientar los acuerdos, por cuanto la decisión popular indicaría su voluntad de modificar lo acordado.


Finalmente, es necesario reiterar que Santos y Timochenko acordaron que acatarían lo que decidiera la corte. Aceptaron previamente, entonces, la posibilidad de renegociar.


Carlos Holmes Trujillo García
Bogotá


Integra y consolida
Su prestigiosa revista sí apoya el progreso nacional: en su edición n.°1790, en su sección Vida Moderna titulada ‘El cerebro inmaduro’, integra y consolida para quienes no somos médicos ni neurólogos pero sí educadores y asiduos lectores, cómo la educación realmente es la base del desarrollo que no es una efímera edad más.


Recordemos al filósofo-epistemólogo Edgar Morín con su modelo de complejidad: “Mejor tener la cabeza bien puesta, antes que repleta”. La neurociencia ha revelado que la adolescencia se da en etapas. Así, para tener verdadero desarrollo intelectual, social y emocional, el acompañamiento (adicional a la calidad, cobertura y pertinencia)  y el aprender a ser independiente son faros que guían. La idea no es saltarse etapas: al principio, 11-12 años como la preadolescencia se ha de ayudar a organizar la agenda diaría y la memoria prospectiva. De los 13 a los 14 años de edad, con un cerebro muy vulnerable, sin aparente desarrollo de habilidades sociales, se apoya a conseguir amigos de verdad. Hacia los 15 y 16 años, la dopamina -según una universidad holandesa la hormona del placer y la recompensa- ayuda a sentirse más adultos, a sentir aún más placer y satisfacción. Fundamental en esta etapa, como señala su artículo: según revela la revista Developmental Cognitive Neurosciense clave es atender la importante cercanía de los padres para mantener menos activa la región cerebral relacionada con tomar riesgos.


Diego Casabianca Escallón
Bogotá


De la EEB


Sobre el artículo publicado en la edición n.° 1791, ‘Dos joyas para la venta’, sobre la financiación del Plan de Desarrollo del Distrito, en el que se indica que como una de sus fuentes “estaría la privatización de la Transportadora de gas TGI, filial del Grupo de Energía de Bogotá (EEB)”, nos permitimos aclarar que:


1. Ni la Junta Directiva ni la Asamblea General de Accionistas, han tomado decisión alguna relacionada con la eventual enajenación de la Transportadora de Gas Internacional, TGI S.A. E.S.P., ni de las demás empresas pertenecientes al grupo. 


2. Cálidda y Contugas hacen parte del portafolio accionario del Grupo y no son propiedad de Transportadora de Gas Internacional TGI, como se menciona en el artículo.  TGI tiene la condición de accionista de Contugas, en un porcentaje minoritario (32 por ciento).


Agradecemos proceder a la rectificación de la información contenida en el artículo, ya que la misma no corresponde a la realidad y adquiere especial relevancia debido a que la Empresa de Energía de Bogotá es un emisor de valores que en sus actuaciones y decisiones se debe a sus accionistas.


María José Quiceno, directora de Comunicaciones
Bogotá

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