Viernes, 19 de diciembre de 2014

| 2013/08/31 01:00

Cartas

La pausa resultó ser una especie de farsa.

Cartas

Con pausa y sin pausa

En relación con su portada de la edición n.° 1634: el presidente Santos conoce muy bien a las Farc, ‘les tiene medido el aceite’. Están frente a un duro en el juego de póker; con pausa y sin pausa los pasó a jugársela por la paz. 

Norberto Ortega Vargas

Pasto

Lógica de hierro

El referendo propuesto por el gobierno para legalizar los eventuales acuerdos que se logren en La Habana (SEMANA n.° 1634) tiene lógica de hierro. Lo que se pacte no puede quedar en el aire. De ahí que la administración Santos, con ojo de zahorí, optó por una política que debe ser apoyada por el Congreso y el país. Los tiempos de la paz son los del actual gobierno. En adelante, las Farc deben abstenerse de tretas y dilaciones, conscientes de que no tendrán ‘una segunda Arca de Noé’. 

Miguel Durán Ordóñez

Bogotá

Ya basta

Por favor, ya basta de portadas para los asesinos de las Farc (SEMANA n.° 1634). No les hagan más el juego propagandístico, que eso es lo que ellos buscan. ¿No hay acaso en Colombia personas sobresalientes en miles de situaciones que les merezcan estar en la portada? ¿Qué tal la campeona mundial de salto, los campesinos que luchan por sus derechos, héroes anónimos, gente del común que obra bien? ¿Acaso para ustedes solamente los malos son dignos de resaltar? Si miran sus portadas del último año verán que estas están plagadas de mafiosos, violadores, asesinos, etcétera. Ya no dan ganas de leer la revista, que solo destaca lo malo que sucede. 

Constanza Remolina

Bucaramanga

Cartas o caretas

En la edición n.° 1632 el artículo central, así como la portada, muestran las ‘Cartas de Uribe’. No creo que sean sus cartas sino –sin la T– sus caras, o mejor: sus caretas. Si lo que evidencia el puro uribismo como rabia a Santos es su impronta propia, los cinco repiten, como monólogos –ni siquiera soliloquios– los legados del expresidente, su personalidad y su trayectoria. 

Hay veces que creo estar frente a Francisco Uribe, Óscar Iván Uribe, Carlos Holmes Uribe, Juan Carlos Uribe, Luis Alfredo Uribe o, en su defecto, Álvaro Santos, Álvaro Zuluaga, Álvaro Holmes Trujillo, Álvaro Vélez y Álvaro Ramos (sin los azules uribistas, Marta y José Félix, y sabiendo que para ellos como políticos esta anotación es puro elogio). Pero eso no es paradójico en la dinámica política colombiana, así como no lo es el santismo-samperista, el verde-santismo, el pastrana-uribismo o, en algunos momentos, las coincidencias polistas con el Puro Centro Democrático, amigo de TLC, rodilleras y de la chumbimba institucional (lo dijo Fabio Echeverri: “La primera reelección sirvió para dar más chumbimba y poner orden en el país”). 

Tan poco paradójico como señalar en una columna dedicada a la soledad de Misael Pastrana jr. (que ni para expresidente ha servido según Tola & Maruja, que dicho sea de paso hacen mucha falta) que él no es oportunista ni carente de principios y, lo que sigue en el texto, es una verificación de lo contrario en dos frases: socio del gobierno de la prosperidad democrática y declaración de amor a Uribe. No sin razón en la edición virtual en un sondeo preguntan sobre las divergencias entre los expresidentes ¿A quién le da menos credibilidad?: Ernesto Samper, Andrés Pastrana, Álvaro Uribe.

Amanecerá y veremos, señaló el presidente sobre el paro no visto, el ministro de Agricultura ante el abastecimiento de alimentos o la Policía frente al Esmad (porque ahora todos tenemos ruana, pero las mejores son las de MacDonald, yes). ¡Plop!

Juan Cristóbal de J. Restrepo R.

Bogotá

Liberal de pura cepa

Me refiero a la nota publicada en la sección Confidenciales de la revista SEMANA, edición n.° 1633, en la cual mi nombre ha sido registrado como parte de una lista para el Senado, lo cual es un error, puesto que en ningún momento he contemplado esa posibilidad conforme a mi lealtad y credo con el Partido Liberal, al cual pertenezco y represento en la actualidad como senador de la República.

Honorio Galvis A.

Bogotá

De la insurgencia a la democracia

En referencia a su artículo ‘Colombia según las Farc’ edición n.° 1632 es necesario resaltar que tanto la guerrilla como el Estado deben pedir perdón a todas las víctimas del conflicto. Ya el expresidente Belisario Betancur, en un acto de gallardía, dio el primer paso pidiendo perdón por lo sucedido en el Palacio de Justicia. A su turno, los gobernantes, miembros de las clases dirigentes y comandantes guerrilleros deberán seguir el ejemplo y reconocer sus errores. 

Implícitamente, al designar un grupo negociador el gobierno ha reconocido el estatus político a los beligerantes, y ello implica un compromiso para ambas partes con respecto a la búsqueda de la paz. Tal vez lo anterior suene utópico pero el paso de la insurgencia a la democracia así lo exige, si es que se quiere tener un gobierno, un Congreso y una democracia que gocen de legitimidad. De lo contrario seguiremos en lo mismo y con un conflicto armado cada vez más feroz.

Carlos Andrés Borrero Valencia

Cali

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