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| 10/7/2017 10:15:00 PM

Cartas

Sobre la cátedra de Historia
En el confidencial publicado en la edición n.º 1848 titulado ‘Colombia sin Historia’, existen algunas imprecisiones que es necesario aclarar.
La primera se refiere a que Colombia es el único país que no tiene una asignatura específica de historia en secundaria. Sobre esto es importante revisar los referentes curriculares en diversos países. En Ontario, Canadá, uno de los mejores sistemas educativos, se enseña ‘Estudios Globales’ que incluye historia. En Singapur, el país con el mejor resultado en las Pisa 2015, se incluye la historia en las humanidades. Y en Chile, el mejor sistema educativo de América Latina, la asignatura se denomina ‘Historia, Geografía y Ciencias Sociales’.

La segunda precisión se refiere a la responsabilidad de mi gobierno. En 1987 se realizó el Congreso Nacional de Pedagogía sobre las Ciencias Sociales, que recomendó la modificación de la enseñanza de la historia basada en la memorización de fechas a un análisis interdisciplinario. En 1991 aparece el Movimiento Pedagógico Nacional, que llevó a un nuevo marco legal. Con una discusión amplia en el país se aprobó en el Congreso de la República la Ley 115 en febrero de 1994. Por tanto, la reforma a las Ciencias Sociales que buscaba su integración no fue una política del gobierno, sino un proceso concertado que pasó por el Congreso en una ley aún vigente.

Las presuntas deficiencias en la enseñanza de la Historia deben contrastarse con el fortalecimiento de las competencias críticas en los estudiantes. Los currículos pueden fortalecer los conocimientos en historia sin que sea necesario tener una asignatura especial, una discusión que en todo caso requiere un análisis del sector educativo.
César Gaviria Trujillo
Bogotá

Poco se piensa en la polis
Contundente la portada de la semana en su edición n.º 1848, pues tal parece que este país comienza a madurar sobre su política cuando el 21 por ciento de los encuestados prefiere a Sergio Fajardo y un 11,2 por ciento a Clara López. Pero lamentablemente poco se piensa de la polis, como en el caso que denuncia Germán Téllez respecto a la demolición del edificio de Arquitectura de la Universidad Nacional. Lamentablemente siguen siendo aquí cosas separadas.
Benjamín Barney-Caldas
Cali

Sin tapujos
En uno de sus confidenciales de la edición n.º 1848, titulado ‘País sin Historia’ escriben: “En Colombia, por el contrario, desconcierta el nivel de ignorancia con que los jóvenes llegan a la universidad”. Esto es muy cierto y ojalá en el pénsum se incluyan sin tapujos los motivos de las nueve guerras civiles entre liberales y conservadores en el siglo XIX, como también las motivaciones de la violencia que padeció el país a partir de la muerte de Jorge Eliécer Gaitán, confiando así que las nuevas generaciones que vivirán en un país diferente al de hoy no cometan los errores del pasado. Santayana sentenció: “Quien olvida la historia está condenado a repetirla”. Posiblemente estamos cometiendo los mismos errores del pasado cuando hoy el ‘país político’, pensando en sus egos y propios intereses como ha sucedido desde la época de la Patria Boba, se ha distanciado del ‘País nacional’, olvidando las necesidades básicas del común de los ciudadanos. Los partidos perdieron sus ideologías, no presentan soluciones y solo hacen cálculos electoreros contabilizando votos. Un ejemplo es el mal llamado proceso de paz que en realidad es solo la terminación del conflicto con las Farc, ya que la paz debemos construirla entre todos a pesar de los defectos que tenga el acuerdo, defectos que podrían solucionarse con un diálogo constructivo.
Pero esto no ha sido posible por esa actitud egoísta de los que nos gobiernan y que los historiadores nos recuerdan que actúan de la misma forma que durante la Patria Boba. Ojalá también se instaure la cátedra de Geografía, ya que un país que no conoce sus ríos, montañas, mares y riquezas desconoce lo que tiene y no lo valora. La geografía es el complemento de la identidad de una nación.
Alessio Mazzanti T.
Barranquilla

¡Eso ya lo vivimos!
Con respecto a la edición n.º 1848, ‘Se mueve el tablero’, nos queda claro que nadie quiere nada que venga del uribismo o similares. Relacionado con la edición n.º 1846 ‘El espejo de Venezuela’, nos ‘advierte’ de un posible autoritarismo, pero... ¡ya lo vivimos! Hubo un presidente que cambió la Constitución para reelegirse, intentó cerrar el Congreso y tenía ejércitos privados... En fin... ¡Ya pasamos por eso! 
Víctor Navarro
Barranquilla

No en el Caribe
Los felicito por el artículo sobre la Universidad Nacional. “Está llamada a desempeñar un papel relevante en el desarrollo del país”, pero cuál país. De 107.164 estudiantes, 54 son de la sede de la región Caribe (San Andrés), el 0,00055 por ciento. De 32.509 millones en inversión, a la sede de la región Caribe le corresponden 274 millones, representa el 0,0084 por ciento.
La región Caribe representa el 20 por ciento la población nacional, aportamos casi el mismo porcentaje en impuestos nacionales. Ojalá que el número de estudiantes y la inversión en la Nacional sea mayor.
En la costa Caribe, con seis departamentos, no hay ni una sede de la Universidad Nacional.
Gonzalo Blanco Arzuza
Barranquilla

Valores de autenticidad
Comienzo por destacar el reconocimiento que SEMANA merece por la magnífica edición dedicada a Pasto. Su presentación gráfica y estructural, así como sus contenidos constituyen valiosísimas herramientas que permitirán que la opinión sesgada a circunscribir la nacionalidad a cinco o seis ciudades cuente con elementos que le permitan mirar que allende el río Cauca existe un pueblo culto y contestatario, gracias a su esfuerzo y a pesar del anacrónico clericalismo; no obstante la insignificancia de su clase política y por encima del desdén de los medios, fue capaz de forjar la bella ciudad que aquilata valores de autenticidad.

Resultaba extraño que para SEMANA pasara desapercibido no solo el potencial representado en los tesoros de su sinigual paisaje, de su artesanía, su agricultura, su exquisita culinaria y, en fin, de todo cuanto representa el acervo ancestral que confluye en un departamento con los atributos propios de Nariño, sino todo cuanto representan sus valores humanos, que no por ausentes del centralismo burocrático dejan de sobresalir.
En otros aspectos, me refiero al desencanto que, entre las personas vinculadas a la jurisprudencia, tradujo el denominado ‘Pacto de Pasto’, que la semana pasada tuvo como escenario el emblemático recinto del colegio javeriano. Allí y con el Ejecutivo se reunieron las cabezas del Poder Judicial, en un evento que no pudo ocultar la intención de ‘presionar’ que la implementación de la jurisdicción especial para los aforados se pospusiese hasta cuando a las cortes les dé por bendecir las reformas a la Justicia. No se entiende que con este desprestigio de las instituciones judiciales, en una especie de mea culpa, ellas aspiren a reformarse a sí mismas, cuando por ética y estética mejor sería que de ello se encarguen estamentos, como los de la academia o incluso unos parecidos al Comité de Escogencia de los jueces de la JEP, que por ajenos e imparciales garanticen total transparencia.
Vicente Apráez Apráez
Bogotá

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