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| 9/15/2012 12:00:00 AM

Cartas

"Ojalá la ilusión por la paz no se rompa como una pompa de jabón" Emilio Zapata Z, Cali.

Con buenos ojos

En relación con su portada de la edición no 1564, me permito comentar lo siguiente: No se puede negar que en este momento hasta el más escéptico en la materia está muy optimista y ve con buenos ojos el proceso de paz. Nunca Colombia había estado tan cerca de un posible acuerdo definitivo entre el Estado y las Farc como ahora. De hecho, desde finales del gobierno de Álvaro Uribe secretamente se venían gestionando estos acuerdos, cuando a mediados de 2009 en una mesa de negociación por parte del Ministerio de Defensa, en ese entonces a la cabeza del actual mandatario Juan Manuel Santos, se venían dando guiños de paz entre el gobierno y las Farc. Tiempo después estos diálogos se verían truncados tras la demora en la entrega de los restos del mayor Julián Guevara en cautiverio. Las Farc por su parte decidieron no hacer ningún acuerdo legal hasta que alguien sucediera al presidente Álvaro Uribe en el poder.

Esto confirma aún más la teoría de que el expresidente Uribe no ha sido del todo frenético con el asunto de un posible cese de las armas que concuerde con un definitivo fin de la guerra. Actualmente se dedica a contradecir todo lo que su excompañero de gobierno propone con el fin de buscar la paz. Para nadie es un secreto que Uribe se siente en estos momentos impotente tras no estar en la posición que tiene Santos ante la mirada de todos como el posible Mesías político para darle un giro a un país con casi 50 años de guerra.

Lastimosamente muchas personas todavía creen que la paz solo se conseguirá acabando con las guerrillas, en especial con las Farc. Todos sabemos que los valores y la ética se han perdido desde hace mucho tiempo en un país como el nuestro que goza de alegrías momentáneas como el triunfo de la Selección Colombia o de algún medallista olímpico para citar algunos ejemplos, pero que después vuelve y recuerda su triste realidad recordando que problemas como el egoísmo, el odio, la delincuencia, crisis en la familia, pobreza, desempleo, crisis en la salud, sufrimientos y muertes seguirán existiendo. Por esta razón, el clamor de paz y seguridad no tiene por qué ilusionarnos del todo. Está demostrado a lo largo de los siglos que la ambición del hombre al poder ha traído guerras, opresión y sufrimiento.

Diego Alexis Pacheco
Ocaña


Misión imposible

La Base Naval de Cartagena, principal Centro Logístico de la Armada, está en el lugar que hoy ocupa por razones diferentes a las militares, lo mismo sucedería si se cumple el traslado a la isla de Tierra Bomba, pero sin eliminar el peligro que hoy representa para la ciudad ni responder a razones estratégicas navales, motivaciones que sí justificarían la inversión de varios millones de dólares que requeriría construir la “base naval más sofisticada de América Latina”. ¿Será que los estudiosos estrategas de la Armada, no encontraron lugar más apropiado en las costas del Caribe colombiano para guardar sus juguetes? o ¿será que el tema fue otro acostumbrado relleno promesero de un discurso presidencial? El traslado de la mencionada base es más indispensable que necesaria, pero solo para atender las mencionadas razones y no para satisfacer a los cartageneros, como parece. Afortunadamente para Colombia, SEMANA (edición no 1584) y como siempre oportuna, menciona los difíciles, costosos y dilatadores inconvenientes que tiene que hacer realidad la propuesta, que sumados a los altísimos costos de construcción, la convierten en una Misión imposible.

Luis Enrique Borja Barón
Cartagena


Aprendí y crecí

Me place felicitarlos por este logro de los 30 años y la forma como logran mantenerse como líderes, innovar y seguir creciendo, y más si se tiene en cuenta la crisis de los medios impresos y todas las dificultades que vienen de manejar tan excelente revista. Me llena de felicidad saber que en la revista aprendí y crecí tanto intelectual como profesionalmente, labor que agradezco de todo corazón y me llena de satisfacción haber compartido con ustedes algunos de esos años.

Óscar Andrés Contreras Pedraza
Bogotá


Ninguna descalificación

Soy un reciente suscriptor a la revista, aunque desde siempre estuve conectado a la versión digital en línea disponible, hoy me doy el lujo de sentarme cada domingo a leer de cabo a rabo sus páginas. En la edición No 1580 la entrevista con J.J. Rendón, él hace una aseveración que a mi parecer es fatal para la democracia de cualquier Estado. Mientras el señor Rendón dice frente a la elección de Petro que su elección no es legítima, menciona que la de Santos sí lo es. Cabe recordar que estamos en una democracia participativa y por ley cualquier elección es legítima siempre y cuando se cuente con la mayoría de la aprobación del electorado. Dado lo anterior, me parece gravísimo que una persona salga a los medios a decir que una elección es o no legítima a la luz de cifras y no desde la luz de la democracia y la ley. Un ejemplo de lo anterior, es el rechazo de León Valencia frente a la posición de una columnista al llamar al grupo Pedimos la Palabra un grupo de desocupados, puesto que todo colombiano o ciudadano tiene el derecho a la libre asociación bajo una premisa política, lo cual no merece ningún tipo de descalificación.

Iván Aurelio Páez-Gutiérrez
Bogotá


Cartas en este asunto

Lamentablemente, leí tarde el artículo ‘La ley del embudo’ (edición no 1579) y, por eso, no me expresé a tiempo sobre el mismo. Pero estoy absolutamente de acuerdo con lo manifestado por su corresponsal Darío Arcila Arenas (edición no 1581) sobre el particular.

Esa sentencia es un flagrante prevaricato. Y es que, no solamente violaron los magistrados el artículo 13 de la Constitución Política que habla de la igualdad de los ciudadanos ante la ley, sino que, para poder hacerlo, asumieron funciones de legisladores creando una excepción que la Ley 890 de 2004 no trae, contrariando lo que la misma Corte había expresado anteriormente en jurisprudencia que no tuvo en cuenta para nada esa sala. Y es más. El prevaricato se configura con la intención maliciosa de favorecer a alguien. Y esa intención fue plasmada por el magistrado ponente cuando, al enviar las copias de la providencia para el estudio pertinente por parte de los demás magistrados, omitió deliberadamente, resaltar la parte correspondiente (como acostumbra a hacerse) a fin de que pasara, como se dice coloquialmente, de agache. Y así sucedió, por ineficiencia de los demás magistrados.

Pero lo más grave es que hayan seguido profiriendo sentencias en el mismo sentido, violando el principio de la excepción de inconstitucionalidad, que prohíbe la aplicación de normas y jurisprudencias cuando son notoriamente violatorias de la Constitución.

Mas, como lo anota su corresponsal citado, ¿quién los va a investigar y juzgar si la sentencia y su jurisprudencia van dirigidas a favorecer a quienes integran la Comisión de Absoluciones de la Cámara?

Alguien tiene que tomar cartas en este asunto. No puede ocurrir que la Corte asuma condición de legislador para dictar sentencias acomodadas que favorezcan a quienes son los encargados de su elección, sin que nadie con competencia la juzgue o diga algo.

Jorge Méndez Perilla
Cartagena

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