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| 1/28/2012 12:00:00 AM

Cartas

"La dificultad de esa discusión es que es muy emotiva y muy emocional", Carlos Alberto Manrique, Bogotá.

Hipocresía

¿Qué es peor? ¿Matar sistemáticamente a millones de vacas o matar con tortura a decenas de toros en una fiesta? Aunque no soy aficionado a la fiesta brava ni vegetariano, pienso que una persona es hipócrita si come carne de res al almuerzo y rechaza las corridas de toros por crueles. Sin embargo, no rechazar la fiesta brava no es lo mismo que patrocinarla con dineros del Estado. La fiesta brava, si existe, debe ser por interés privado.

José Luis Quiroga
Bogotá

Que prohíba todo

Sobre su artículo de portada de la edición n.° 1551: “Todos los espectáculos, la cultura, el arte alrededor de la vida, bienvenidos, pero no lo que se construye a través de la muerte de animales o de seres humanos”. Palabras del alcalde Gustavo Petro, quien inició su cuatrienio con demagogia y populismo al prohibir las corridas de toros en la capital. Obvio que no estamos de acuerdo con torturar a ningún animal, llámese toreo, riña de gallos, función de circo, corraleja, coleo, peleas de perros, etcétera. Pero la Ley Taurina 916 del año 2004 está vigente y para modificarla tendría que hacer curso en el Congreso, y no desde el Ejecutivo. Sugiero que el alcalde prohíba el boxeo, mal llamado deporte, pues es un espectáculo sangriento donde dos seres humanos se destrozan a golpes, en muchísimos casos ocasionando la muerte. Prohíba el licor que genera violencia y muerte, instaure el toque de queda; definitivamente lo que necesitamos es un gerente, no un demagogo con tintes de poeta quien pregona en todos los medios el amor a la vida, que es más que obvio. Las Licorerías y las Tabacaleras, al igual que la Corporación Taurina de Bogotá con 1.300 millones de pesos por temporada, subsidian la educación, la salud, y el entretenimiento.

Helena Manrique Romero
Bogotá

Sobre la entrevista del pastor

En relación con la entrevista de María Jimena Duzán, (edición n.° 1551) me permito exponer lo siguiente: Primero, Carlos Alonso Lucio no es pastor, sino un feligrés que fue invitado a relatar ante la iglesia su testimonio de conversión al cristianismo. Segundo, él y Viviane Morales no han sido ‘‘casados dos veces’’ en la iglesia. Su único matrimonio religioso tuvo lugar en el año 2000, como fue profusamente divulgado. Tercero, Asambleas de Dios no pertenece al grupo de las llamadas ‘‘iglesias históricas’’. Es una denominación joven, que se organizó de forma autónoma en las primeras décadas del siglo XX durante el auge del movimiento pentecostal. Cuarto, Casa sobre la Roca está cumpliendo veinticinco años y tiene veintisiete iglesias en Colombia, tres en Estados Unidos y una en Madrid, España, todas las cuales rinden cuentas al Concilio Global, tal como lo hacen, en su caso, las propias Asambleas de Dios.

Darío Silva-Silva
Bogotá

Por los niños y niñas

Leí el artículo de Antonio Caballero titulado ‘¡Ay, los toritos...!’ (SEMANA n.° 1551). Debo lamentar, en primer lugar, el que haya mezclado, en el marco de un debate por las corridas de toros, dos temas tan diferentes como el de la dolorosa violencia contra los niños y niñas y el del maltrato a los animales, y que para criticar al alcalde Petro me haya mencionado de forma ofensiva con relación a mi trabajo por la defensa de los derechos de nuestros niños y niñas. Primero. He dedicado gran parte de mi vida a defender los derechos de quienes considero el más importante capital humano de cualquier sociedad: los niños y niñas, grupo al que más le violan sus derechos en este país. Más de un 1 millón cada año son asesinados, maltratados, violados o explotados sexual y laboralmente, en medio del más aberrante silencio. Segundo. Por lo anterior debo señalar que, en lo personal, los debates y movilizaciones por la defensa de los animales me ofende cuando la violencia contra seres humanos es diaria y atroz. Siempre hay algo más importante que los niños y niñas, ese es el primer problema. La misma semana en la que presenté un informe de niños y niñas asesinados en el 2011, en el que Bogotá ocupa un vergonzoso lugar, el alcalde Petro no se pronunció, pero sí se ocupo del tema de las corridas. Tercero. Lamento que alguien que no me conoce me tache de demagoga por mi trabajo por los niños y niñas. Es doloroso y ofensivo que señale que si no fuera porque “yo me apropié del tema” Petro estaría sacándole el jugo a los niños y niñas. Luchar por ellos y sus derechos no es sacarles el jugo. Yo no me apropio de nada, por el contrario todos los días lucho porque los niños y niñas y sus derechos sean un asunto de toda la sociedad. Cuarto. Como lo he señalado, no importan los obstáculos, los agravios, ni la incomprensión, mi compromiso con niños y niñas no tiene reversa.

Gilma Jiménez Gómez, senadora de los niños y niñas
Bogotá

De León Teicher

Quiero ante todo agradecerle sinceramente la muy amable y generosa nota que SEMANA publicó con el título ‘El Legado de Teicher’. Y de paso hacer una aclaración. La labor de rehabilitación de tierras (2.800 hectáreas a la fecha) en Cerrejón es una tarea que se inició hace más de 20 años y cuyo crédito corresponde a muchas personas en la empresa y en particular a Don Ramón Gualdrón y al Departamento de Gestión Ambiental.

León Teicher
Bogotá
 
Recordar al Andrea Doria

En la crónica sobre el Titanic y el Costa Concordia, (SEMANA n.° 1551) omitieron mencionar un antecedente muy famoso en materia de la letal combinación de torpeza naval con cobardía e irresponsabilidad: el caso del ‘‘barco de pasajeros más bello del mundo’’, el Andrea Doria en las proximidades de Nueva York, luego de chocar, con numerosos muertos y heridos, con el buque sueco Stockholm. Según la Corte Internacional que se ocupó del caso, la responsabilidad fue enteramente de la oficialidad del Andrea Doria, que no sabía leer el radar de su embarcación, ni entendían bien las luces de navegación de otro barco, y del capitán, Alessandro Calamai, quien, aunque veterano, se acercó a la costa en una zona de tráfico naval considerable en medio de una neblina que restringía la visibilidad y no tomó las precauciones protocolarias.

El Andrea Doria interpretó mal sus luces de posición y en lugar de desviarse para dar paso libre al Stockholm, se atravesó delante de este. Los suecos, estupefactos, trataron de detenerse pero embistieron al barco italiano, perdiendo casi 15 metros de toda la proa. La violencia del choque y la rasgadura del casco le impidieron al Andrea Doria recuperar la estabilidad e hizo agua rápidamente. Como el hundimiento del barco italiano fue ante todos los noticieros del mundo, se pudo establecer lo ocurrido: los tripulantes, de muchas nacionalidades, apartaron a empujones a los pasajeros y abordaron las primeras embarcaciones de rescate.

Los pasajeros hicieron lo que podían. Finalmente, unos marineros del servicio de Guardacostas levantaron en vilo al viejo capitán y se lo llevaron, cuando ya no había nadie a bordo, excepto los cadáveres atrapados entre la chatarra. Calamai pudo haber sido torpe pero no fue cobarde. Quiso hundirse con su barco y se lo impidieron a la fuerza.

Germán Téllez C.
Bogotá

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