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| 6/18/2011 12:00:00 AM

Cartas

"El continente no resiste otro Chávez. Por eso prefiero pensar que Humala es distinto", Pedro Martínez M.

Indignación

A propósito de la gran hecatombe corrupta, con énfasis durante ocho años de gobierno plutocrático, el cual deja una estela de gases putrefactos, producto de un sinnúmero de ollas podridas que cada ocho días aparecen divulgadas en la objetiva revista SEMANA, quisiera de mil amores estar en España en estos momentos de protestas sin descanso. De voces democráticas consensuadas, exigiendo una calidad de vida mejor para todos los asociados, donde los derechos no sean vulnerados. Que la paz y la tranquilidad invadan todos nuestros espacios. Que se terminen de una vez por todas los privilegios.
Que los financistas y políticos no destruyan al ciudadano, utilizándolo como carne en el sándwich de la corrupción y la desigualdad. Que se admita de una vez, en la práctica, que los ciudadanos somos el poder ciudadano, el primer constituyente, y que los políticos solo son el conducto para establecer el poder democrático en beneficio de todos. Que en las definiciones esenciales de la problemática social, política y económica tengamos participación directa como sociedad electora y esencial. Que el erario sea considerado por los políticos como principio y fin de la nación, siempre en custodia de una urna cristalina, con manejo impoluto.

Pero más satisfacción sentiría si en nuestra Colombia, en América y en el mundo global estuviese ocurriendo la histórica protesta de España.

Aplausos. Queda en pie la convocatoria a todos los demócratas que, envenenados por las normatividades del consenso de Washington, hemos rechazado por inhumana la política neoliberal. Construyamos una nación y un mundo donde el ser humano y su entorno sean las células sustantivas y poderosas del Estado, con justicia social, igualdad y respeto. Acabar con los intereses particulares y mandatos virulentos que nos imponen los políticos de turno es el reto del momento, porque el bipartidismo nos tiene indignados y quebranta abruptamente el Estado social de derecho.

Omar Muriel
Medellín

La clave del desarrollo

Se lució SEMANA con su edición #1519 y el especial titulado ‘La nueva Colombia’. Es una berraquera, por decir lo mínimo, pues son 290 páginas cargadas del más grande optimismo sobre el futuro del próximo medio siglo gracias a la Orinoquia y a la Amazonia. Su revista vuelve su mirada hacia estas dos regiones, que no solo son importantes porque ocupan el 42 por ciento del territorio colombiano, sino porque su contenido es un hecho que se convierte en la clave del desarrollo del país.
Sin embargo, con lo vivido la semana anterior con relación a las regalías, no falta la pregunta que parece disonante: ¿será posible que con el raponazo de más de 530.000 millones de pesos anuales a partir de 2012, responderemos a este desafío?

Néstor Restrepo Roldán
Villavicencio

Emoción inmensa

Hubiera querido mirarme la cara cuando cogí en mis manos la edición especial ‘La nueva Colombia’ que acompañó la revista de la semana pasada. Da una emoción inmensa ver que hay tanta belleza en medio de las inundaciones y las minas, que hay leyendas de delfines rosados en medio de las noticias sobre corrupción. Siento que con esta entrega libré el dinero de la suscripción que hice a principios del año. Mil y mil gracias a la revista SEMANA por darnos un chocolatico para el alma.

María Flor Macías Rojas
Bogotá

Chiquita se defiende

La columna de León Valencia titulada ‘CBI y la reparación en Urabá’ (SEMANA #1517) demuestra desinformación. Partiendo de la falsa premisa de que Chiquita Brands International (CBI) concertó con paramilitares y promovió su actuar violento, el señor Valencia arremete injustamente contra la empresa.

La verdad es una: las filiales de CBI en Colombia fueron obligadas a ceder a las exigencias extorsivas de los violentos (de derecha y de izquierda), para evitar retaliaciones contra sus empleados. La empresa ha sido transparente y admitió los pagos, pero jamás reconoció la entrega de dinero a los paramilitares “para financiar” su guerra, porque eso no es cierto, como se evidenció durante la investigación penal en Estados Unidos.

La extorsión de los paramilitares quedó en evidencia durante la investigación realizada por el Departamento de Justicia de Estados Unidos durante cuatro años. La empresa fue multada por su falta a la ley de Estados Unidos, que prohíbe realizar pagos a cualquier grupo denominado terrorista sin la autorización previa de las autoridades.

Son también falsas las acusaciones de que CBI facilitó la transferencia de armas a los violentos que la extorsionaron, como lo evidencia un informe de la OEA que responsabilizó a personas ajenas a CBI por el caso del buque Otterloo, mientras la justicia colombiana condenó a los responsables, incluidos algunos agentes de aduana.
Los empleados de CBI vivieron en carne propia el impacto de la violencia en Colombia. Por eso es incomprensible la pretensión de que responda por los horrendos crímenes de los grupos armados, que han contado con recursos suficientes derivados del narcotráfico, entre otras fuentes de financiación, para costear su accionar violento.

Julio Andrés Sampedro, vocero en Colombia de Chiquita Brands International
Bogotá


La más terrible bajeza

Con rabia, tristeza y perplejidad (SEMANA #1512) queremos señalar que en la insania de los nazis criollos, patética opereta que ustedes registraron, está delirantemente involucrado un pariente nuestro en diferentes grados, padre, hermano, tío. Ese pariente pertenece ahora a una familia insana, de monigotes de algo que en desmedro del pensamiento llaman ideas de “pureza”. Lo peor de la farsa es que reducen a cosa de risa la más terrible bajeza humana de todos los tiempos. Son payasos siniestros, pero al fin payasos, habitantes de la franja lunática. Nos avergüenza incluso levantar un brazo para parar un taxi, solo por no repetir un gesto que pudiera parecer nazi, como ese saludo de pata al aire que les hacen los perros a los árboles o a los hidrantes.

Jamás nos haremos cómplices de las expresiones de un familiar atacado por la demencia senil de creerse ario en una familia mestiza, a sus 78 años de edad. Creemos que hay que confrontar al nazismo en donde levante su cabeza, señalarlo como una lacra que solo anida en la peor miseria humana.

Nos declaramos negros como Lumumba; judíos como Max Jacob, al que solo alumbraba una estrella amarilla en la solapa del campo de concentración donde murió; nos declaramos libres de prejuicios raciales, libres de repudiar a cualquier prójimo por sus apetencias sexuales. Libres de romper lazos familiares con quien no los merece y de fundar una familia electiva en la que los parias, los mendigos, los sin lugar, sean nuestros hermanos. Que otros sigan levantando sus brazos necrosados y gritando carajadas y caralsoles delirantes, que los acompañe para siempre su soledad en el espejo.

Bolivia Roca de Edery, Juan Manuel Roca, Ana María Roca, Luz Stella Roca, Andrea Roca
Bogotá


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