Miércoles, 22 de octubre de 2014

| 2013/02/02 00:00

Cartas

"La pelea por la siguiente presidencia va estar para alquilar balcón", Carlos Ramírez, Valledupar.

Cartas

Con uno solo


Es muy importante y de trascendencia el tema de los falsos testigos que tienen condenados a muchos inocentes. (SEMANA n°. 1603). Con que haya un inocente condenado, la Justicia es imperfecta.




Andrés Coral Durango

Bogotá


 

Un impuesto polémico


Resultó muy oportuno el informe periodístico ‘¡Hasta cuándo!’ en la edición n°. 1604, y sobre todo la afirmación según la cual Bogotá “es la capital de las obras inconclusas”. No cabe duda de que el llamado impuesto de valorización resulta polémico; es también el tributo que más críticas y rechazo ciudadano suele recibir... Los hechos que se han presentando recientemente en materia del cobro de ese impuesto –sobre todo en Barranquilla y Bogotá– nos dejan una lección: las obras no se ejecutan en los tiempos previstos y no tienen la calidad esperada. Como si lo anterior fuera poco, se conoce de muchos casos de corrupción y de facturas con cobros por valor excesivo. El ciudadano de a pie, como el suscrito, suele preguntarse por las razones para que las administraciones de las principales ciudades colombianas no cubran el pago de estas obras con el impuesto predial anual, con lo cual se demuestra que este ingreso, en el marco de un ‘Estado alcabalero’, va principalmente para gastos de administración o pago de la nómina. O sea burocracia... Este tributo de valorización es injusto y abusivo. Lo peor es que quien no lo cancele puede perder su vivienda.


Jorge Giraldo Acevedo

Bogotá


¿Por qué será?


Con ocasión de su tema ‘Cómo está la puja’, (SEMANA n°. 1604) me pregunto ¿por qué será que la Ley 4 del 92, sobre pensiones exageradas, de congresistas y magistrados, constitucionalmente no se puede tocar por ser un derecho adquirido, mientras nuestro Código Sustantivo de Trabajo y las leyes que nos favorecían a los trabajadores más pobres, fueron tocadas, cambiadas, revolcadas y modificadas por los gobiernos anterior y actual, a los cuales, con el apoyo del Congreso en pleno, no les tembló la mano para quitarnos los pocos beneficios que teníamos? La Constitución, sin embargo, dice que se deben respetar los derechos fundamentales, laborales y de salud.


 ¿Por qué será que la reforma tributaria nos gravó hasta el ‘corrientazo’, pero los congresistas y los magistrados defendieron a capa y espada sus altos sueldos y pensiones, al punto, que no aceptaron que estas fueran gravadas, a sabiendas de que son lo que está causando el déficit fiscal del país?

¿Por qué será que en Foncolpuertos algunas pensiones que fueron mal liquidadas se liquidaron de nuevo, dizque porque fueron fraudulentas? ¿No son también fraudulentas las leyes laborales y pensionales de los magistrados y los senadores, cuando son ellos mismos –a pupitrazo limpio y en la madrugada– quienes se autorregulan en beneficio propio? ¿Será porque en Foncolpuertos, quienes gozaban de esas altas pensiones eran mecánicos y cadeneros, es decir los cargos más bajos en la escala laboral?


¿Ante quién y con qué mecanismo los ciudadanos podremos demandar estas leyes regresivas, injustas e inequitativas? Que sea el pueblo –la voz de Dios– quien se encarguen de dicho desmonte.


Regina Restrepo V.

Medellín


Nada reconocen


En su columna de la edición n°. 1602, León Valencia expone con claridad la dureza de los analistas políticos –yo añadiría hasta caricaturistas– contra el gobierno venezolano. Basta abrir una revista, un periódico, ver un medio televisivo o escuchar una radio, para que el odio visceral contra el gobierno de ese país –específicamente hacia presidente Hugo Chávez– se manifieste duramente, a veces sin la información real de la situación en Venezuela. Fue patética la primera plana de El País de España, en donde se mostraba a un falso Chávez entubado, un periódico que lanza con regularidad todo tipo de argumentos falaces contra Venezuela. Desde luego que existe una campaña mediática contra todos los presidentes progresistas de América Latina.


No le reconocen nada a Venezuela. Ni los avances extraordinarios en el campo, social, económico y político, ni el esfuerzo por la unidad latinoamericana mediante organismos como el Unasur, el Alba, el Celac, el Banco del Sur, Tele Sur, ni por supuesto Petrocaribe. En toda la historia de nuestros pueblos en América Latina, y el Caribe no ha existido una iniciativa económica de cooperación y solidaridad, pero también de complementariedad y reciprocidad, como Petrocaribe. Millones de ciudadanos de 18 estados se benefician con la energía a precios solidarios al margen del mercantilismo y de la economía capitalista. Esta empresa es una esperanza que une a los pueblos con el fin de ofrecer empleo, estabilidad y bienestar social. Hace pocos días Petrocaribe y el gobierno de Venezuela firmaron convenios para la creación de 13 empresas mixtas para desarrollar proyectos en el área de hidrocarburos, petroquímica, transporte y alimentos.


Ricardo Argandona

Caracas


Educar niñas


La sección Vida Moderna de la edición n°. 1604 expone un tema tabú. La educación de las niñas del siglo XXI es un reto que requiere más acompañamiento y una mayor comprensión que antes. Exige, además, mucha coherencia reforzando permanentemente valores acordes con las necesidades actuales. Hoy es en efecto un desafío más grande educar a las niñas que a los niños, pues a ellas se las presiona para ser lindas físicamente. De lo contrario, las rechazan y traumatizan. 


En la actualidad no se exalta el valor de la feminidad y la sociedad quiere que sean tan arriesgadas como los hombres, lo cual carece de sentido pues ellas son por naturaleza menos impulsivas que el género masculino. Se desprecia su delicadeza y su ternura. Una preocupación desmedida por la apariencia les impide, además, ser libres y desarrollar una imaginación útil para su futuro, impidiendo así un desarrollo íntegro. Los nuevos iPad entre otros no tienen la culpa, como tampoco la tiene la televisión. No son un tercer padre: los límites los deben establecer los tutores, no los aparatos. 


Aunque internet es un excelente recurso, la red también tiene mucha basura y mensajes equivocados que a las niñas les crean dudas, les baja autoestima, y las sume en una infelicidad que las vuelve insaciables ante límites utópicos de perfección. Los padres y todos los adultos están llamados a recuperar la conexión con ellas, según el oportuno consejo de su artículo, exaltando la coherencia, el respeto y la individualidad. Si no actuamos ahora, lamentaremos el futuro superficial que nos espera y la infelicidad no hará más que aumentar.


Diego Casabianca Escallón

Bogotá

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