Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 2016/10/15 00:00

Cartas

"El Nobel para Santos vino como un soplo de aire fresco". Luis Eduardo Bernal. Tunja

Cartas

Canibalismo político

Las últimas cuatro ediciones de SEMANA constituyen una valiosa fuente documental para el estudio de los sucesos extraordinarios que en días recientes han tenido lugar en nuestro país, entre ellos, el otorgamiento del Premio Nobel de Paz al presidente de la república. Contrasta la ponderación y el rigor de su revista con la forma en que el debate sobre los acuerdos de La Habana se ha dado en otros medios de comunicación, especialmente en las redes sociales donde ha surgido una especie de canibalismo político que busca a toda costa el propio protagonismo y la descalificación de los contradictores. Resulta impresionante constatar el odio y la mezquindad de algunas figuras públicas que nada ayudan a ese clima de esperanza y reconciliación que poco a poco ha ido creciendo en inmensos sectores de la sociedad. Felicitaciones a SEMANA por esta encomiable labor pedagógica y que ojalá, muy pronto, la resolución pacífica de discrepancias y conflictos sea la única opción de los colombianos.

Carlos Julio Cuartas Chacón
Bogotá

Con denuedo y esperanza

Acerca de su portada de la edición n.° 1797: a cada cual lo suyo, principio fundamental y eterno de la justicia, se ha aplicado en la concesión del Nobel de Paz al presidente Santos, uno de los grandes de Colombia. Con detractores sin cuartel, armados con la mentira y el engaño, el presidente ha batallado por la paz con denuedo y esperanza, en su dedicación al norte que se ha trazado por un país mejor, basado en la educación, la equidad y la paz.

Jaime Naranjo Orrego
Filandia, Quindío

Sin el género 

Con relación a la columna de María Jimena Duzán, publicada por semana en su edición n.° 1796, tal cual parece que los paramilitares extraditados a los Estados Unidos se quedaron con el pecado  (crímenes cometidos en el país) pero sin el género  (señor Uribe).
Luis Fernando González
Bogotá

Hecho crucial y desapercibido

En medio de todas las noticias acerca del plebiscito y la sonada paz con las guerrillas de las Farc, hay un hecho que vale la pena resaltar y del que, creo, pocas personas se han dado cuenta.

A pesar de que la maquinaria política del actual presidente puso todo su empeño para hacer que la elección del Sí ganara, y a pesar de destinar cuantiosos recursos para lograr su objetivo obtuvo un resultado adverso. (Debo confesar que yo también quería que ganara el Sí).
No sé qué piensen ustedes, pero para mí, es una gran fortuna contar con entidades como en este caso la Registraduría, en las que se puede confiar y así quedó demostrado con el resultado del plebiscito.

Lo que me demuestra a mí, es que en futuras elecciones podré sufragar con tranquilidad ya que lo que decide el votante será respetado.

Carlos Ruiz Correa 
Medellín 

La quema de libros

Con relación al artículo ‘Letras prohibidas’ publicado en la edición n.° 1796, vale la pena anotar que a la censura y a los vetos literarios en el país, hay que agregarle la infamia de la quema de libros; a los casos conocidos, menciono el siguiente:

Juan Álvarez Garzón fue un novelista nacido en Túquerres (Nariño) en 1898 y fallecido en 1974.  Él cultivó un género que podríamos denominarlo novela histórica, con muchos tintes de la novela romántica del siglo XIX. Escribió la novela La Bucheli, a principios de los años sesenta, cuya primera edición oficial publicada por iniciativa de la Asamblea Departamental de Nariño en 1962, fue incinerada en el patio central de la Gobernación, por orden del por ese entonces gobernador del departamento Carlos Moncayo Quiñónez, por atentar contra las buenas costumbres, la moral cristiana y el buen nombre de prestantes personalidades del departamento, incluido su primer gobernador Julián Bucheli. La obra, con licencias literarias, narra la historia algo sórdida de una sobrina del primer gobernador.  Posteriormente, Álvarez Garzón publicó la novela asumiendo todos los gastos de la edición, pero cambió el título de la misma por Gritaba la noche.

Juan Carlos Lagos Mora
Pasto

La tragedia de Guernica

Pasan los años y se siguen repitiendo errados comentarios sobre la guerra civil española. En la edición n.° 1796 de su revista, se comparan los bombardeos de Alepo con la salvajada cometida por pilotos alemanes en Guernica.

De acuerdo con el libro del socialista Pío Moa Los mitos de la guerra civil los muertos certificados hoy día en Guernica no pasaron de 120. Igualmente, el escritor vasco Castor Uriarte en su obra sobre el tema habla de 250 víctimas.

Guernica tenía en esa época 5.000 habitantes y el bombardeo no alcanzó a destruir los puentes que eran su objetivo principal, ni siquiera el famoso árbol de Guernica símbolo para todos los vascos. Sí se produjo un incendio que arrasó con parte de los edificios de la población y que no quiso ser sofocado por el cuerpo de bomberos de la vecina ciudad de Bilbao. Creo que habría sido más acertado para su artículo, sobre los 1.700 ataques aéreos que han caído sobre Alepo desde el 23 de septiembre pasado, compararlo con el bombardeo de Dresde por la aviación inglesa de la Segunda Guerra Mundial en donde murieron 80.000 civiles. Los 3.000 muertos de Guernica que se inventó un periodista inglés sirvieron para toda clase de escritos y para el famoso cuadro de Picasso.

Enrique Álvarez Quelquejeu
Cali

La verdadera magnitud

La columna de María Jimena Duzán, ‘…¿Y qué carajos significa el fin de la guerra?’ (SEMANA n.° 1794) toca un punto importante en cuanto a la verdadera magnitud del conflicto con las Farc.  Aun en los periodos de máximo poder militar de las Farc, este conflicto no ha generado más de 500 muertos y prisioneros (secuestrados) anuales, incluyendo civiles y militares.  Algunos años no han sumado más de 100.  Hablar de 220.000 muertos desde 1957 es un absurdo y carece de cualquier fundamento en la realidad.  Este asunto es de vital importancia en la presente discusión, pues la magnificación del conflicto ha sido utilizada por el gobierno para justificar el gran sacrificio institucional que ha acompañado el acuerdo.

Louis Kleyn
Bogotá

Salir de la patria boba

Creo que María Jimena Duzán acierta en su carta abierta al presidente (SEMANA n.° 1787) e interpreta a un gran núcleo de colombianos, como el que esto escribe, que pensamos que ya es hora de que salgamos de la patria boba, donde solo se legisla y se gobierna para unos pocos. El juego de la polarización no lleva sino a seguir con más de lo mismo. Desde tus tribunas le puedes prestar un gran servicio a Colombia, haciéndonos entender que por encima de Santos o de Uribe estamos los colombianos que merecemos vivir en un país donde nos respetemos los unos a los otros, y que el acuerdo con las Farc no es la paz, pero si es un gran paso hacia ella.

Néstor Buitrago Trujillo
Bogotá

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