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| 3/18/2017 11:00:00 PM

Cartas

El fracaso de la lucha

La coca se dispara. Edición n.º 1818. “El fracaso de la lucha contra las drogas tal y como se ha aplicado es evidente”. Y punto. ¿Qué más pueden decir los sabios, los expertos, los poderosos? Nada. Para llegar a tan catastrófica conclusión, vayamos al origen.

Colombia privilegiada para cultivos alimenticios, los producía en todos los climas. Pero la pacífica población campesina trabajadora, honrada, vivía resignada en vergonzoso pauperismo. La violencia política por parte del Estado inicia el exterminio del campesinado. Matar sin cuenta inocentes, incendiar cultivos, desplazar, transformó el país de hermanos y amigos en paz en enemigos a muerte.

A ese campo de sangre y cenizas, habitado por sobrevivientes doloridos y peor de empobrecidos, llegó el salvador de la mala situación, a  impulsar la siembra de coca, fundar el culto al dios dinero, a continuar la destrucción de la naturaleza, borrar la moral, asesinar, derribar virtudes, valores que se le opusieran.

El imperio del narcotráfico inundó de millones la política, el sector financiero, enfrentó la Justicia, prostituyó, corrompió, degradó y está llenando el mundo de miserias humanas esclavizadas en la droga.

El fracaso de la lucha contra las drogas es evidente, porque la sal de la política cedió el honor de trabajar por la patria a contubernios con el narcotráfico y la corrupción. Y si ni la paz tiene aceptación unánime de los políticos y la población, para iluminar destinos de moral y desarrollo, no esperemos que Dios nos la imponga contra nuestra voluntad. 
Isaac Vargas Córdoba
Florencia

Sobre la tierra

La revista SEMANA n.º 1819 destaca el nombramiento del científico César Ocampo como director de Colciencias. Es ingeniero aeroespacial y doctor en astronáutica, pero por sus respuestas se ve que tiene los pies bien puestos sobre la tierra que lo vio nacer.

Es importante tener un profesional de tan importante formación para el cumplimiento de los retos del país frente al desarrollo sostenible, el cambio climático, disponibilidad de agua potable, exigencias de la educación hacia el futuro...

¿En estos días hubo comentarios sobre destinación de recursos a ciencias o carreteras? Es absurdo entrar en esta indecisión, pues los dos se requieren para el desarrollo del país.

También escuchamos de la Red de Jardines Botánicos a propósito del n.º 22 en La Mesa, Cundinamarca. Es una buena oportunidad para que Colciencias se vincule a esta red, con lo cual potenciarían su capacidad de acción en beneficio de la ciencia, de la academia y del país en general.
Fidel José Vanegas Cantor    
Bogotá

Desafío turístico

Acerca de su informe sobre el turismo publicado en la edición n.° 1819 opino que todos los colombianos sabemos que estamos sentados en un baúl con un tesoro por explorar. En ese sentido me llenaron de alegría las buenas perspectivas que tiene el turismo para Colombia. También, que desde el principio se esté considerando el impacto ecológico que esta industria puede tener en nuestras playas selvas y montañas. Sin embargo, me faltó alguna reflexión sobre cómo va a beneficiar todo esto a los pequeños emprendedores, pues ese negocio no se puede quedar solo en manos de los grandes grupos económicos y de los ‘cacaos’ del sector. Ojalá que no se repita la historia de siempre y que esta vez la bonanza sí beneficie a todos los colombianos, independientemente de que sean pobres o no.
Sergio A. Ramírez
Bogotá

La ludopatía no es un juego

Su artículo ‘Apuestas en off’ de la edición n.º 1819 trata los juegos de azar como un negocio más, que puede dar buenos dividendos, beneficiar a la sociedad y abrir nuevas perspectivas en internet. Nada más alejado de la realidad. Los juegos de azar son sencillamente una lacra que esclaviza a las personas y destruye familias enteras. En vez de preguntarnos qué va a pasar con las casas de apuestas, deberíamos sacar pecho porque Colombia es el primer país en tomar cartas en el asunto. Es más, las autoridades deberían prohibir los casinos físicos en los centros comerciales, las grandes avenidas, las cercanías de las universidades, etcétera. ¿Es que no se dan cuenta de que se trata de una gran estafa?
Carlos González Gómez
Tunja

Todos untados

Vivo desde hace 15 años por fuera de Colombia y cada día que pasa extraño a mi país. Pero al abrir la semana pasada su excelente informe sobre ‘Los tentáculos de Odebrecht’ me llenó de tristeza ver que Colombia sigue siendo la misma que dejé. ¿Estamos condenados a ser gobernados por una caterva de corruptos? Pues la conclusión que me dejan los largos tentáculos de Odebrecht en nuestro país es que la llegada de nuevos grupos políticos y de nuevas tendencias ideológicas solo ha servido para multiplicar el número de manos dispuestas a robar. Cada vez que puedo grito lo orgullosa que me siento de ser colombiana. Pero debo confesar que estas cosas me llenan de vergüenza patriótica.
Sandra de Buitrago Restrepo
San Diego, Estados Unidos

Que vuelvan los conservadores
Leí con mucho agrado su artículo ‘Para dónde va la carreta’ (SEMANA n.º 1819) sobre el rumbo que quiere tomar el Partido Conservador. Pues por puro cálculo político o por intereses económicos, la voz histórica de la derecha colombiana se ha convertido en un instrumento que el gobierno usa para hacer pasar las leyes que quiere. Y lo cierto es que los defensores de los valores tradicionales necesitamos que nos representen. Sobre todo ahora que las Farc van a crear su propia agrupación y que Colombia, si Dios quiere, va a entrar en una nueva etapa de su historia.
José Manuel Arango
Medellín

Un buen adiós

Como bogotano pasé muchas veces frente al coliseo El Campín y siempre me generó sentimientos encontrados. Por un lado, como bien lo exaltó la sección Enfoque (SEMANA n.º 1819), recibió espectáculos difíciles de olvidar –mi padre me llevó a ver a los Trotamundos de Harlem en el 91, vi a Deep Purple hace un par de años–, pero es innegable que como escenario no solo era horrible, también hacía imposible lograr un buen sonido. No me duele verlo desaparecer, siempre y cuando la promesa de construir uno nuevo y a la altura se cumpla. Solo hay que ver el estadio Plazas Alcid de Neiva para saber que no es una precaución en el aire.
Andrés Soto
Bogotá

Hagámonos pasito

Mucho se ha revelado en el curso de una semana sobre Odebrecht, sobre las espaldas del presidente Santos, sobre cómo en Colombia la corrupción parece una condición innegociable de acceso a todo (SEMANA n.º 1819). Por eso no puedo dejar de comentarles que matizaron demasiado las fallas del gobierno y del presidente. En vez de jalarle el pelo, en su artículo ‘Los tentáculos de Odebrecht’ más parecía soplarle la mano. Por el aprecio que le tengo a la revista SEMANA, de la cual soy suscriptor, les pido equilibrio a la hora del garrote.
Juan Miguel Hoyos
Ibagué

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