Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 2003/04/28 00:00

Centralismo mediático

Muchas veces he pensado que para Colombia, un país dueño de tan maravillosa diversidad étnica y cultural, es una auténtica desgracia que la única prensa nacional se haga en Bogotá.

Centralismo mediático

Muchas veces he pensado que para Colombia, un país dueño de tan maravillosa diversidad étnica y cultural, es una auténtica desgracia que la única prensa nacional se haga en Bogotá. ¡Desde el punto de vista cultural, cuánto nos empobrece este centralismo mediático! Al respecto, la edición #1.094 de SEMANA trae dos verdaderas perlas.

María Isabel Rueda termina su columna semanal con la siguiente conclusión: Powell prefiere entenderse con esta mujer atractiva y llena de clase (refiriéndose a Carolina Barco) que con cualquier canciller gordito y negrito de alguna república centroamericana. Esta afirmación, una barbaridad monumental, requeriría en países más desarrollados unas disculpas públicas sinceras y con propósito de enmienda. Mal podría el secretario de Estado Powell, él mismo negro, menospreciar a un homólogo latinoamericano por el simple hecho de que tenga el mismo color de piel que él. Nunca he oído al secretario de Estado hablar de su vida privada, pero imagino que ha de sentirse orgulloso de su origen en un hogar negro y humilde del Bronx.

Ese sentimiento de vergüenza, ese desprecio de lo propio es uno de los ingredientes más tristes y característicos del subdesarrollo. ¿No se da cuenta acaso la columnista de que, con su afirmación, está menospreciando al 5 por ciento de los colombianos designados en los censos como 'negros'?

¿Está ella al tanto de que cerca del 70 por ciento de la población colombiana se puede designar como 'mestiza' o 'mulata'?

En otra página de la revista, el comercial de SoHo nos muestra una mujer indígena con su atuendo típico. Luce collares de cuentas y monedas y lleva el torso desnudo. Es una mujer de edad y tiene los senos caídos. El mensaje de la revista es: Mejor suscríbase a SoHo. Señores, el comercial insulta no sólo a los indígenas sino a las mujeres todas. ¡Se merecen una demanda por discriminación!

Vuelvo a mi afirmación inicial: ¡qué poco parecen conocer y entender el país y el mundo los bogotanos de salón!

Adriana Restrepo

Nueva York, Estados Unidos

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