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| 3/17/2012 12:00:00 AM

Cartas

"Las protestas eran justificadas, pero no el vandalismo", Julio Eduardo Rojas, Bogotá

De Catalina Serrano

Mi única intención al enviar esta carta es la de poder aclarar a la opinión pública que lee semanalmente la revista la situación real de la compra de mi apartamento familiar, así como del reciente abono al crédito hipotecario del mismo, a los cuales hace referencia el columnista Daniel Coronell en la publicación ‘Finca raíz’ del 10 de marzo de 2012. (SEMANA n.° 1558).

Gracias a Dios y a la posibilidad que tuve de formarme profesionalmente como administradora de empresas, para luego especializarme en Negocios Internacionales, he tenido la fortuna de desempeñarme laboralmente en cargos bien remunerados en el sector financiero desde el año 1999. Gracias a ello y a mi disciplina de ahorro, he podido acumular un capital (mi apartamento) y un ahorro programado destinado a mis pensiones voluntarias, como seguramente lo hacen todas las personas que tienen esta oportunidad.

Por esto, no me es difícil explicar que los recursos con los que se pagó la cuota inicial del apartamento que aún está hipotecado al Banco Davivienda corresponden mayoritariamente a los ingresos devengados por mi gestión laboral y a la venta de nuestro primer apartamento de familia.

En cuanto al abono que realicé al crédito hipotecario a principios de año, después de estar durante siete meses intentando arrendarlo para liberar costos mensuales que me estaban agobiando y no poderlo hacer, dado que me rechazaron en dos oportunidades por ser la esposa de Andrés Felipe Arias, decidí, para efectos de bajar la cuota mensual, hacer uso del único ahorro que tenía destinado a usar el día que me pensionara: mis pensiones voluntarias.

Hasta donde tengo entendido, eso no constituye delito alguno. Por lo tanto, con la misma tranquilidad con la que redacto esta carta, entregué desde el martes pasado toda la información que soporta dichos movimientos al Banco Davivienda. Documentos que espero sean examinados por los entes de control, y que con gusto hubiera enseñado al columnista y a quien en la Contraloría comenzó esta desinformación, si me hubieran contactado.

Catalina Serrano Garzón
Bogotá

De Caracol

En la sección Confidenciales de la revista SEMANA (edición n.° 1558) se hace referencia a un almuerzo realizado la semana pasada con la doctora Viviane Morales. También se hace una creativa descripción de la supuesta forma como salimos del restaurante.
Lo sorprendente es que se cuenta con detalle la salida de una persona que nunca estuvo invitada ni presente en el almuerzo: el doctor Carlos Alonso Lucio. Extraña, como dirían en La Luciérnaga, mezcla de realidad y ficción.

Ricardo Alarcón Gaviria,
gerente general de Caracol
Bogotá

 
El color del cristal

El caso de la Fiscalía (SEMANA n°. 1558) casa bien con la sentencia de don Ramón de Campoamor: “En este mundo traidor, nada es verdad ni mentira. Todo es según el color del cristal con que se mira”.

El expresidente de la Corte Suprema de Justicia (cuando era Suprema), Jorge Arango Mejía, recuerda un dicho muy en boga entre juristas: “Como el derecho no es una ciencia exacta, se dice que toda sentencia está sujeta a cómo haya dormido la noche anterior, o cómo le haya caído el desayuno al juez”.

El más claro ejemplo de esta subjetividad jurídica está dado por la misma Corte Constitucional, que en menos de cuatro años dicta dos fallos contrarios sobre la misma circunstancia de la reelección presidencial.

Siguiendo el símil del exmagistrado Arango Mejía, pareciera que la noche anterior a la elección de fiscal general en la pasada administración, el juez (para el caso, la Corte Suprema de Justicia) había dormido muy mal, por culpa de unas ‘chuzadas’ que a sus espaldas le estaba metiendo el compañero de cuarto, un tal Álvaro Uribe. Ya en la mañana, y a sabiendas de que a la siguiente noche su compañero iba a ser un tal Juan Manuel Santos, el desayuno le cayó muy bien.

¿Pero, por qué el Consejo de Estado tumba ahora a la fiscal? Ah, porque es evidente que el expresidente Uribe no está tan solo como se cree en su crítica a Santos, subida de tono con el caso del doctor Restrepo, de un lado; y con la nueva sensación de inseguridad que se experimenta en el país ante la aparente renovación de fuerza intimidatoria y destructiva de las Farc-Ep que lleva a pensar en el fin del fin de la ‘Seguridad Democrática’.

Y para partir la torta, la misma fiscal puso el cuchillo con su escandalosa reincidencia matrimonial con la misma persona que en su azaroso trasegar ha tenido cuentas con la guerrilla, el paramilitarismo y el narcotráfico. ¡Hágame el favor!: la bestia negra de la Fiscalía.

Los episodios políticos en Colombia (y el mundo), parecen sustentos clave de ‘el eterno retorno’ que se presenta una y otra vez con la misma expectativa de hacernos parecer que es la primera vez: volverán las elecciones (una y otra vez) de fiscal general sin que ninguno de los ternados alcance las dos terceras partes (18 votos) en el pleno de la Corte Suprema de Justicia. Y si se vuelve a aplicar la tesis con que se destrabó la elección de la señora Morales, pues volverá a caerse en el Consejo de Estado.

Octavio Quintero
Bogotá

Del alcalde de Buenaventura

Quiero aclarar el artículo ‘Así se perdió la plata de la educación’ (SEMANA n.º 1556). No pertenezco al PIN sino que fui elegido, orgullosamente, con el aval del Partido Liberal para la Alcaldía de Buenaventura. Siempre critiqué, desde la campaña, las maniobras y los hechos relacionados con el ‘carrusel’ que se valió de estudiantes fantasma.

Bartolo Valencia Ramos,
alcalde de Buenaventura

 
Que protesten bien

Me ha gustado su articulo de la edición n.º 1558 sobre el caos que se vivió en Bogotá con el sistema de Transmilenio. Mi opinión al respecto es que estoy de acuerdo con toda protesta si se trata de rechazar o alzar la voz sobre un desacuerdo general que tenga la población sobre un servicio mal prestado por el Estado. Pero de ningún modo apruebo la jornada de vandalismo que se generó en contra de TransMilenio, porque esos no son los hechos a los que hay que llegar. Por su parte, las autoridades fallaron, ya que se sabía de la convocatoria por las redes sociales con ocho días de anticipación.

Estanislao Caycedo Martínez
Bogotá

Guerras religiosas

En su escrito ‘La derrota de Voltaire’ (SEMANA n.° 1558) el agudo columnista Antonio Caballero señala que ni la militancia católica del procurador Ordónez, ni la convicción protestante de la exfiscal Morales son “aves raras” o “golondrinas sueltas”, pues representan en Colombia “el retorno ominoso de las religiones en el terreno de la política”, a tal punto que, según Caballero, “este siglo XXI que apenas comienza va a ser otra vez un siglo de guerras de religión, como lo han sido casi todos (salvo el XIX y el XX)”. No sé cuál sea la razón para que Caballero excluya los siglos XIX y XX, pues aunque la mayoría de las guerras tienen motivaciones económicas o políticas, es innegable que en un alto porcentaje de los conflictos de ese tiempo el componente religioso desempeñó un papel decisivo. Vale la pena recordar del siglo XX guerras y conflictos sangrientos en los que las religiones han sido un factor fundamental: la guerra religiosa en Irlanda del Norte entre católicos y protestantes; la guerra en los Balcanes entre serbios (cristianos ortodoxos), croatas (católicos) y bosnios (musulmanes); la guerra del Oriente Medio entre judíos y musulmanes; los conflictos entre hindúes (budistas) y paquistaníes (musulmanes); la guerra entre la China comunista y el Tíbet del Dalai Lama (budista); las guerras islámicas en Irán, Irak, Afganistán, Sudán, etcétera. Todas estas guerras del siglo XX son en buena medida guerras religiosas, y algunas de ellas aún persisten en lo que va del presente siglo. Pace Caballero.

Juan Manuel Jaramillo U.
Manizales

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