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| 9/17/2011 12:00:00 AM

Cartas

"El informe sobre los diez años del ataque contra las Torres Gemelas fue impactante", Roberto Ramírez, Medellín.

Tragedia mundial

El 11 de septiembre de 2001, que ustedes comentan en su edición n.° 1532, es una fecha fatídica, no solo para Estados Unidos, sino para el mundo entero. No son pocas las cosas que han cambiado: la neurosis colectiva y la cotidianidad del miedo en suelo norteamericano, la estigmatización de los inmigrantes (sobre todo árabes) en los países desarrollados, la crisis económica, las invasiones de Irak y Afganistán, etcétera. Las conjeturas sobre la autenticidad del atentado y las teorías conspiracionistas, independientemente de su veracidad, son una forma de poner a pensar a la gente en otras cosas, en no plantearse el problema de que el terrorismo tiene una causa, no una justificación, que va más allá de la mirada miope, intolerante y fanática de la extrema y conservadora derecha que maneja el poder en Estados Unidos y en el mundo.

Fernando Salamanca Rozo
Bogotá

 
Fenómeno nacional

Con respecto a su artículo ‘El eslabón perdido’ (SEMANA n.° 1532) en el que se menciona el papel de los concejales de Bogotá en el ‘carrusel de las contrataciones’, es importante mencionar que este es un fenómeno que se presenta en todo el país.

Bogotá, como Distrito Capital, es la única ciudad en donde los concejales tienen salarios decentes y a pesar de esto ellos no desaprovechan la oportunidad para generar ingresos y enriquecerse a través de actividades muy cuestionables como la contratación pública y la burocracia.

Definitivamente lo que nos ratifica este artículo es que la manera más efectiva de lograr movilidad social en el país es a través del ejercicio de la política –o mejor, la politiquería y el clientelismo– y de la burocracia a nivel de las instituciones públicas.

Esto se ve favorecido por la ineficacia de los entes de vigilancia y control, como la Procuraduría y la Contraloría, y la lentitud de la justicia, que muestra niveles de impunidad alarmantes.

Carlos Andrés Hernández Franco
Bogotá

Con recursos propios

Me permito hacer las siguientes precisiones al artículo ‘El eslabón perdido’, de la edición n.° 1532. Como concejal de Bogotá y en calidad de médico pediatra, mi gestión ha estado centrada desde el principio en mejorar la prestación de los servicios de salud. En este sentido, estoy convencido de que el calificativo ‘concejal de los Nule’ mencionado por Inocencio Meléndez no corresponde con la realidad, toda vez que nunca he realizado debates que favorezcan los intereses de personas naturales o jurídicas que contratan con el Distrito.

Con respecto a lo mencionado sobre nuestro candidato a edil de Chapinero, Alfredo Althviz, preciso: primero, el señor Althviz ha hecho labor social por más de doce años en Bogotá y distintas ciudades del país, financiando su actividad con recursos propios, fruto de su labor profesional como consultor en el sector privado. Esta es la primera vez que el señor Althviz participa en política. Segundo, la fiesta de Halloween citada tuvo lugar en 2010 y su costo no sobrepasó los 250.000 pesos, suma que no despierta suspicacia como parte de un trabajo comunitario. Tercero, el ‘patrocinio’ de torneos de fútbol obedece a una donación de balones y dotación deportiva que no superó los 800.000 pesos. Cuarto, el “arreglo de canchas de fútbol” corresponde a una repavimentación de tres canchas que ya estaban construidas y en la que la población local participó con parte de los recursos. Si se tiene en cuenta que dicha obra puede costar entre cuatro y siete millones de pesos, la contribución total del señor Althviz estuvo alrededor de los nueve millones. Las fotos publicadas en la edición impresa y electrónica no corresponden a las inauguraciones sino a la celebración del Día de la Madre en la localidad. Por esta razón, quizá, lo más importante es hacer hincapié en que las actividades mencionadas se desarrollaron entre finales de 2010 y los primeros meses de 2011, cuando el señor Althviz no había decidido ser candidato a edil.

Finalmente, deseo reiterar ante esta revista y ante la ciudadanía mi total respaldo a la campaña transparente y honesta de una persona con la calidad humana de Alfredo, quien me acompaña desde hace cinco años, cuando nos conocimos en circunstancias netamente académicas y decidimos, entonces, hacer equipo para construir una mejor ciudad.

Edward Arias Rubio, concejal
Bogotá


¿Aurelio?

En relación con su artículo de la edición n.° 1530, ‘Quién es Aurelio’, les contesto: para mí, alguien a quien no le importa contaminar mi ciudad con carteles amarillos pegados por todos lados. Alguien que no respeta las reglas del juego de la democracia. Alguien que desprecia el centro histórico, único barrio de mostrar, pegando carteles en sus paredes sin importarle el daño físico que les causa con esto a las fachadas y a los propietarios de los inmuebles que tienen que salir a pelar y pintar con sus propios recursos el frente de sus negocios o casas. Alguien que irrespeta el espacio público. Los tiempos han cambiado, así ya no se hace la política. Falta que salga en carro con altoparlante a gritarnos a todos quién es él…
A mí no me interesa saber quién es Aurelio.

Diana Drews
Bogotá

 
No todos son corruptos

SEMANA habla del ‘Despelote en las cárceles’ (edición n.° 1528) y proyecta una radiografía de la cruda realidad que se vive en los centros carcelarios del país, como consecuencia de la corrupción.

Según el artículo, “la corrupción ha penetrado a tal extremo las filas de los 10.800 hombres de la guardia del Inpec, que su actual director, después de relevar de sus cargos a 81 directores y subdirectores en los escasos siete meses que lleva al mando, dice que la solución es hacer un nuevo instituto”.

Considero que con esa afirmación se está satanizando al ciento por ciento de los funcionarios adscritos al Inpec, y se da a entender de manera errada que todos los directores y subdirectores fueron relevados de sus cargos por nexos con la corrupción, situación que resulta ofensiva para los directivos que sí han trabajado con honestidad y transparencia, quienes sí se han preocupado por mantener el orden y la disciplina en el interior de los centros de reclusión, haciendo seguimiento a subalternos corruptos y denunciándolos, enalteciendo de paso el nombre del Instituto Nacional Penitenciario y Carcelario.

Sería bueno que SEMANA aclare que no todos los directivos de las cárceles del país fueron removidos por actos ilegales, y por ello considero oportuno sugerirles que averigüen cuántos de los directores y subdirectores retirados de sus cargos afrontan procesos disciplinarios, penales y fiscales, para que la publicación sea más objetiva e imparcial.

La corrupción no se extingue únicamente con cambiar a los directivos malos, sino que se debe reestructurar la entidad, haciendo eficientes las oficinas de control único disciplinario que operan en las seis subdirecciones operativas regionales del Inpec, para así evitar que las conductas anómalas en que puede incurrir el personal de custodia y vigilancia se queden en la impunidad.

Jhon Jairo Ortiz
Pasto



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