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| 12/10/2011 12:00:00 AM

Cartas

"Los colombianos ya no aguantamos más el secuestro", Miguel Salazar V., Cali.

No a la muerte

En alusión al artículo 'Marchemos por ellos' (edición n.° 1544), la indignación nacional tiene varias aristas y las más repudiables son la guerra y la corrupción. La indignación colombiana debe ser total contra todo tipo de violencia, provenga de donde provenga. Incluso duele y preocupa la muerte natural porque es ingrata y desleal con el hermoso e irrepetible vivir, pleno de lucha y amor. Y al valorar la vida en su máxima expresión, me adhiero a la posición de la Iglesia católica, en cabeza del arzobispo de Cali, Darío Monsalve, en cuanto a la solución política de esta inútil y demencial guerra. Su lectura frente al asesinato es de repugnancia global: "¿ Por qué no trajeron vivo, por ejemplo, a Alfonso Cano, cuando se dieron todas las condiciones de desproporción absoluta y de sometimiento y reducción a cero de un hombre de más de sesenta años, herido, ciego y solo?" De otro lado, hay que expresar el dolor y el repudio por el vil asesinato de nuestros guardianes héroes, los cuales sufren con sus familias y ciudadanos los infames embates de una guerra fratricida. Todo ser que cae asesinado tiene dolientes, porque es la vida misma, grandeza infinita del cosmos y origen del presente y del futuro. No a la muerte por definición y principios. Por la vida, todo; por la muerte, nada. La Constitución política le da plena garantía a la ciudadanía para exigir el derecho a la paz, el cual es de obligatorio cumplimiento (artículo 22). A marchar, entonces, todos los colombianos por la paz y el repudio a la corrupción, engendro de males, hasta lograrlo, sin llamar a la polarización del país.

Omar León Muriel A.
Medellín


Le faltó pueblo

"Las mayores críticas vienen de los sectores medios", dice en su artículo 'Campanazo' (SEMANA n.°1544), que en nada se refiere a los sectores populares, que también opinan y que solo la realidad puede hablar por ellos. No poder ver o no querer entender que nuestra peor desgracia nacional es la mala calidad de la justicia se convierte en la peor injusticia de nuestra realidad y de la encuesta en su artículo.

Desconocer la mala calidad es ser alevoso. O ciego o sordo o los tres a la vez. Es su artículo sobre el peor problema del país no aparece mención a la justicia, que precisamente por mala se está tratando de reformar, no sin intentar quitarles terreno a conquistas del bien común ganadas en la Constitución de 1991.

Ustedes en su artículo apenas lo mencionan, pero no concretan: esa palmaria injusticia entre el crecimiento económico del PIB (5 por ciento) y la pobreza de una sufrida mayoría de la población en la que solo se incrementan la violencia, el atraso y el rigor climático. Eso se llama injusticia, palabra que significa deficiente justicia, que es obligación del Estado y cuya reforma, aunque urgente, se está acomodando a los intereses y privilegios de quienes la crean, la reforman y la imparten en detrimento de quienes la urgimos pronta y de buena calidad. Esa mala justicia es la primera gasolina de nuestro conflicto, además de serlo también el narcotráfico, que, con sus accesorios, como el lavado de activos en el sistema financiero y en la construcción, nos moldean un país cada vez más inmerso en los otros males reseñados en su diagrama, en el que también deben incluir esta variable justicia, además de incluir la opinión de las clases bajas, que también son opinión pública. ¿O será que en Colombia hasta las encuestas son excluyentes?

Miguel Saavedra M.
Medellín

Altísimos valores

Esa entereza de carácter del magistrado Jaime Arrubla Paucar (SEMANA n.° 1543) es el resultado de altísimos valores morales y éticos asimilados en el hogar de sus padres. Si no, no se puede comprender tanta paciencia, tanta dedicación a su esposa, realmente es el milagro del amor, que todo lo puede y todo lo vence, no es tanto el testimonio de una agonía, sino la parábola de aquellos que siembran con lágrimas y hoy cosechan con regocijo y alegría.

Los 14 años y 8 meses que duró la enfermedad fueron, en verdad, una oración a la dificultad.

Norberto Ortega Vargas
Bogotá

Reconocimiento a Suiza

La providencia de la fiscal de Cartagena sobre el caso de Las Pavas (SEMANA n.° 1544) hace mención de varias instituciones de cooperación suiza de extraordinaria seriedad en su solidaridad con el pueblo colombiano.  Agradecemos inmensamente esa solidaridad. Sabemos que estas instituciones son personas jurídicas independientes y entendemos, por tanto, que sus actuaciones no comprometen a la Embajada ni al gobierno de Suiza. Nos parece importante hacer esta claridad, al tiempo que queremos expresar nuestro reconocimiento al apoyo que ha dado siempre la Embajada de Suiza al esfuerzo de los colombianos que trabajan por la paz.  

Francisco de Roux S.J.
Bogotá

Pensar en grande

Su artículo titulado 'Desastre vial' (edición n.° 1543) es hora de pensar en grande: túneles, viaductos y construir una infraestructura acorde con la nueva era del comercio, me parece totalmente equivocado. Colombia debe volver a mirar hacia los grandes afluentes que interconectan el interior del país con los puertos, y derrumbar una política pública equivocada que dio al traste con la navegación fluvial y los ferrocarriles para darle paso al transporte terrestre, que obedecía a los intereses de una familia que gobernó este país por varios periodos, a ver si de una vez por todas estos pueblos de la ribera del Magdalena, por ejemplo, reactivan sus economías y mejoran sus condiciones de vida.

Pedro Antonio Ortiz Camacho
Bogotá

Pacífico desconocido

La entrega regional 'Somos Pacífico' de la revista SEMANA, dedicada a Nariño, Cauca, Valle y Chocó, nos muestra la maravillosa riqueza natural, turística, económica y social de esta región, que mira con inquietud "al otro lado del océano con miles de millones de potenciales consumidores" del Asia. Comarca paradisíaca, multicultural, biodiversa, con los más bellos y originales atractivos en contraste con la agobiante pobreza, 61 por ciento de los 10 millones de habitantes, la falta de oportunidades, el aislamiento y el centralismo asfixiante, queda a la expectativa del sistema de regalías. Más que diccionario y chiste pastuso, en Nariño sobresalen el Carnaval Andino, único en el universo, el turismo religioso en Semana Santa, el Santuario de las Lajas, las playas en la costa pacífica, humedales, parques naturales, lagunas, volcanes. De gravedad absoluta  son el narcotráfico, la inseguridad, las organizaciones armadas ilegales que siembran terror. Debemos pacificar el territorio. Es urgente el asfaltado de la vía aeropuerto-Mojarras, Pasto-Tumaco, El Pedregal-Túquerres-Ipiales, la doble calzada Cali-Rumichaca; el aeropuerto alterno San Luis en Ipiales; la refinería de Tumaco, la hidroeléctrica del Patía y la modernización de ciudades como Pasto, Ipiales, Tumaco, Túquerres, Samaniego, Sandoná, etcétera. Gracias y felicitaciones a los editores por tan precioso regalo para todos los colombianos.

Bernardo Andrade Tapia
Ipiales

Para todos

N. de la R. El artículo 'Ópera para todos', que apareció en la sección Cultura de la edición 1544, no fue escrito por Emilio Sanmiguel sino por la redacción. Mil disculpas.
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