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| 12/18/2010 12:00:00 AM

Cartas

"Las revelaciones de WikiLeaks son más vergonzosas para Colombia". Javier López, Medellín.

Secretos al descubierto

Extraordinario artículo ‘¡Wikiguerra!’ (edición #1493). Nada más apasionante y reconfortante del diario vivir que encontrar la verdad, aunque traten de esconderla o destruirla. Es la máxima categoría en el inmensurable espacio del conocimiento, ordenador y propiciador del progreso humano.

Sin verdad no hay conocimiento y sin este no hay progreso. Sorprendente el grado de entrega de la soberanía colombiana del gobierno de A.U.V. a su colaborador Estados Unidos; hasta el punto que el ex embajador Brownfield rechazó propuestas a realizar que eran exclusivamente de la incumbencia y ejecución del gobierno colombiano. Algún día sabremos la incondicionalidad del Ejecutivo saliente. ¿Ya lo borrarían de la lista donde aparece en el lugar 82? En cuanto a los autoacusadores y rabiosos mensajes contra el mejor policía del mundo, es esgrimir desvergüenza contra credibilidad. Mañas contra decencia.

Las bigornias para los corruptos se multiplicarán a medida que los secretos por WikiLeaks y la prensa libre los descubran. Apoyo total a los que arriesgando sus vidas y libertad, en este mundo global de desigualdades y atropellos, como el soldado norteamericano Bradley Manning, analista informático, y el fundador de WikiLeaks, Julian Assange, nos dieron a conocer tan exquisito manjar navideño, el cual durará para muchas fiestas de la real democracia y la necesaria transparencia. Los ciudadanos tienen el derecho a conocer todas las realizaciones de los gobiernos que eligen.
 
Omar León Muriel Arango
Medellín


El resultado de la controversia

El artículo ‘Petrodólares y vías’, en su edición #1492. El gobierno está dispuesto a invertir el producto de la venta del 10 por ciento de Ecopetrol en un plan de inversiones en carreteras.

Pero el doctor Mauricio Cárdenas, representante de los accionistas minoritarios en la junta directiva de Ecopetrol, afirma, en un escrito periodístico, que dichos recursos no pueden destinarse para construir carreteras, porque no son de libre disposición del gobierno ni son fungibles con los ingresos de la Nación. De manera que es de mucho interés de los accionistas minoritarios saber el resultado de esta controversia.

Aníbal Camelo Leaño
Bogotá



Líbrenos, Señor 

Con la descripción (edición #1491) de la manera como el señor Martinelli está gobernando a Panamá, no extraña en lo más mínimo que le haga tan grandes favores a su ‘parce’ Álvaro Uribe. En cuanto a ideología y manera de manejar los hilos del poder en beneficio propio y de sus allegados, los dos son, como dirían los abuelos costeños, “cucarachas del mismo calabazo”.

El abierto nepotismo del gobierno de Martinelli, aunque no es igual, sí se parece a los favorecimientos y usufructos del poder que ejercieron los hijos de Uribe en los ocho años del gobierno de su padre. Afortunadamente ese periodo gris en el comportamiento de un presidente parece que ya se superó en nuestro país. Ojalá el presidente Santos no repita los errores de su antecesor. Si cosas como esas llegasen a suceder, el país, estoy seguro, se las condenaría con firmeza. A pesar de la horda de ciegos, mudos y sordos que dejó como herencia la era uribista, la opinión pública colombiana no se quedaría callada ante evidentes abusos en el poder como los que se han presentado en otras latitudes, verbigracia, la herencia de presidencia al estilo de los Kirchner o un jefe de gobierno amo y señor de los medios de comunicación y rey de los bacanales como el señor Berlusconi en Italia. Líbrenos, Señor.

Jorge Enrique Sierra Negrete
Medellín



Verdaderamente vergonzosa

Muchas gracias por mostrarnos semanalmente la realidad del país, como con el artículo de portada de su edición #1492. La información sobre las comisiones pagadas por los Nule es vergonzosa. Veintitrés mil millones de dineros públicos usados en corrupción no es otra cosa que la esclavitud moderna.

Se ha perdido la noción del dinero. Un billete de 20.000 pesos es aproximadamente el pago que se le da a un empleado de salario mínimo por un día de trabajo. Parte de nuestros ingresos se le entregan al Estado en forma de impuestos, para que, con un manejo adecuado, los inviertan adecuadamente y los retornen a la comunidad en forma de infraestructura, salud, educación, recreación, justicia y demás bienes y servicios para bienestar y progreso de los colombianos.

Cada 20.000 pesos de impuestos representa un jornal, un día de trabajo, un día de vida de un colombiano. Los 23.000 millones de dineros públicos que los Nule, según informa la revista SEMANA, han dedicado a pagar comisiones indebidas equivalen a haber esclavizado a 175 colombianos de salario mínimo durante 20 años cada uno.
El Congreso debería establecer dos días de cárcel por cada día de salario mínimo involucrado en eventos de corrupción.

Eduardo Silva Gil
Usaquén


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