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| 10/8/2016 12:00:00 AM

Cartas

"Ya no sé si reír o llorar ". María Teresa González, Bogotá

Otras explicaciones

Además de las razones explicadas por ustedes en su edición N.º 1796, se cometieron estos yerros que incidieron en el resultado.

• No se socializaron los acuerdos oportunamente, prácticamente fue a espaldas del pueblo.

• Los acuerdos debían tener una campaña  pedagógica, mínimo de seis meses. Así estaba acordado.

• Los acuerdos prácticamente son un tratado extenso y confuso de derecho constitucional, economía, derechos humanos, derecho penal y derecho internacional.

• Para leerlos y medio comprenderlos se debía agotar primero un glosario completo.

•El acuerdo final es más extenso que la misma Constitución (297 páginas). En cualquier Facultad de Derecho se necesitarían mínimo dos semestres para estudiarlo. El 60 por ciento del contenido del acuerdo final está consagrado en la Constitución Nacional.
Por estas consideraciones, los encargados y facilitadores del Sí se confundieron y se enfrascaron en un chantaje vulgar y mentiroso diciendo: Sí es paz y No es guerra.
Otro punto negativo fue la arrogancia del presidente Santos y la salida en falso en casi todas sus alocuciones, amenazando con impuestos, guerra urbana, más muertos, etcétera. 
El 66 por ciento no votó, porque desconocía el contenido del acuerdo final y no lo convencieron los argumentos acomodados tanto del Sí como del No. 
Como solución al limbo actual, propongo se dé cumplimiento a la creación de la Comisión de Implementación, Verificación y Resolución de Diferencias, con componente y acompañamiento internacional, para zanjar diferencias con las argumentaciones de los del No, pues esta fue la razón de ser de la ‘refrendación’ (punto 6.6 del acuerdo).
Reflexión: el resultado fue una bofetada y una lección a la clase política tradicional colombiana, a los áulicos funcionarios del señor presidente y su sanedrín.

Danilo Yepes Recalde
Pasto

Sin presentación

En relación con su artículo de portada de la edición n.º 1975A, me pregunto si ante la penosa actitud del criminal Timochenko con el ruido del avión Kfir en su discurso en la firma del acuerdo de paz, ¿sentiría que le llegó la hora de pagar?
No tiene presentación que a estos criminales se les prometa llevarlos al Congreso y exonerarlos de castigo, un presidente abrazando estos narcoterroristas y sonriendo mutuamente no da un mensaje adecuado. Como colombiano, siento vergüenza con la foto de Timochenko, Santos, Samper, César Gaviria. Gracias a Dios venció la sensatez, contra los asesinos y la gran maquinaria de la publicidad y de la política de un presidente que dice hacer lo que se le dé la gana. Viva la paz, viva Colombia, pero sin narcoguerrillas.

Uriel Monsalve Henao
Medellín

Incertidumbre

La expresión de sorpresa de todos manifiesta la pregunta ¿y ahora qué?, de la revista SEMANA (edición n.º 1796), un compás de espera que este No impuso al pueblo colombiano, en medio de la incertidumbre más grande que la muerte de Gaitán y Galán. En un ambiente más tolerante y de menos trapo político, pero con un país dividido donde le midieron la popularidad al presidente y perdió el pueblo de a pie, los que votaron no tienen problemas de seguridad social, ni de hambruna, ni de miedo a las balas acompañadas de violaciones a todos sus derechos.

Ellos siguieron unas tesis como nada de sueldos a guerrilleros, castigo severo a los gatilleros de la Farc, no a la presidencia de Timochenko, no a las curules en el Congreso, no a la violación de los principios éticos y la entrega del país al castro-chavismo, cuando han vivido cómodos en sus casas sin importarles la situación del país. Pero esa es la democracia bendita de una nación que solo conoce la corrupción que envenenó hasta los entes de control y seguridad del Estado, y luego se dan el lujo de lanzar sus mentiras al aire presentándose como los apóstoles herederos del Mesías; aquí no ha valido ni aparato ideológico, ni represivo para frenar el tráfico de influencias, enriquecimiento ilícito que ha asolado al erario siempre al servicio de los corruptos y sus herederos políticos.

Estamos como una totuma llena de heces en un remolino del río de la Magdalena, con gran encrucijada social y económica que llena de incertidumbre al pueblo y alegría a los impulsores del No, que nunca se imaginaron el monstruo que crearon con aliento de desconfianza económica internacional, polarización nacional, rompieron la voluntad del perdón y la reconciliación cuando más deseo había para conseguirla.

Wilson Ruz Mejía
Montería

Lo tumbó el abstencionismo

En la carátula de su edición N.º 1796 dice: “El 50,21 por ciento de los colombianos votaron No a los acuerdos con las Farc...”. Considero que esta conclusión está equivocada, pues ese porcentaje corresponde al total de los votos, pero no al total de colombianos aptos para votar. Si consideramos que hubo un abstencionismo del 60 por ciento aproximado, ese 59,21 por ciento de los votos por el No representa solo el 20 por ciento de la población colombiana. Por eso digo que al plebiscito no lo tumbó el No; lo tumbó el abstencionismo. Y eso demuestra lo poco que le interesa Colombia a los colombianos. ¡Vergonzoso!

Ana María Ángel
Bogotá

La censura literaria

Con el ánimo de abundar en detalles sobre el tema ‘Letras Prohibidas’ del que se ocupó la revista en su edición n.º 1796, es del caso hacer mención que durante la Presidencia de Francisco de Paula Santander se expidieron los decretos de fechas 13 de mayo de 1822 y 13 de octubre de 1823, mediante los cuales se decidió en la primera de las disposiciones: “...con acuerdo del consejo de gobierno, en prohibir la circulación en introducción de los siguientes libros: ‘El padre Saturnino’, ‘La vida privada de los doce césares’, ‘Los placeres de Julia’, ‘La filósofa Teresa’, ‘El Aretino u otros semejantes’”. Por la segunda de las normas la prohibición recayó sobre “‘La filosofía de Venus’, ‘La teología portátil’, ‘El sistema de la naturaleza’, ‘El origen de los cultos’, ‘El cristianismo descubierto’ y ‘La historia crítica de Jesucristo’”. Recaba la disposición que “la autoridad encargada de su decomiso tanto de las que están en circulación como en venta deberán depositarlas en cajas cerradas...”, lo que lleva a entender que quien tenga tales obras las debe entregar so pena de ser incautadas.

Así las cosas, se dispuso un índice oficial sin perjuicio del adoptado por la Iglesia católica en el Concilio de Trento de 1563. Desde luego que el mandatario obraba con base en el apoyo superior que le daba la Ley del 22 de agosto de 1821, primera de organización del Estado al consagrar
“...la facultad de prohibir la introducción y circulación de libros perniciosos, y considerando que los obscenos e impúdicos corrompen directamente la religión santa que el pueblo de Colombia ha proclamado de sus legítimos representantes...”.  

José Herney Victoria
Bogotá

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