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| 11/30/2013 12:00:00 AM

Cartas

Sigo creyendo que, independientemente del nombre, la reelección es un desastre

Una buena noticia

La reelección de Santos (SEMANA n.° 1647) es una buena noticia para el país y su mejor alternativa. Con ella, la paz tiene futuro, así como la economía, el empleo, la inversión y la política social. El hilo conductor de la derecha es el miedo a la paz, y por ello, será derrotada.

Miguel Durán
Bogotá


En obligación de aclarar

La periodista María Jimena Duzán en su columna titulada ‘Un ministro del siglo pasado’ (SEMANA n.° 1647) muestra cómo el proyecto de ley de Baldíos presentado por el titular de la cartera de Agricultura, sin consulta previa con el presidente, es anacrónico y revive los contrarios de aparcería del siglo XIX, entregando los baldíos a los grandes terratenientes y dejando el 20 por ciento de las UAF a los campesinos, con la obligación de que sean estos los que con sus trabajo se lo compren. A lo anterior se suma que el ministro presente el proyecto de ley al Congreso a escasas dos semanas de terminarse la legislatura y, peor aún, que insista en que lo volverá a presentar inmediatamente, luego de la orden presidencial de retirarlo.

Los colombianos no entendemos cómo el presidente mantiene a este ministro y al de Defensa, que con sus actuaciones parecieran tener como principal objetivo sabotear los acuerdos de La Habana, pues resulta muy coincidente que cuando se anuncia el segundo acuerdo de La Habana se anuncie un plan para asesinar al expresidente Uribe y al fiscal Montealegre, cuando, como lo reconoció el propio presidente Santos, se trataba de un viejo plan y que, ahora, sea el ministro de Agricultura quien busque torpedear el primer acuerdo con este proyecto de ley de baldíos. Nos preguntamos si no se tratará de legalizar tierras baldías de las que ya se han apoderado grandes empresarios agrícolas.. Estos son hechos que el país no entiende y que el gobierno está en la obligación de aclarar.

Juan Manuel Jaramillo Uribe
Manizales


Un juicio a todos

Me gustan todos los columnistas de SEMANA, con unos me identifico más que con otros y esta vez leyendo la columna de León Valencia, ‘Un juicio al país, a nosotros, a todos’ (edición n.° 1646) me fue imposible no sentir algo en mi corazón, en mi cuerpo. Me metí en sus zapatos y sentí lo que León sintió mirando por su terraza a esa Bogotá indiferente: una profunda nostalgia y un gran dolor por todo lo ocurrido en la década maravillosa y atroz de los ochenta. Sí. Tanto para unos como para otros, todas las justificaciones se acabaron, no más crímenes contra la población civil, no más crímenes políticos, no más indiferencia.

Blanca Nubia Lugo Galindo
Bucaramanga


Preocupante

Un posible atentado contra Uribe, como dicen en la edición n.° 1646, es preocupante, y traería consecuencias nefastas, amén de afectar los diálogos de paz.

Colombia, actualmente, no está en condiciones para resistir otro magnicidio, aún estamos pagando las secuelas de los homicidios de Gaitán y Galán, que dieron origen a la Violencia, el narcoterrorismo, el paramilitarismo y todas formas de corrupción y que nos estigmatizó a nivel internacional, convirtiéndonos en un país paria. Por lo tanto, este gobierno debe entender que la preocupación debe ser con la sociedad, no con los violentos.

Martin Luther King dijo: “No me preocupa el grito de los violentos, de los corruptos de los deshonestos, de los sin ética, lo que me preocupa es el silencio de los buenos”.

En Colombia somos más de 42 millones de gente buena.

Danilo Yepes Recalde
Pasto


Un artículo distinto

Cuando observé la portada y el artículo ‘En la mira’ publicado en la edición n.° 1646 pensé que se trataba de algo totalmente diferente, a saber, que Uribe por fin estaba en la mira de entidades nacionales o internacionales y que le había llegado la hora de rendir cuentas dentro de poco sin la opción de callar al interlocutor, como es costumbre.

Pensé que por fin iba hacerse justicia en temas como las chuzadas, los falsos positivos, la criminalización a la oposición, la distribución arbitraria de notarías, la utilización del poder para subsidiar propiedades de su familia, entre tantos escándalos más que han endosado el historial político de este expresidente. ¡Pero no! Me encuentro ante un artículo al que, desde mi punto de vista, jamás se le debió haber dado tanta importancia.

¿Por qué pienso esto? Pues bien, desde mi punto de vista, presentar como una noticia novedosa que las Farc intentaban un atentado contra Uribe es tanto como que las Farc ‘descubrieran’ que los miembros de las fuerzas militares tienen planeado atacar a los campamentos donde están los principales líderes de dicha organización.

No estoy de acuerdo con el argumento de que Uribe es intocable para el proceso de paz ya que se trata de un expresidente y no de un miembro del Ejército o cualquier otro ciudadano, como los que han muerto y seguirán muriendo por causa de esta absurda guerra. Bajo esa falacia, el gobierno puede dar de baja por el solo hecho de ser guerrillero a cualquier miembro de las Farc así este no sea del ala militar, como sucedió con Alfonso Cano; pero a las Farc solo se le tiene permitido matar a aquellos que no son tan ‘importantes’ o que no tienen 300 escoltas para que los protejan… ¿Ese es acaso el mensaje de paz que nos está dando el gobierno al 95 por ciento de los colombianos?

Juan Camilo Celemín Mora
Bogotá


Satanización

Me llamó la atención el artículo publicado en la edición n.° 1644 (página 24), el cual tiene como título ‘Enfoque político’. En este se comenta un pronunciamiento del Consejo Nacional Electoral sobre la pertinencia de que en el tarjetón electoral apareciese el nombre o foto de un determinado personaje (léase Álvaro Uribe Vélez) por partido o movimiento político, y como punto contrario de nuestro Organismo Electoral existe como antecedente una circunstancia parecida acaecida con otros personajes de la vida nacional (Gustavo Petro y Enrique Peñalosa). 

Realmente existe una satanización de todo lo que huela a Uribe, y creo –sin ser parcializado con el expresidente–, que deben nuestros máximos organismos revisar el punto de que aparezca o no algún distintivo o circunstancia que pueda generar parcialización del electorado. Además, si aparece o no eso debe ser desde todo punto de vista necesario dadas las connotaciones que representa un nombre o una imagen, máxime en un país donde el apasionamiento está en cabeza de personas y no de ideas representadas en partidos políticos.

Mike Pernett Correa
Cartagena


No todos de acuerdo

En la tesis del artículo ‘A Petro le llegó la hora’, (edición n.° 1644) SEMANA escribió: “En pocos días se sabrá si el alcalde es destituido o no. Aunque eso es lo que la gente quiere, el sustento jurídico del pliego de cargos de la Procuraduría es bastante cuestionable”. Me parece una parcialidad periodística, pues no toda la ciudad está de acuerdo con la destitución del alcalde, prueba de esto son las marchas que ha habido en favor de la administración Bogotá Humana y los miles de seguidores que tiene el alcalde en Facebook y Twitter, muchos de los cuales votaron por él.

Independientemente de las alcaldadas cometidas por el señor alcalde, es preciso resaltar que ese tipo de afirmaciones tienen fuerte influencia en la opinión pública e inconscientemente quien las lee tiende a adherirse a las ‘mayorías’ que apoyan la destitución del burgomaestre.

Carlos Andrés Peralta
Bucaramanga
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