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| 3/24/2012 12:00:00 AM

Cartas

"Lo más impresionante es que Sarmiento comenzó de cero", Fernando Cortés, Cali

Una empresa más

Muy preocupante, por el significado que tiene para nuestra débil democracia y para la libertad de prensa y de información, la noticia que ocupa la portada de la revista de su edición n.° 1559, según la cual el diario El Tiempo pasa a ser una empresa más de las de distintas actividades económicas controladas por el banquero Luis Carlos Sarmiento Angulo.

No es sano que en una democracia los medios masivos de comunicación sean controlados por los grupos económicos, pues de esa manera controlan la información y su contenido, que debe llegar sin limitaciones, sin cortapisas a toda la sociedad. Que ese control no es inocuo nos lo recuerda lo acontecido con el programa periodístico 60 minutos de la CBS, caso que fue llevado magistralmente al cine. Así se restringe y amenaza la libertad de todos a estar bien informados; pero, en este país que se ha convertido, gracias a los medios de comunicación, en el reino de la banalidad, temas como estos, tan fundamentales en nuestro futuro, no son tema de discusión por los llamados líderes de opinión ni por los que todavía se denominan, sin ruborizarse, partidos políticos.

Segismundo Méndez Méndez
Montería

Papel por siempre

Don Fidel Cano Correa, en entrevista publicada en SEMANA (edición n.° 1559) dice que no le quita el sueño que el papel desaparezca. Para muchos de mi generación sería una gran frustración no encontrar en las mañanas bajo la puerta de la casa el ejemplar del diario o al comenzar la semana la revista que da cuenta de lo sucedido en Colombia y el mundo. La edición digital no deleita como la impresa, no permite doblar las páginas, ni compararlas; es una pantalla rígida que no habla, no piensa, no muestra los gráficos de tal manera que los mayores de edad los puedan leer fácilmente, al mover las páginas no generan la música de aviso que nos regala el papel. La edición impresa la podemos leer en los campos y veredas sin necesidad de luz eléctrica y sin el riesgo de que se le acabe la pila a la máquina electrónica y quedemos desconectados y la podemos llevar en la maleta sin riesgo de que se dañe. La edición impresa es amplia, generosa, se puede recortar con las tijeras y guardarla como testimonio para mostrarla en el futuro.

La edición impresa nos invita a leerla despacio y a repasarla y a subrayarla para destacar lo importante. En la edición impresa podemos tachar las equivocadas soluciones al crucigrama y mezclar a Magola con Vladdo y Pepita y Lorenzo. En la edición digital este ejercicio es imposible para el común de los mortales. La edición impresa enseña a pensar. La edición digital enseña a pulsar teclas, desestimula la lectura y hace que la gente se olvide de escribir y, por sobre todo, de escribir bien. La edición impresa está más cerca del CP (cerebro personal) en tanto que la edición digital solo cabe en el PC (computador personal) y los demás aparatos semejantes. La pantalla cansa, la hoja de papel alivia y agrada. Por supuesto que no es posible detener la era digital, pero sí es posible acomodar la tecnología a su papel verdadero. Y además, las ediciones impresas siguen teniendo un ‘papel’ muy importante como orientadoras de la opinión pública. Ese ‘papel’ no puede desaparecer.

Carlos Fradique-Méndez
Bogotá

Copiosos trinos

Frente a los copiosos y delirantes ‘tweets’ (SEMANA n.° 1559) del expresidente Uribe Vélez, mediante los que pretende defender –es su derecho– su cuestionado gobierno ponderando su “seguridad democrática” y descalificando, porque sí y porque no, o la administración de Santos –esa sí con algunos mesurados perfiles democráticos–, me pregunto: ¿por qué en sus ocho años de gobierno no le informó al país, como era su deber ético-político, sobre los acuerdos con los paramilitares para su –dudosa por más de un aspecto– desmovilización?

Las continuas agresiones a la Rama Judicial –indignas de un primer magistrado de la república–, no examinan los antecedentes en investigación de las mismas, ni los furtivos y perversos intereses que las determinan y que las constituyen, por sus expresiones y acciones, en una manifiesta obstaculización de la justicia. Frente a estas agresiones me pregunto también: ¿por qué las autoridades competentes no enjuician al bochinchero expresidente, dado que en el Estado de derecho tanto gobernantes como gobernados estamos sometidos a la ley?

Jairo Maya Betancourt
Bogotá

Del teatro mayor

En la edición pasada de la revista SEMANA (n.° 1558), la directora del Festival Iberoamericano de Teatro de Bogotá (FITB), hablando sobre la calidad de los escenarios bogotanos, afirmó que “ni siquiera el Julio Mario, que es tan bello y tan moderno, tiene lo suficiente. Tuvimos que adecuarlo a las necesidades del Festival”. El Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo se permite aclarar que el FITB no requerirá hacer adecuación alguna en nuestras salas. Los nueve espectáculos que se presentarán en el Teatro Mayor y el Teatro Estudio lo harán con los equipos de sonido, iluminación, pisos para flamenco y linóleos para ballet, etcétera, que son propiedad del Teatro; el Festival solo deberá traer los micrófonos especializados que se requieren en las funciones del Ballet Flamenco de Cecilia Gómez.

El Teatro Mayor es hoy uno de los mejores equipados de Colombia, gracias a la dotación básica entregada por donantes del Centro Cultural, a otras generosas donaciones como las de la Fundación Ramírez Moreno y a los ahorros que se han hecho durante la gestión desarrollada en los 22 meses que esta sala lleva funcionando.

Alejandro Flórez Aguirre,
Coordinador de comunicaciones
Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo
Bogotá

¿Quién triunfó?

Las portadas de SEMANA traen un gran simbolismo para nuestra sociedad: siete días condensados en una sola imagen.

Por eso en su portada de la edición n.° 1557 titulada ‘Triunfó el amor’ , SEMANA hace un sesudo análisis sobre la noticia que en estos últimos días marcó el acontecer diario: la decisión del Consejo de Estado de tumbar la elección de la fiscal Viviane Morales. Pero Viviane, al saber que tenía a la opinión pública en contra suya, decidió de una manera muy tajante renunciar a su cargo de fiscal antes que la notificaran oficialmente. La renuncia la dio a conocer al lado de su cónyuge Carlos Alonso Lucio, un hombre que por su cuestionado pasado puso en tela de juicio la actuación de nuestra ‘dama de hierro’.

El poco tiempo que nuestra fiscal duró en su cargo estuvo marcado por distintas polémicas en torno a sus decisiones que afectaron de alguna manera a grupos políticos que dejaron una estela de daño durante su gobierno.

Viviane, con su decisión de renunciar, nos da para bien o para mal una lección ética: primero está el amor de un hombre que la importancia de un cargo, para esta sociedad que por culpa de la modernidad olvidó sus valores tradicionales.

Se crean distintas versiones sobre quién pudo ocasionar este duro golpe a nuestra justicia, pero solo el tiempo dirá quiénes fueron los grandes favorecidos con la renuncia de nuestra fiscal.

Javier Leonardo Rodríguez Sánchez
Cúcuta

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