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| 9/10/2016 12:00:00 AM

Cartas

"Lo he pensado y no entiendo de qué se preocupan" Emilio Zapata, Bogotá.

De diferentes colores

Leyendo el artículo central (SEMANA n.º 1792) sobre la justicia transicional y los empresarios me surgieron varias preguntas: ¿por qué se teme que haya excesos de la justicia transicional? ¿La impunidad no era el cuestionamiento mayor a ella? ¿Algunos empresarios cometieron delitos de lesa humanidad? En caso afirmativo, ¿se conocerá la verdad? ¿Habrá reparación? Mismos sapos a tragar de diferentes colores.

Mauricio García Castañeda
Bogotá

El paraíso

Las entrevistas a Marta Lucía Ramírez y a Iván Duque, del Centro Democrático, SEMANA n.º 1790, son dos páginas de cerrada postura contra el Sí en el plebiscito,con el argumento de legalizarla
impunidad.

Esta oposición carece de fuego político, porque nace del rencor y la venganza. Si el candidato Uribe hubiera continuado las conversaciones de paz con las Farc-EP no sufriría la amargura contra su leal ministro de Defensa, hoy presidente felicitado por todos los mandatarios del mundo.
El acierto de la doctora Marta Lucía, es: “El plebiscito se vota en un día, pero sus consecuencias son para toda la vida”. Así es. Por eso iremos a las urnas 20 millones de ciudadanos y ciudadanas por el Sí, por la paz de Colombia, para toda la vida.

El Centro Democrático desde el Congreso tiene el poder de exterminar la impunidad de los corruptos, calificando este delito de traición a la patria, excluyendo los ladrones de por vida de empleos públicos, condenarlos a cadena perpetua como las que desean aplicarles a las Farc. Este logro los llevaría al pináculo del poder político, y Colombia sin corrupción sería el paraíso.

Isaac Vargas Córdoba
Florencia

El significado del No

Si el resultado del plebiscito (SEMANA n.º 1791) es No, no debería interpretarse como un rechazo a la gestión de paz del presidente Santos ni tampoco como una adhesión a las tesis del senador Uribe. El verdadero significado de este resultado sería el rechazo histórico a la existencia de las Farc como actor político. ¿Por qué? Los colombianos no creemos que asesinos, secuestradores, violadores, terroristas, narcotraficantes, reclutadores de menores, sembradores de minas quie-brapatas, mineros ilegales, ladrones de tierras, extorsionistas y ejecutores de muchos otros delitos atroces tengan las condiciones morales para participar en una actividad tan noble como la política (cuando se ejerce con altruismo y ética).

La mayoría de los colombianos no queremos que las Farc envenenen a la sociedad con su ideología de odio, de enfrentamiento de clases, y de rechazo a nuestro sistema económico de libre empresa y de propiedad privada. Ellos, los de las Farc, siguen viendo a los colombianos que generan riqueza como sus enemigos irreconciliables. Por lo tanto, no resulta exagerado anticipar que su accionar como actor político traería como consecuencia paros, huelgas en los servicios públicos, pedreas y vandalismo s y un clima de confrontación agresiva

Ahora bien, ¿se pudiera pensar que si el resultado del plebiscito resulta ser No esto nos regresaría a la confrontación armada? Definitivamente no. ¿Por qué? Con este rechazo histórico a las Farc, ellos no tendrían justificación política para proseguir en la lucha armada que sería vista por propios y extraños como un anacronismo. No obstante, varios de los temas acordados con las Farc son válidos, especialmente aquellos que se refieren al desarrollo rural. El reto, entonces, es lograr grandes transformaciones hacia una sociedad más igualitaria, incluyente, y de grandes principios morales y éticos.

Enrique Morales Riveira
Bogotá

Gracias por existir

De mi parte cada ocho días felicitaría a Antonio Caballero por sus geniales columnas. Como en todas, en la edición n.º 1790 hace una crítica clara, precisa y muy cierta sobre el “derroche” injustificado que realizó el “gran” delfín Simón Gaviria en una encuesta para conocer trivialidades, o mejor, “imbecilidades” como él las llama, que en nada aportan (no deja uno de recordar cuando siendo senador aprobó sin leer...). Con el derroche gana la minoría de siempre y perdemos los que pertenecemos a la mayoría de la torta. Todo esto es absurdo y ridículo.
Leer a los columnistas de SEMANA es muy gratificante y en especial a Caballero por su lucidez intelectual. Quiero decirle que es el periodista más admirado por la mayoría de mis sobrinos, gente joven, y que fue uno de ellos, Diego Guarín Lugo, quien siendo un adolescente me entusiasmó por sus libros. ¡Gracias SEMANA por existir!

Blanca Nubia Lugo Galindo
Bucaramanga

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