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| 12/24/2011 12:00:00 AM

Cartas

"Excelente el resumen del año. Ciertamente es una edición para guardar, como siempre", Roberto Salgado, Medellín.

Saber pensar

En la entrevista de María Jimena Duzán al profesor Camilo Jiménez a raíz del debate sobre su renuncia (edición no 1546), afirmaciones como: “Estoy contra la mediocridad de los estudiantes”, “si uno no entiende bien lo que lee…”, “quiero saber qué están haciendo los colegios”, etcétera, no tienen en cuenta que antes de redactar hay que aprender a pensar. Y en algunos colegios esto se logra con excelentes resultados. El programa del Bachillerato Internacional tiene como requisito de graduación una monografía consistente en un ensayo de hasta 4.000 palabras, fruto de un trabajo de investigación dirigido por el propio alumno y supervisado por un profesor. Además, la asignatura de Teoría del Conocimiento, que requiere de 100 horas de investigación orientada a la reflexión crítica acerca de los múltiples campos del conocimiento, finaliza con un ensayo de 1.200 a 1.600 palabras y una presentación oral a la clase con su discusión posterior.

Por otra parte, en su novela El juego de abalorios, del año 1943, Herman Hesse anticipaba el mundo que quieren los humanistas y su fracaso. El libro pinta una hermandad de intelectuales, artistas y humanistas que viven una vida de espléndido aislamiento, dedicados a la Gran Tradición, su sabiduría y su belleza; pero el héroe de la historia, el más consumado Maestro de la Hermandad, decide al final volver a la contaminada, estúpida, turbulenta, conflictiva y codiciosa realidad porque los valores humanistas son solo oropel, a menos que tengan relevancia para el mundo. Y para ello hay que saber pensar. Muchos de los estudiantes actuales, pocos años después de licenciarse, dicen: “Lo que he aprendido con tanto interés no tiene ningún sentido, no tiene relación con nada de lo que hago, con nada de lo que me interesa, con nada de lo que quiero llegar a ser”. Por eso Alison Simmons, copresidenta del grupo de trabajo y profesora de Filosofía en Harvard dice: “Nuestro objetivo es ayudar a los estudiantes a que traten de extraer las conexiones entre lo que ellos están aprendiendo en el aula y sus vidas en el siglo XXI (...) No estamos tratando de decir que un hombre o una mujer educada necesite saber esto, aquello o lo otro. Lo que estamos diciendo es que una persona educada debería tener una serie de competencias: capacidad de interpretar, para resolver problemas, para reflexionar, y capacidad crítica que lo ayuden a andar por el mundo.” Eso es lo que están buscando en Harvard y en muchos colegios.

Pedro Aja Castaño
Bogotá

Buenas, buenas…

Créanme que lo que más lamento es que en su última revista SEMANA del mes de diciembre (edición no 1544) no haya sido incorporada la página social para ver a don Poncho Rentería o al señor Carlos Mattos. No nos priven de tanta belleza.

Julio Ogando García
Valledupar

Sobre el cambio climático

Deseo felicitarlos por su amplia cobertura del cambio climático en su revista (edición no 1543). Es muy muy bueno.

Deseo hacerles algunas aclaraciones sobre lo dicho en varios artículos:
 
En Durban, la última palabra: la posición de Colombia y otros países de adaptación es, a mi manera de ver, poco realista a largo plazo si no trabajamos también seriamente en mitigar, o sea, curar al enfermo. Adaptación es una táctica para paliar hoy el problema, pero es poco realista en cuanto al futuro. Desde 1980 hasta la fecha, los eventos atmosféricos extremos se han cuadruplicado –esto solo con aproximadamente 1 °C de aumento promedio. Imaginemos cómo será la situación con +1,5 °C o +2 °C, ergo, el problema no serán las carreteras, si se hace bien la adaptación, sino los cultivos, la falta de alimentos, hambrunas, etcétera. Si Colombia no trabaja en mitigar, no tendrá fuerza moral para exigir que otros países lo hagan también.

Colombia vulnerable: segundo párrafo. Y aunque todavía muchos discuten, quizás los no informados lo discuten, pues los informados están todos de acuerdo. En efecto, en un sondeo que se hizo en 2009, el 97,5 por ciento de los 3.146 climatólogos consultados por Peter T. Doran y Maggie Kendall Zimmerman, del Earth and Environmental Sciences, University of Illinois en Chicago, están de acuerdo en que el cambio climático es mayormente consecuencia de la actividad humana. Ahora bien, no solo hay que parar la destrucción de los bosques sino recuperar ecológicamente los destruidos. Pero ¿cómo paramos la destrucción de los bosques? Pues hay que disminuir la ganadería en favor de la agricultura, haciendo, claro está, un cambio en la dieta de los colombianos en la que se elijan menos proteínas animales que vegetales.

Medidas extremas: cómase las verduras (¡excelente idea!). El ganado genera una quinta parte de las emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEI). La cifra citada por ustedes, 18 por ciento, es la vieja y muy cuestionada cifra de la Food and Agriculture Organization (FAO). En efecto, The Commonwealth Scientific and Industrial Research Organisation (Csiro), de la academia australiana, y la Universidad de Sidney dan una cifra de, al menos, el 30 por ciento. En un estudio reciente del Worldwatch Institute de Washington D. C. –una muy respetada ONG– la cifra es de, por lo menos, el 51 por ciento. Esto quiere decir que con solo un cambio de alimentación podríamos encontrar la manera más fácil, rápida y económica de efectuar una disminución sustancial de GEI, más de lo que emite todo el transporte del mundo.

Por último, quería mencionar que, a propósito del estudio epidemiológico más grande de la historia –6.500 adultos de la China rural en los ochenta– que relaciona la alimentación y las patologías, el China-Oxford-Cornell Study encontró que la causa fundamental de las llamadas patologías en Occidente –cáncer, coronarias, diabetes, alzhéimer, etcétera– es el exceso de proteínas animales y no las toxinas y la genética. La recomendación implícita es dejarlas completamente. Precisamente tengo una conferencia, que dicto aquí en Cali, llamada Alimentación, Salud y Cambio Climático.

Giuseppe LaManna
Cali

Valencia en .com

N. de la R. Por un error de coordinación, la columna de León Valencia no alcanzó a aparecer en esta edición impresa de SEMANA. Búsquela por favor en internet, en su lugar habitual en semana.com

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