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| 7/23/2011 12:00:00 AM

Cartas

"Ni en medios internacionales leí un relato tan completo del caso Murdoch", Renata González, Bogotá

Del excanciller

El artículo de la última edición de la revista titulado ‘La puerta giratoria’ (SEMANA #1524) cae en imprecisiones que confunden al lector y genera dudas sobre la conducta de un buen número de personas. Incluye una lista de nombres de la pasada administración con un subtítulo que sugiere que se trata de “altos funcionarios oficiales que pasan al sector privado que antes regulaban”, como si fuese una violación masiva al régimen disciplinario de inhabilidades.

En mi caso particular, además, se me menciona por hacer parte de la junta directiva del Grupo Sura, “sin haber cumplido el año que exigía el Código Disciplinario”.

Las inhabilidades en el ámbito al que se refiere el artículo solo se predican cuando se trata de decisiones vinculadas con la entidad o el sector en el cual se ejerció el cargo anterior. No existe limitación alguna, ni puede existir, para un funcionario de vincularse con empresas o entidades que no tengan relación con las funciones ejercidas anteriormente. Claramente las funciones como ministro de Relaciones Exteriores no tienen relación alguna de jurisdicción o competencia con el papel como miembro de junta de la empresa mencionada. Por esta razón, hacer esa extrapolación no solo constituye una interpretación equivocada de la norma, sino que termina generando conclusiones que llevan al absurdo, como suponer que los funcionarios públicos no pueden vincularse con ningún ámbito del sector privado al cesar sus funciones.

Jaime Bermúdez
Bogotá


Ollas podridas

Siempre leo SEMANA, pues me parece un medio de comunicación serio y claro. Por ello he desarrollado la sana costumbre de leer semanalmente su publicación y a los columnistas que escriben sus artículos en ella, porque gracias a ello me mantengo enterado del acontecer nacional. Desde hace mucho tiempo me he percatado de que estamos siendo testigos de una serie de acontecimientos graves para el país y, por ende, para los colombianos. No alcanzamos a reponernos de una noticia cuando nos está cayendo encima la siguiente, cada vez más grave que la anterior. Por citar solo algunas, traigo a colación los falsos positivos, las ‘chuzadas’ de DAS, la adjudicación de los subsidios del AIS, el desfalco a la salud, el robo a la Dian, el carrusel de la contratación en el Distrito... etcétera, y todavía nos dicen que faltan muchas ollas podridas. Yo me pregunto ¿qué clase de gobernantes tenemos? Pues, según ellos, todo sucede a sus espaldas; y con esa frase, que ya suena a cajón, quieren salir bien librados de los escándalos antes mencionados. Dios nos libre de volver a caer en errores pasados que nos han traído hasta estas realidades tan amargas.

Miguel Ángel Roa Cortés
Bogotá


De Yuri Chillán

Tengo como norma de vida el mayor respeto por la prensa y sus opiniones. Sin embargo, me motiva a escribirles que en el artículo ‘Los atracadores’, publicado en su edición #1524, el señor Antonio Caballero, de manera parcializada, hace un análisis del desarrollo del Parque Bicentenario y además me achaca, bien cerca del título, sin contexto alguno y entre comillas, la transmisión de una supuesta orden que nunca recibí y jamás impartí, que no es cierta. Ignoro cuáles serán las fuentes que lo habilitan a citarme de esa forma, porque conmigo no habló, pero nada le permite referir de mí lo que yo no he afirmado.

Yuri Chillán Reyes,
secretario general de la Alcaldía
Bogotá

 
La corrupción galopante

Gracias, revista SEMANA, por ese completo reportaje sobre la corrupción en la Dian (edición # 1524), pero aún falta mucho por descubrir sobre esta mafia que ha desfalcado a la Nación en condiciones inimaginables. Pensándolo bien, si no existiera la corrupción seríamos un país equitativo. Alabo las gestiones del presidente de la República para acabar con la corrupción, que acecha el camino hacia el progreso de nuestro país; ojalá que todo ese especial mediático que nuestro primer mandatario ha querido implantar sobre la corrupción al final valga la pena.

Javier Leonardo Rodríguez Sánchez
Bogotá

 
Salen de órbita

En relación con la edición #1524, el artículo ‘2011 odisea final’ enumera en el análisis las causas y los hechos que dieron por terminada la vida de los transbordadores, mencionando, entre otros factores, la falta de recursos de Estados Unidos. Pienso que los norteamericanos arriesgan su primer lugar en la carrera espacial y en la conquista de nuevos mundos. Son muchas las investigaciones y los experimentos científicos que se lograron realizar en el espacio gracias a los transbordadores, aunque a la luz pública salga muy poca información.

Otro hecho que llama la atención es por qué Estados Unidos no volvió con misiones tripuladas a la Luna –solo tres días de viaje–, sobre todo si se tiene en cuenta que allí existe un suelo metalífero que al ser fundido y procesado industrialmente puede producir titanio, aluminio, hierro y magnesio.

Son muchos los misterios y preguntas sin respuesta que nos deja esta generación de transbordadores ¿Qué resultados han dado los proyectos de la Nasa en relación con búsqueda de vida inteligente? ¿Estamos solos? Al fin y al cabo, 135 misiones y treinta años de viajes no son garantía para la humanidad de vivir fuera de la órbita terrestre.

Luis Andrés Forero Rojas
Bogotá

 
De un librero

El artículo sobre librerías independientes (SEMANA #1524) tiene tantas imprecisiones y lugares comunes que, como librero en ejercicio por más de cincuenta años, me veo en la obligación de criticarlo.

Primero que todo, ¿qué es eso de librerías independientes? Que yo sepa, aquí no hay librerías estatales ni multinacionales. A no ser la del Fondo de Cultura Económica de México, que es multinacional y del gobierno mexicano, todas las demás son empresas privadas e independientes. Que tengan una o veinte no les quita el carácter de independientes. ¿Lugares comunes? A montón. Que en las llamadas librerías independientes no se obliga a comprar a nadie. En ninguna se obliga. Como tampoco hay un tiempo limitado para que los clientes permanezcan en el establecimiento. También los libreros no ‘independientes’ les consiguen los libros a los clientes y saben ser anfitriones y pueden conversar sobre libros y autores y no venden solo best sellers. Por otra parte, se equivoca el señor Lleras cuando afirma que los libros electrónicos nos liberarán de los best sellers. Precisamente los libros que más se consiguen en las plataformas digitales son los que están agotados en papel. Además, ¿por qué ser peyorativos con los best sellers? ¿No han sido best sellers García Márquez, Vargas Llosa, Borges y Cortázar? Esta guerra entre humanistas y comerciantes, entre los aristócratas del libro y los que no somos más que ignaros proletarios, es absurda. En vez de unirnos alrededor de los verdaderos problemas que amenazan al libro, sobre todo aquí en Colombia, nos dedicamos a dividir la casa.

Felipe Ossa Domínguez, Librería Nacional
Bogotá

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