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| 3/26/2011 12:00:00 AM

Cartas

"El artículo de portada resultó muy útil para poner en su verdadero nivel las especulaciones catastrofistas", Rafael León C, Bogotá

Total desacuerdo

Quisiera decir que estoy en total desacuerdo con que SEMANA (edición #1507) critique la iniciativa del senador Holguer Díaz, acerca del proyecto de ley que buscaba incentivar a los colombianos a tener máximo dos hijos.

No conozco el detalle del proyecto y tampoco soy experto en temas sociales, pero pienso que el hecho de tener una alta tasa de natalidad es un lastre para el progreso económico individual y colectivo, o mejor dicho, es una causa del subdesarrollo. Los no infinitos recursos de una familia promedio, invertidos en máximo dos hijos, rendirían mayores frutos, de toda clase, que repartidos en tres, cuatro, cinco, seis o hasta más hijos.

Al conocer un poco la problemática social de Colombia, uno encuentra que en los estratos 1 y 2, la tasa de natalidad es bastante alta, en comparación con los estratos 4, 5 y 6, en donde es poco usual encontrar familias con más de dos hijos. Lo anterior, es parte de las causas de la llamada ‘trampa de la pobreza’, personas con poca educación y pocos recursos se llenan de hijos, entre los cuales deben repartir los pocos recursos disponibles y esperan ayudas permanentes del Estado, infartan la seguridad social (dígase Sisbén), llenan las escuelas públicas y no logran generar personas productivas a la sociedad en la cantidad que se requieren.

Es curioso que los planes de desarrollo económico, al menos tal como los publican los medios, no incluyan proyectos de reducción de la tasa de natalidad, los cuales pudieran, en el muy largo plazo (25 o 50 años), convertirse en otra locomotora, una vez más, al permitir repartir el mismo pedazo de pan entre menos bocas.

Finalmente, me encantaría saber qué piensa el equipo económico del actual gobierno.

 
Carlos Andrés Orozco Trujillo
Medellín


Un despropósito

Me quiero referir a la sección Sube y Baja de la edición #1507 en la que la revista pone a bajar al parlamentario Holguer Díaz por proponer un proyecto de ley que estimule tributariamente a las parejas de colombianos que se autolimiten a tener máximo dos hijos.
 
Dicen ustedes que es un despropósito dicha propuesta en tanto que nuestro país tiene un promedio de cinco hijos por familia. ¿Cuál es, entonces, el número de hijos que el comentarista cree debería ser el parámetro para que la propuesta dejara de ser un despropósito?

No olvidemos que ese promedio de hijos por familia, para ser equilibrado, debe ser determinado por el grado de desarrollo y crecimiento de la economía, no existe un determinado número de hijos per se para que sea la formula ideal.

Creo entonces que esta peregrina afirmación de la revista amerita un tratamiento más riguroso del asunto y ponerlo más en términos del desarrollo y no tan ideológicos, que solo terminan por descalificar sin argumento alguno a los que pensamos que Colombia está en mora de que se asuma una política radical de población que ponga el crecimiento de la misma acorde con el desarrollo económico, para que cada día se acorte más la inmensa brecha entre pobres (familias numerosas) y ricos con uno o dos hijos por familia y creo que ese estímulo tributario puede ser una buena manera de empezar, aunque se requerirán más a otros niveles de la vida cotidiana, como el acceso a la educación, la salud, la recreación, etcétera, en términos más fáciles para las familias que se acojan a dicha política.

Luis Alfonso Ossa
Medellín


Respuesta a María Jimena Duzán

En relación con la columna de la edición #1507, me permito manifestar lo siguiente: Primero: no es cierto que tenga una estrecha amistad con el doctor Camilo Bula Galeano. A él lo conocí después de mi posesión como director nacional de Estupefacientes con motivo de una reunión a la que él asistió como jefe de la Unidad Antimafia de la Fiscalía General (Unaim).

Segundo: en febrero de 2007, el doctor Bula se retira de la Fiscalía y en junio el Comité de Selección de Depositarios de la DNE lo designa depositario de la empresa Promocom, no sin antes comprobar mediante certificación expedida por los organismos de seguridad (DAS, Interpol, Dijín, Fiscalía, Policía Antinarcóticos) que carecía de antecedentes que pudieran inhabilitarlo. Siete meses después, con motivo de la decisión de la Fiscalía de extinguir el derecho de dominio de la familia Nasser Arana sobre sus bienes, procedo a nombrarlo liquidador de esa sociedad. ¿Puede resultar sospechosa la designación de una persona que se había desempeñado como secretario privado del ministro del Interior y Justicia Fernando Londoño Hoyos, que después había sido designada en el equipo de asesores del ministro Sabas Pretelt, que de allí salió para ocupar la jefatura de una de las oficinas más importantes de la Fiscalía General como es la Unaim, y que además se encontraba inscrito en el listado de liquidadores de la Superintendencia de Sociedades?
Tercero: durante mi administración y la de mi sucesor se realizaron las asambleas ordinarias de Promocom con presencia del revisor fiscal, además de visitas de inspección y auditaje a la gestión del liquidador, respetando su autonomía e independencia. Los supuestos hallazgos encontrados por la fuente de la señora Duzán están en manos de los entes de control, que deberán estudiarlos a la luz de las disposiciones que establecen los deberes y derechos de los liquidadores y que los hacen responsables de sus actuaciones. Estoy seguro de que él sabrá dar las explicaciones que le corresponden.

Carlos Albornoz Guerrero, exdirector de la DNE
Bogotá


Intereses minirregionales

‘Demasiadas pistas’, SEMANA #1505, pone de manifiesto lo que desde estas páginas se ha dicho en repetidas ocasiones. En Colombia sobran aeropuertos y faltan vías de calidad, verdaderas autopistas. El caso del Eje Cafetero no es el único, donde de seguir campeando intereses minirregionales, a la postre se tendrán muchas pistas y terminales aéreas, pero sin pasajeros ni carga.

Antonio José Marulanda Rojas
Bogotá


Permisividad colectiva

Soy profesor universitario de Ética, además de profesor de Medicina, y desde hace varios años les expreso, con ironía y tristeza, a mis estudiantes: “En Colombia este curso hace parte de la literatura de ciencia-ficción y no de la filosofía política”. Pero para llegar a ese estado de “corrupción institucional” como ustedes lo han denunciado (SEMANA #1505), se tuvo que comenzar por una permisividad colectiva frente al ‘chanchullero’, que no es más que el admirado arquetipo del ‘astuto’ que desde tiempos de la Colonia ha sido reconocido y premiado. El que se pasa un semáforo en rojo también, si puede, hará fraude en su sitio de trabajo. 

A los estudiantes les digo: el que copia en un examen hoy, mañana, si le dan la oportunidad, se robará el presupuesto del hospital que dirige. No existen actos ‘un poquito’ deshonestos o ‘muy’ deshonestos. No hay personas ‘un poquito’ honradas. Solo hay personas honestas o deshonestas y acá no hay variedad de grises. Es ahí donde los colombianos nos equivocamos, es ahí donde la terrible frase de Turbay Ayala de “grados de corrupción” refleja nuestra permisividad con ‘los vivos’ que ya se convirtieron en los verdaderos dueños del país. La cínica frase de uno de los Nule de que “la corrupción es inherente a la naturaleza humana” es el mejor ejemplo de hasta dónde hemos llegado.

Orlando Mejía Rivera
Manizales












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