21 septiembre 2013

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Cartas

CARTASEsperemos que la reacción del gobierno no haya llegado demasiado tarde

Un asesino es un asesino
Escalofriante resulta la lectura de la entrevista realizada a Jhon Jairo Velásquez Vásquez, alias Popeye (SEMANA edición n.° 1637). Dice considerar hoy una “barbaridad” todas las acciones que se adelantaron por parte del cartel de Medellín, de
l cual hacía parte como una figura importante dentro de la organización. No termino de entender, sin embargo, cómo puede creer que su patrón no era un asesino porque “no mató a más de 20 personas en toda su vida”. ¿Es que acaso un asesino es solo aquel que mata directamente a una persona? ¿Qué pasa con los planes de asesinato que él mismo mandaba a ejecutar? ¿Eso no lo hace entonces un asesino? Curiosa la interpretación de Popeye y surgen dudas sobre su “conversión” y arrepentimiento.

María Carolina Amador S.
Bogotá

La frágil memoria
En relación con la entrevista con alias Popeye pienso lo siguiente. Indudablemente la sanción penal impuesta a Velásquez Vásquez no ha cumplido con uno de sus principales objetivos: la resocialización del reo. Además de continuar delinquiendo al calumniar de manera infame la memoria de mi padre, el general Valdemar Franklin Quintero, cuando lo acusa falsamente de haber dado la orden de detener a la esposa y a la hija del criminal Pablo Escobar, también aprovecha la pregunta del periodista para calificar su asesinato como una “muerte misteriosa”. 

Al parecer, la frágil memoria de este señor lo lleva a olvidar varios hechos que sí sucedieron y que fueron realmente la causa para que el cartel de Medellín ordenara el cobarde asesinato de mi padre.

En los siete meses que mi padre ejerció como comandante del Departamento de Policía de Antioquia adelantó varios operativos contra el narcotráfico, tales como la captura de Freddy Rodríguez Celades (hijo de Gonzalo Rodríguez Gacha) por tráfico de estupefacientes; la captura de Alonso de Jesús Baquero (el Negro Vladimir) quien perpetró la matanza de La Rochela; la desarticulación de los laboratorios de procesamiento de cocaína en la zona de San Luis en Antioquia; la incautación de varias toneladas de cocaína y, esto sí fue verídico, la captura de Fabio Ochoa padre en un puesto de control de la Policía Nacional por sobornar a un suboficial. 

Es tan mitómana la memoria de Velásquez Vásquez que la misma lo traiciona hasta en los detalles más simples. Mi padre jamás tuvo asignado un Mercedes-Benz sino un Nissan Patrol, como lo pueden corroborar las fotos de la escena del crimen. La trágica equivocación al asesinar al gobernador de Antioquia confundiéndolo con mi padre tuvo otros móviles.

Todo parece indicar que el odio de Velásquez Vásquez contra mi padre es tan grande que, aun después de 24 años de haberse perpetrado su asesinato, continúa atentando contra su dignidad y buen nombre. ¡Cómo anhelo que la Policía Nacional, institución a la cual mi padre consagró toda su vida, se pronunciara públicamente frente a estas calumnias y defendiera la intachable carrera de uno de sus mejores oficiales!
 
Richard Franklin Cruz
Bogotá

Indignada
Sobre la entrevista ‘¡Sale de la cárcel!’ publicada en la edición n.° 1637, sobre el criminal alias Popeye, Jhon Jairo Velásquez Vásquez, quiero referirme como ciudadana del común que me siento indignada ante la dedicación de seis páginas con numerosas fotografías del reo y algunas de sus víctimas, donde su cinismo, su posición retadora y su sarcasmo llegan al límite. 

Informan que cumplió su condena pero no desearía que nosotros olvidemos sus innumerables asesinatos, su desfachatez al contarlos y la seguridad de sus afirmaciones, que hacen de esta persona un megalómano y asocial. No sé si estoy confundida, no sé si estoy exagerando pero por favor, en nuestra patria hay personas muy valientes, luchadoras y honestas que merecen salir en sus páginas. No me gustaría que ofreciera su experiencia a ninguno de los jóvenes de Colombia, como él dice. Espero que esta pequeña contribución sea un granito de arena para que el periodismo sea más humano y reconciliador.

Norela Rojas Bernal
Bogotá

Sofisma
Expreso el siguiente comentario para la carátula de la edición n.° 1637 de SEMANA ‘Fallo de La Haya, se acata pero no se aplica’:  es un sofisma de distracción. Lo fallado, fallado está y se cumplirá. Lo demás son acuerdos para acomodarse, dilatando tiempos y responsabilidades políticas. Lo que perdimos no tiene retorno.
Delio Merino Escobar
Cali

Definiciones
Muy ilustrativo y valioso el artículo de portada de la edición n.° 1637, ‘Se acata pero no se aplica’. Sin embargo, considero importante en los futuros artículos sobre este tema incluir definiciones de los conceptos ‘Seaflower’ y ‘plataforma continental’ relacionados con los puntos tercero y cuarto de la estrategia del presidente Santos. Por ejemplo: área, profundidad, localización geográfica, entre otras, tal y como se hizo con el área de la zona contigua integral del segundo punto de la estrategia, que estuvo acompañada además con gráficos aclaratorios. Esto, en mi opinión, nos permitiría una comprensión mejor y global de este complejo problema a quienes no somos expertos en la materia. Recordemos igualmente el adagio popular que dice que una imagen vale más que mil palabras.
Gerardo Ignacio Mesías Benavides
Bogotá

El sistema de representación
Sobre el artículo ‘¿Quién representa a quién?’ (SEMANA n.° 1637) celebro que reconozcan que existe un problema con el sistema de representación. Celebro que por fin mencionen la medición del capital social. Lamento que no se hayan ocupado a fondo de las conclusiones de tal medición, y con ello con la propuesta de reforma al sistema donde proponemos el sistema electoral mixto, que sé que ustedes conocen al detalle. No sé muy bien si ustedes no quisieron dar el paso adicional para llegar a un punto analítico sobre este problema de la representación, no sé si lo hacen por una política editorial de no entrar en estas, que se pueden considerar elucubraciones, que pueden confundir a los lectores. De todos modos les agradezco, a nombre de los colombianos, que hayan sacado a flote un problema central de la democracia nacional.
John Sudarsky, senador de la República
Bogotá

Nuevos cacharros
A propósito de ‘Bogotá se destraba’ (SEMANA n.° 1637), la realidad es más bien que cada día la ciudad se traba más con la cantidad de nuevos cacharros que van surgiendo. Hace muchísimos años, en las primeras décadas del siglo XX, la gente era más pobre, pero más feliz: no había aparecido aún esa dependencia –casi morbosa– del ‘cacharro’ propio. Operaba el tranvía municipal, que cubría todas las rutas urbanas: avenida Chile, San Cristóbal, 20 de Julio, Olaya, etcétera. Era un medio de transporte público, lento y ruidoso, pero a la vez económico y amable que se prestaba –a diferencia de los actuales, que avivan el mal genio de las gentes– para la conversación amistosa y en algunos ratos, hasta para el coqueteo amoroso. Los usuarios que transitan a disgusto en el actual sistema son los hijos de los amores que se forjaron en esos tranvías. Eran mejores tiempos, de los que apenas subsiste un vago recuerdo.
Jorge Arbeláez Manrique
Bogotá
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