Lunes, 1 de septiembre de 2014

Cartas

| 2013/05/18 00:00

Cartas

"Como siempre las 100 empresas son nuestro referente", Emilio Gómez, Barranquilla.

¿Por qué no te callas?


Magníficas, estupendas las respuestas que dieron algunas personas a la pregunta de la portada de la revista n.° 1615, titulada ‘¿Qué hacer con Uribe?’. Estoy totalmente de acuerdo con ellos y con las soluciones que dan a la pregunta. Opino igual: los medios tienen la culpa por pararle tantas bolas a las tonterías e insultos que escribe a cada momento. Lo que manifiesta el señor Helí Barba es lo que debemos hacer: ignorarlo para que así se le quiten esos delirios de grandeza. 


¡Cómo ha mostrado el cobre el señor Uribe! La Justicia debería levantarle el fuero que tiene e investigarlo porque su pasado es muy dudoso, según lo recuerda uno de los firmantes de otra carta en esta misma edición. ¿El gobierno de Santos ha sido bueno o malo? Yo en eso no me meto. Pero lo que sí sé, y mucha gente lo ha comentado, es que Uribe no lo ha dejado gobernar. A Uribe lo deberían mandar para una embajada bien lejos, a África o Asia, para que no siga haciéndole tanto daño al país y sobre todo al proceso de paz. ¿Quién habría imaginado que después de ocho años de gobierno se fuera a comportar así? Pregunto: ¿el señor Uribe es que no tiene qué hacer?


Alba Jaramillo Restrepo

Medellín


La minería legal


Reciban un afectuoso saludo de la Cámara Colombiana de la Minería, una organización gremial que promueve y defiende la minería responsable en el país.  La presente tiene el fin de resaltar el especial ‘Oro y crimen’, publicado en la edición n.° 1613  , el cual da una visión profunda y acertada de la gran tragedia social, ambiental y económica que representa la minería ilegal de oro para el país y en especial algunas regiones que vienen padeciendo actividades mineras sin control. 


En contraste, hay una minería formal en la cual las empresas formales, enmarcadas en una actividad moderna y con estándares sociales y ambientales, se ha comprometido con el desarrollo del país, la protección de los recursos naturales y el bienestar de las comunidades.


César E. Díaz Guerrero, director ejecutivo

Bogotá


La virreina de Neiva


En su importante revista, edición n.° 1617, aparece un artículo sobre la uneva reina de Holanda oriunda de Argentina, comentando que es la primera monarca de ese reino nacida en América. Es la oportunidad para comentarles que los colombianos tuvimos  en el siglo XIX una virreina holandesa oriunda de Neiva. Se llamaba Victoria Rodríguez Escobar, dicen que de extraordinaria belleza, nacida en 1806, quien contrajo matrimonio en Bogotá en 1828 con el señor Reinhard Franz van Lansberge, quien era cónsul de su país en la Gran Colombia. 


Con el paso de los años, este caballero fue nombrado virrey en Java, en ese entonces Indias Orientales, hoy Indonesia. Regresó después con su esposo a La Haya donde se le siguió llamando la virreina y falleció en esa ciudad en 1883. Por lo anterior, a los huilenses cuando les nombren el embajador de la India, pueden decir también ‘tuvimos virreina holandesa’. Estos datos pueden encontrarse en el libro Gobernadores y próceres de Neiva, de José María Restrepo Sáenz.


Luis A. Patiño M.

Bogotá


Malos perdedores


En la edición  n.° 1617 divulgan ustedes un escrito de Noemí Sanín, con la coautoría de un señor Ceballos, ex vice ministro de Justicia. El artículo es un preludio de un libro que pretende revelar algo sensacional: el fallo de la Corte Internacional de Justicia en el pleito entre Nicaragua y Colombia sería nulo porque habría sido provocado por los intereses de China, que quiere construir un canal por Nicaragua. La prueba reina es que una magistrada era china. Quien, de hecho, suscribió el fallo con reservas. Bien se titula ‘Cuento chino’ este escrito.


El canal ha sido un anhelo histórico de Nicaragua, así como Colombia ha anhelado siempre hacer el suyo por la ruta Atrato-Truandó. Son asuntos internos en territorios que no están en disputa. En las aguas por las que la Corte estableció una división de derechos existe libertad de navegación. El canal se hubiera podido construir así el fallo favoreciera la tesis del meridano 82. Si nos hubiera favorecido se diría que la Corte se vendió porque un juez es brasileño o porque Panamá quiere ampliar su canal con ayuda de Estados Unidos: nuestros patrones.


Proyectos e ideas deben existir miles. China y Nicaragua ni siquiera tienen relaciones. El tal complot no resiste el menor análisis. Es patético el interés en sepultar el estrepitoso fracaso de la diplomacia colombiana con un alud de necedades, no solo esta, sino de múltiples fuentes. Para coronar los absurdos, desde el alto gobierno siembran la tesis de que el fallo es inaceptable, como si fuera resultante de mediación o buenos oficios. Y lo que causa gracia, que se desacata; como si un fallo que ya quedó ejecutado con los mapas que lo ilustraron  requiriera de medidas de ejecución colombianas.

Lo único que destila del sancocho de disparates es que somos pésimos perdedores. Los ciudadanos del montón no podemos respingar. Pero al menos podemos dejar una y otra vez constancia de nuestra inconformidad.


José Joaquín Gori Cabrera

Bogotá

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