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| 9/7/2013 12:00:00 AM

Cartas

Alejandro Santos Rubino, director de SEMANA, fue distinguido con el prestigioso premio María Moors Cabot, el más antiguo del periodismo internacional.

Premio a la excelencia
Alejandro Santos Rubino, director de SEMANA, fue distinguido con el prestigioso premio María Moors Cabot, el más antiguo del periodismo internacional, otorgado por la Universidad de Columbia en New York. Este galardón es un reconocimiento a los periodistas que cubren el hemisferio occidental y que ayudan con su trabajo a mejorar el entendimiento en toda América y reconocen su contribución al periodismo contemporáneo. Esta distinción enaltece no solo el trabajo de esta casa editorial, sino al periodismo colombiano y es un estímulo para seguir haciendo un periodismo de calidad y de carácter como lo exige la sociedad colombiana.

No dan tanto
Solo espero que la ampliación del Parque del Chiribiquete, publicado en sus ediciones n.os 1633 y 1634, no dé al presidente Santos el derecho de arrasar con el resto del territorio colombiano con su locomotora minera, porque como dicen los abuelos “de eso tan bueno no dan tanto”.
Claudia Milena Vélez Torres
Cali

Predicción preocupante
En la revista n.° 1627 aparece, perdida en una pequeña nota, una predicción verdaderamente preocupante para las futuras generaciones de colombianos.

En un estudio conjunto de la Fundación Bertelsmann Stiftung y el IFO en Alemania se predice que un tratado de libre comercio entre Estados Unidos y Colombia (tomo de la nota lo que se refiere a nuestro país) significa para nosotros una pérdida de las exportaciones hacia el mercado estadounidense en una media que puede ser del 27 por ciento. El deterioro del comercio se notaría en el transcurso de 20 años. Colombia, Brasil y Argentina sufrirían las mayores caídas.

¿Por qué un estudio tan serio que predice que el tal TLC afectará de manera irremediable a las futuras generaciones, no merece de SEMANA un enfoque noticioso más agudo, más extenso y más documentado?

¿No amerita invitar a algunos de los autores del estudio y organizar con ellos un foro al que asistan empresarios, inversionistas, congresistas, ministros de estado, analistas, la academia y demás fuerzas vivas del país para conocer la metodología aplicada, el modelo económico utilizado y establecer, con 10 y 20 años de anticipación, qué medidas hay que aplicar desde ya para evitar la pérdida del 27 por ciento de las exportaciones al mercado de nuestro mayor socio comercial?

Es que, lo indica el informe, el TLC con Estados Unidos no traerá más negocios para Colombia en términos económicos (que sería la realidad contraria a la idea que nos han vendido a todos), sino que significará una pérdida importante de negocios en el tiempo y esto no puede ser tomado a la ligera. En economías abiertas la ampliación de los mercados y la posibilidad de acceder a una masa crítica de consumidores con alto poder adquisitivo tiene que verse reflejada en una mayor facturación. Si no es así, entonces ¿qué gracia tiene el TLC? 

No puede ser que los políticos y el gobierno, tan proclives a lo mediático y tan dados a la atención de intereses particulares, no se sientan, con las decisiones que tomen hoy, responsables frente al país del futuro.

No puede ser que dejemos que las cosas simplemente sucedan y que nuestros académicos, teórico-económicos, representantes políticos, del aparato productivo y gobernantes no se anticipen a la catástrofe.

Estamos a la puerta de firmar un TLC con Corea, un país con el que tenemos una balanza comercial desfavorable de 952 millones de dólares. Si aplicamos el modelo económico utilizado por los dos prestigiosos centros de pensamiento alemán citados al principio ¿qué sorpresas nos llevaremos? 
Fernando Alzate Molina
Bogotá

Un país bucólico
En lo respectivo al paro nacional (SEMANA n.° 1635) quisiera referirme a tres cosas. Qué deplorable y triste es la situación de nuestros campesinos; si bien las condiciones de miseria y abandono que atraviesa el campo colombiano no son de hace tres años, ni diez sino ochenta, cuando en los años treinta se empezó a hablar de una reforma agraria coyuntural que nunca se dio, es preciso entender que Colombia es un país bucólico y agrícola y que nuestros gobernantes no pueden, con su neoliberalismo, saltarlo a la mala al ‘primer mundo’. 

Los actos de violencia son la cara cavernícola y retrógrada del paro; ya los estudiantes hemos demostrado que se puede protestar sin reventar vidrios ni saquear tiendas, pudimos echar para atrás el proyecto de reforma a la Ley 30 y podríamos hoy revertir las oscuras y aun inimaginables consecuencias del TLC con los Estados Unidos renegociando los acuerdos. La salud, los mineros, los camioneros, los estudiantes, todo el mundo está inconforme y es preciso que el gobierno, nuestro Estado social de derecho, cumpla su función de ente que proporciona de bienestar social y se concientice de la gravedad del asunto. 

Y por último, me parece pertinente como asiduo lector de SEMANA resaltar el papel de los medios de comunicación en este momento crucial en la política interna de Colombia. Que la radio deje el relajo y haga periodismo serio, pues en los noticieros solo informan de los saqueos y robos y actos vandálicos pero no muestran la cara triste del paro. 

La realidad de nuestros campesinos es atroz, el poder adquisitivo de los colombianos urbanos ha aumentado y a la postre su calidad de vida, pero esa prosperidad no ha llegado al campesino, en cuyas fincas de cultivo no hay una infraestructura idónea para que puedan llevar sus productos a la ciudad sin necesidad de intermediarios. 

El culpable de esta terrible enfermedad de pobreza no es, en efecto, el presidente Santos, pero en sus manos sí está la panacea para frenar este caos y con políticas serias y eficientes lograr que el agro vuelva a ser lo que era cuando no éramos la Colombia violenta del último siglo. Que se amarre los pantalones el presidente, para que no se le desmorone su sueño de ser el primer mandatario reelecto legítimamente, y ojalá el último. 
Carlos Andrés Peralta
Bucaramanga

Desparpajo y sensatez
En referencia al artículo ‘Capo del Catatumbo’, publicado en la edición n.° 1629 de su revista, basta decir que lo expresado por alias Megateo nos deja entrever su desparpajo y sensatez, al decir con claridad meridiana la cuota que cobran por permitir sacar de la selva un kilo de cocaína. 

Tal vez su lenguaje suene brusco y torpe, pero es un tipo que al menos dice una verdad de a puño y palmaria, y que nos permite evidenciar que el negocio de la cocaína impulsa la conformación de grupos armados al margen de la ley, a la vez que les permite su financiación y sostenimiento. El negocio es rentable y lucrativo, por lo tanto difícil de terminar.
Carlos Andrés Borrero Valencia
Cali

Una foto de orden público
N. de la R. Aclaramos a nuestros lectores que la fotografía publicada el pasado lunes 2 de septiembre de 2013, en la portada de la revista SEMANA donde aparece una persona encapuchada con un producto identificado con la marca Cifrut obedece a la imagen capturada en medio de situación de orden público que se generó en el marco del paro nacional. Por lo tanto el grupo editorial SEMANA aclara que no asocia a dicha marca con actos vandálicos, ni con el titular que apareció en la portada. 

Por la gastronomía sostenible
N. de la R. En la edición n.° 1635 de SEMANA se publicó una entrevista con la chef Leonor Espinosa donde se dio la impresión de que ella apoya el paro campesino. Esto último no es el caso. En esa entrevista, Espinosa se refirió exclusivamente a que la gastronomía sostenible es una vía para impulsar el consumo consciente de productos agrícolas colombianos. SEMANA lamenta los malentendidos que este error haya podido producir.
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