Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 2016/10/29 00:00

Cartas

"Considero al ministro Cárdenas, ahí como un san Sebastián, lleno de flechas" Julio Enrique Andrade. Bogotá

Cartas

Sin lugar a claudicaciones

Como bien lo dice Daniel Coronell en su columna ‘Los dos Uribes’, de la edición n.º 1799 de SEMANA, no hay justificación a la actitud mezquina de Uribe Vélez, quien, cuando estaba en el poder, ofreció a las Farc lo que ahora, con su conocida hipocresía, enlista como impunidad. Tal coruscante realidad, que consta en medios escritos y audiovisuales lo que impide negarlo, desnuda sin dudas lo que tantos analistas vienen mostrando desde hace ya tiempo, esto es, que ninguna actitud patriótica impulsa a este y sus seguidores, sino un ánimo revanchista y de utilitarismo electoral.

Lo que no deja de llamar la atención es que tres realidades no pueden obviarse y llevan a poner en tela de juicio esa autoproclamación del Centro Democrático y su jefe como abanderados del No y, por lo tanto, con el poder desmesurado de acabar con el acuerdo logrado en La Habana: es indiscutible que no todas las personas que votaron por el No son afines o militantes de ese partido político y por ende no comparten todas sus objeciones.

En un país como el nuestro, con déficit de madurez política, las mentiras y engaños promovidos por la campaña del No viciaron la voluntad de muchos colombianos, por lo que ese triunfo es cualquier cosa menos un mandato mayoritario que pueda acabar de un tajo con lo negociado. Tal realidad, aunada a la alta abstención, no legitima a los autonombrados voceros del No a echar por la borda los acuerdos de La Habana y revisar “hasta la última coma del acuerdo” como con soberbia absoluta planteó el exprocurador Ordóñez. El presidente Santos, por lo tanto, no está obligado a arrodillarse como lo pretenden, pues no hay que olvidar que su reelección fue un claro mandato por la paz.  

Óscar Villada Martínez
Bogotá

La encrucijada en el alma

La columna de Daniel Coronell (SEMANA n.º 1799) muestra la encrucijada del alma que vive Uribe o, quizás, su esquizofrenia política, cuando ahora ataca puntos nodales del acuerdo de La Habana cuando antes, siendo presidente, los defendía. Así, mientras en 2006 proponía normas más benignas para las Farc o el ELN que las que proponía Justicia y Paz, respaldaba la elegibilidad de los guerrilleros incursos en delitos de lesa humanidad, así hubiese que modificar la Constitución.

 Como bien se pregunta Coronell, “¿Y por qué ahora no es aceptable lo mismo que él proponía siendo presidente? La respuesta la debe dar el senador Uribe”. Ciertamente, habrá muchas explicaciones que sería bueno que el expresidente Uribe las diera al país, pero lo que no debemos aceptar es que, por razones distintas al proceso de paz con las Farc, busque dilatar la negociación, poniendo en riesgo todo lo logrado en La Habana.

El gobierno debe recoger las propuestas del No, incluyendo las del Centro Democrático, para que con ellas, y con las de quienes votamos por el Sí, se pueda llegar a un acuerdo mínimo con las Farc.

Uribe, como lo han dicho muchos de los partidarios del No, debe entender que no se trata de arrojar los acuerdos a la basura y emprender de cero uno nuevo, sino de reabrir la negociación (como viene sucediendo) donde todos deben ceder algo. Uribe sabe que si en el pasado, cuando era presidente, defendió con argumentos  tesis contrarias a las de hoy es porque esas tesis eran viables y el afán hoy  de oponerse a los acuerdos nada bueno le augura al país.

Juan Manuel Jaramillo I.
Manizales

Riqueza y desnutrición

Gracias a la revista SEMANA nos hemos podido informar de la crítica situación en La Guajira: las ediciones 1799 y 1797 se refieren a ella como departamento fallido y a las investigaciones que se adelantan contra la exgobernadora Oneida Pinto.

Este territorio es de características paradójicas: tiene mucha riqueza de carbón, gas y sal, pero sus habitantes se mueren de desnutrición. Está rodeado de agua, pero sus habitantes, ganados y cultivos sufren por falta del precioso líquido. 

“La corrupción es sistémica e incluye a la clase política, al sector privado, funcionarios judiciales, a la ciudadanía y a los indígenas”, según la Fiscalía
Este departamento ha recibido por regalías 6 billones de pesos y por el sistema de participación 7,2 billones... Pero los niños guajiros tienen que ir a los basureros a conseguir alimento y otros se mueren de hambre.

El gobierno central se vio obligado a encargar ‘un arijuna’ en la Gobernación, a Jorge Enrique Vélez, quien por estar destapando las ollas podridas ha sido amenazado de muerte. 

Para solucionar los problemas de sequía en La Guajira: en el pasado un gerente del Incora llevó unas ollas de barro que fueron eficientes para el riego, ahora es posible instalar molinos de viento, riego por goteo. Todo esto es posible, pero la sequía más grande está en la falta de honestidad para el manejo del erario público.

Fidel José Vanegas Cantor
Bogotá

Controlar lo incontrolable

El caos de las motos, revista SEMANA n.º 1799: “Entre el 2000 y 2014 hubo 28.000 muertos por accidentes de motos. 2.000 por año, 5,5 por día. En 2015: 3.270 muertos. 9,6 por día. 25.226 lesionados: 69 por día. Para el tratamiento de los traumas por estos accidentes se van 11.300 millones de dólares. Un poco más que el presupuesto para educación en Colombia. Uno de cada cuatro hogares tiene moto. Es la segunda causa de muertes en Colombia”.

Tomar medidas para controlar lo incontrolable es perdido. Restricción en las ventas, en la expedición de los pases, etcétera. Aceptar que es un medio de trasporte económico, de fácil acceso para las clases bajas, es restringir su libertad en el mejoramiento personal y familiar.
Es un hecho que la situación en vez de mejorar va a empeorar como colapsa la movilidad en las grandes y medianas ciudades de Colombia.

¿Qué hacer para que la movilidad en moto sea más racional en las ciudades? Hacer vías exclusivas para las motos como las hacen para las bicicletas, habría que entrar a discutir el pro y el contra. Los que tenemos el privilegio de conducir un vehículo debemos darle gracias, primero, a los peatones porque nos están cediendo sus 15 o más metros que utilizarían si tuvieran carro. En ese orden de ideas, agradecer al de la moto que también nos cede parte de ese espacio. Pregunto: ¿por qué no respetar ese espacio de la moto? Veo con frecuencia que cerramos su vía, no lo dejamos pasar.

En algunas ciudades, no en Colombia, se sabe que a su derecha siempre va una moto que transita a su misma velocidad. Usted le respeta ese espacio. Así mismo como lleva ese carril compartido, la moto al estar el semáforo en rojo sigue avanzando y antes de la cebra para, los peatones tienen un espacio suficiente a dónde llegar, esperar el cambio del semáforo y, así, es el primero en arrancar cuando se pone en verde. Se le facilita su movilidad y es una medida que está de acuerdo con el principio de que la moto es más veloz que el carro. El espacio para llegar antes del semáforo en rojo se tiene que calcular muy bien. En esas ciudades son para 150-300 motos.

Fabio Alberto Calvo Serna
Medellín

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