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| 8/12/2017 10:15:00 PM

Cartas

En la intimidad de los cubículos
La radiografía de la democracia colombiana que se extrae del estudio del Observatorio de la Democracia (artículo ‘Las dos Colombias’, edición n.º 1840), si bien es ingente, funciona en el papel pero no en la práctica. Lo más seguro, como siempre sucede, es que el comportamiento político tienda a disiparse en una dinámica electoral. La lección que se extrae de la imperfecta democracia colombiana es que la escalada de atentados contra los mecanismos de participación democrática pueden desplazar fácilmente el centro de gravedad de la percepción política, tanto en el campo como en la ciudad.
Al final, los resultados a la hora de la toma de decisiones aparecen en disonancia con la realidad. Una muestra de ello fue el triunfo del No en el referéndum por la paz, en donde quedó demostrado que la democracia y la percepción política no funcionan en la intimidad de los cubículos, no obstante que la mayoría de colombianos estábamos asqueados de la guerra.
La percepción de que los colombianos pudieran preferir la guerra ni siquiera se podía pensar en los trances de mayor incertidumbre, pero la sofisticada maquinaria de perturbación y alteración de los certámenes electorales pudo más que la conciencia íntima de los votantes.
Desafortunadamente, el sistema democrático colombiano se encuentra perversamente influenciado por líderes políticamente incorrectos, pero que tienen una inmensa capacidad de generar empatía entre la gente y a quienes les es fácil pasar por encima del comportamiento político natural de las personas.
Sergio Quiñones Rodríguez
Pasto

Un corregimiento
En su edición de esta semana (n.º 1840), en la sección Enfoque, hacen alusión al desfile n.º 60 de silleteros en Medellín. Y en mayúscula sostenida escriben: desde el municipio de Santa Elena. Me permito aclararles que Santa Elena no es un municipio, sino un corregimiento de Medellín, ubicado al oriente rural o semirrural de la ciudad. Sin embargo, la zona de Santa Elena como tal abarca territorios de Medellín, Envigado y Guarne. Muchas gracias por su atención.
Guillermo Toro Serna
Medellín

Detrimento patrimonial
La periodista María Jimena Duzán (SEMANA n.º 1840) nos cuenta de  la salida de la cárcel de los exdirectores de la Dirección Nacional de Estupefacientes Omar Figueroa y Carlos Albornoz, ambos por “vencimiento de términos”.
Si recordamos, esta institución fue objeto de graves denuncias y reemplazada por la Sociedad de Activos Especiales. Según otros medios de comunicación por ahora solo hay razón del 26 por ciento de los inmuebles, es decir que más del 70 por ciento ¿dónde están?
El detrimento patrimonial para la Nación es superior a 10 millones de dólares. Estos dineritos hubiesen servido para el posconflicto. ¿Pero si los responsables ya están ‘sanos’, quién responde?
Con las llamadas ‘puertas giratorias’ muchos parlamentarios indicaban quiénes debían manejar las fincas. Como cosa rara estas nunca producían nada y la DNE debía asumir las pérdidas.
Fidel José Vanegas Cantor
Bogotá

Noble y valiente pueblo
La página más vergonzosa de la tragedia que vive Venezuela, la escribe el déspota con los fusiles de su cobarde Guardia Bolivariana, que masacra a su indefenso pueblo por apoyar al fantoche usurpador del poder (SEMANA n.º 1838).
Noble y valiente pueblo de Venezuela, por cuyas venas corre la heroica sangre de Bolívar y de José Antonio Páez: ¿qué esperáis para levantar vuestra cabeza con ferocidad de cíclopes, para derribar del solio profanado a la repugnante sabandija, que chupará hasta la última gota de vuestra sangre? Cada venezolano que huye de su país, es un escupitajo al rostro del sátrapa, dándole a su triunfo la hediondez del esputo.
¿De qué te sientes orgulloso, Maduro? ¿De las 130 víctimas indefensas, masacradas por tu sórdida Guardia Bolivariana? “Podrás cortar todas las flores y silenciar todos los trinos, pero no podrás jamás detener la primavera”, ni menos tu caída inevitable, pues no podrás soportar el peso abrumador de 130 lápidas sobre tu espalda, más el hambre, la enfermedad y la miseria a que has condenado a tu pueblo, por atornillarte en el poder, con garras de arpía, fauces de buitre y pezuñas de hiena. Quienes te rodean, te aplauden con aquella sonrisa preludio del llanto, y la mueca macabra de quien masca el humillante freno y la mordaza. Sus aplausos son bofetadas a dos manos.
Amplia, muy amplia es la pista formada por 130 lápidas, más el espacio dejado por 70.000 refugiados. Danza ahora al compás de tu propia marcha fúnebre, porque el aleve rapto de tus opositores marcó la segunda llamada de tu caída, mientras la burda farsa de tu constituyente acaba de dar la tercera y última llamada. Siéntete orgulloso del profundo desprecio de tu pueblo, de la mascarada de quienes aplauden tu villanía, del escarnio de las naciones, de la fetidez de 130 tumbas, y sobre todo, de tu propia insensatez, al escalar la cima por una escalera falsa y levadiza, sostenida por una horda de serviles, que no dudarán en retirarla, para que tu caída sea más estrepitosa. Como las ratas, ellos serán los primeros en abandonar el barco que zozobra. ¿Confías acaso en la lealtad de las ratas? Quien apoya cualquier tiranía, solo tiene entrañas de este repugnante roedor.
Ovidio Guerrero L.
Fredonia

Afectación de la movilidad en Colombia
Al leer la entrevista que le hacen a Juan Pablo Bocarejo, secretario de Movilidad de Bogotá, en la edición n.º 1838, me trae a la mente lo indisciplinados, maleducados e irrespetuosos que somos los colombianos cuando conducimos cualquier tipo de vehículo automotor.
Hay una norma elemental y universal que rige en todo país civilizado y que debe observar todo conductor de vehículo automotor. Es la señal de pare, esta se encuentra antes de llegar para cruzar una calle, girar a la derecha o a la izquierda o para tomar una vía principal llámese avenida, autopista o vía de doble carril. La norma dice que uno debe detener el vehículo, detener el vehículo es dejarlo sin marcha, mirar para ambos lados y si no hay un vehículo que haya ocupado primero la intersección, le debe ceder el paso para continuar la movilidad sin interrupción.
Pero eso no aplica en nuestro país; aquí, sobresale la ley del más fuerte, del más altanero, no respetamos. Le echamos el vehículo al peatón o al auto que está esperando el paso. Eso nos lleva a la violencia. Este es uno de los actos que más llevan a la congestión vehicular en las grandes ciudades. Las autoridades de tránsito en lugar de esconderse y emboscar al conductor para imponer multas por exceso de velocidad en autopistas, donde se puede ir rápido, o parquear en sitios donde hay señales de no parqueo, deben dedicar el tiempo en hacer campañas de prevención sobre la señal pare, la utilización del doble carril o triple, en dobles calzadas; de cual carril debe utilizarse si voy en un vehículo de carga, pasajeros o de movilidad lenta, para evitar que todos los conductores transiten por el carril de la derecha.
Las autoridades de tránsito deben ser preventivas y no represivas. Así tendremos una sociedad más tolerante y respetuosa, empezando por los niños y jóvenes.
Álvaro Sandoval Gómez
Bogotá

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