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| 2/25/2012 12:00:00 AM

Cartas

"Parece acercarse el fin de la larga noche de Venezuela", María Corrales, Bogotá.

Mal ejemplo

La lectura de los destacados informes en la prestigiosa revista SEMANA, especialmente en las dos últimas ediciones, 1554 y 1555, nos dan las bases para afirmar que la Justicia sí está cumpliendo y que en el caso del excomisionado de Paz durante el gobierno de Álvaro Uribe Vélez no hay persecución. Y es que, en el caso de Luis Carlos Restrepo, un fugitivo nunca tendrá buenos argumentos, excelentes razones y mucho menos lógicas condiciones para descalificar a la Justicia y mucho menos para exponer un catálogo sobre comportamiento político en general en contra del actual presidente Juan Manuel Santos Calderón. Luis Carlos Restrepo y María del Pilar Hurtado, asilada política en la República de Panamá, se constituyeron con sus decisiones de darle la espalda a la Justicia en los peores tránsfugas de la historia política colombiana. El planteamiento de este profesional, además de inicuo debido a que él tiene pleno conocimiento de lo que es malo pero persiste y se deleita en hacerlo, es un mal ejemplo para las futuras generaciones. Los diversos escritos de Luis Carlos Restrepo son los peores panfletos escritos por un prófugo de la Justicia en contra del gobernante de turno y la Justicia en general de Colombia.

Jorge Giraldo Acevedo
Santa Marta


Claridad meridiana

Me refiero a la entrevista realizada al profesor Iván Orozco titulada ‘Los jueces están en una trampa moral’ (SEMANA n°. 1555). Por fin un intelectual de la talla del profesor Orozco expone con una claridad meridiana las tensas, oscuras e incomprendidas relaciones entre el Estado, el Poder Judicial, los victimarios y las víctimas de nuestra interminable lucha fratricida y los defensores de los derechos de unos y otros, cada uno sesgando siempre sus opiniones para sacar frutos para sus propios intereses.
Los principales ‘azuzadores’ para que los diferentes actores de esta problemática nacional radicalicen cada día más sus posiciones son, lamentablemente, los periodistas, columnistas y ‘opinadores’ de todos los pelambres; quienes sin ningún conocimiento de los temas y/o alejándose de su posición de informadores imparciales, desinforman a la opinión con titulares y artículos para congraciarse con unos o con otros y hasta con sus propios patrocinadores.

Luis Antonio Rodríguez Arbeláez
Bogotá

La presunción de inocencia

Reclama atención el artículo ‘Lo que no se ha dicho’ (SEMANA n°. 1555). Al menos es una nota de prensa que plantea una probabilidad razonada de la muerte del señor Luis Colmenares. Se dice que un hecho escandaloso que no contraría el Derecho es una ‘simple historia’. Un hecho escandaloso contemplado en la ley como delito, pero que carece de prueba, es una ‘historia criminal’. Un hecho contemplado como delito y soportado en pruebas es una ‘sentencia condenatoria judicial’. Y es que precisamente de lo que al parecer carece este proceso, según lo que se ha dejado publicar en los medios, es de elementos concretos y directos de verificación de los hechos. Todo parece que son inferencias, supuestos, indicios y buenas intenciones. La prueba testimonial hasta ahora cuasi expuesta en medios es de oídas, de opiniones. La prueba técnica (ADN), tal vez la elemental, se dejó perder con la dilación irresponsable de la investigación del Estado.

Plantear posibilidades o probabilidades es necesario no solo en el periodismo, sino en el Derecho: toda duda se resuelve a favor del procesado y se debe derrotar la presunción de inocencia más allá de toda ‘duda razonable’. Y, valga afirmarlo, el artículo periodístico demuestra que subsisten muchas dudas: ¿Pudo haber estado el cuerpo de Luis Andrés Colmenares en el caño y nadie se percató de él? ¿Por qué no? A eso se agregaron en el artículo conclusiones válidas desde la lógica, sin querer con ello hacer nosotros apología de la defensa de las procesadas, porque pensamos que nada sería más dañino para la investigación criminal en Colombia que no se declare a nadie penalmente responsable por la muerte de Luis Andrés Colmenares.

Esperamos que la Fiscalía tenga lo necesario para soportar un juicio próximo, que exponga algo que nadie sepa, que alguien –un testigo directo o sólido– nos diga cómo murió Luis Andrés Colmenares, o que haya una prueba técnica, un video, una llamada concreta, algo que lleve certeza a la Justicia y no solo a la opinión. Lo contrario sería lamentable para la familia del joven, una aleve cachetada a su dolor. Por contera se exponen una vez más las falencias de la investigación penal en Colombia: cargada de precariedad, improvisaciones, pasiones y carente de recursos técnicos. Y es que el propio sistema penal acusatorio ha resultado un fracaso.

David Teleki Ayala, Fundación Puniendi
Bogotá

Como miembro de un grupo

Como lector de su revista desde tiempo atrás, he leído, no sin cierta sorpresa, las inexactitudes que acompañan el artículo ‘Lo que no se ha dicho’ (SEMANA n°. 1555) en el que se suministran las características del túnel del caño El Virrey bajo la carrera 15, lateral al parque del mismo nombre.

En dicho artículo se incluye una infografía que incluye medidas y gráficas inexactas que mediante medidas alteradas inducen a respaldar la hipótesis de ‘accidente’, que favorece a una de las partes del sonado proceso por el homicidio de Luis Andrés Colmenares Escobar.
Como miembro de un grupo creciente de más de 17.000 miembros que apoyan la búsqueda de la verdad del caso, solicito se haga la rectificación correspondiente que no induzca a suponer que el hallazgo del cuerpo de la víctima de este lamentable caso conllevaba más dificultad por la longitud del túnel que la que en realidad tenía.

Alberto Múnera, 1.001 voces unidas por justicia para Luis Andrés Colmenares Escobar
Bogotá

 
N. de la R. Aunque el túnel tiene 13 metros menos de largo, como sostiene el lector, eso no desvirtúa en absoluto las condiciones de oscuridad ni el desnivel que pudieron dificultar la búsqueda del cuerpo, según el expediente del proceso conocido por SEMANA.

El celibato debe ser opcional

El suicidio por terceras manos de los sacerdotes Reátiga y Píffano, motivado por su tendencia homosexual (SEMANA n°. 1555), es un buen motivo para reabrir el debate sobre la necesidad de abolir el celibato obligatorio para los religiosos católicos.

El ser humano es sexuado por naturaleza y no se le puede castrar intelectualmente. Pretenderlo es inhumano y en Colombia, inconstitucional, porque no es posible que para el ejercicio de una profesión como es la de servir de intermediario entre los fieles y la Divinidad se exija como requisito el ser soltero, por lo menos en apariencia.

Si la Iglesia Católica no modifica su posición sobre el celibato, que parece más un capricho por razones económicas relativas a la sociedad conyugal o patrimonial que puede generar el matrimonio que por conveniencia para el éxito de su misión, se expone a cavar su propia tumba, porque el retiro de seguidores es evidente. Jerarcas: ¡Salven la Iglesia Católica!

Abg. Carlos Fradique-Méndez
Bogotá

No escribe caballero

N. de la R. Debido a una fuerte gripa, Antonio Caballero no escribió para esta edición. Regresará la próxima semana.
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