Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2001/01/22 00:00

Como gobernador

Leí con atención el artículo central de la edición #971 sobre las expectativas políticas que suscita Alvaro Uribe Vélez.

Como gobernador

Leí con atención el artículo central de la edición #971 sobre las expectativas políticas que suscita Alvaro Uribe Vélez. El documento procuró cubrir los aspectos de mayor interés para la opinión pública, sin embargo le faltó ahondar precisamente en el punto central de la propuesta del precandidato: el manejo de los temas de violencia y seguridad. Por haber trabajado como militar activo en Urabá durante parte del período Uribe como gobernador, tengo suficientes elementos de juicio para afirmar lo siguiente:

Durante la primera mitad de su gestión, Urabá se convirtió en una especie de ‘laboratorio’ de la opción “pacificadora de los paramilitares”. Durante 1995 hubo una espiral de masacres y retaliaciones a partir del momento en que Castaño decidió entrar de lleno al eje bananero; en el 96 las masacres disminuyeron pero la suma de asesinatos selectivos con tinte político fue superior a la del 95. El resultado del experimento de Urabá fue el de que “la población del eje bananero pasó de tener en la nuca el fusil guerrillero, a tener en la frente la metralleta paramilitar”. Durante la segunda mitad de su gobernación el ‘experimento’ de Urabá se empezó a extender al resto de Antioquia. Se puede decir que esta fase todavía se está implementando no sólo en Antioquia sino en gran parte del resto del país. Es que el ‘éxito’ en Urabá los estimuló a extenderse. Uribe Vélez condecoró al brigadier general (r) Rito Alejo del Río cuando este finalizó su gestión como comandante de la Brigada XVII de Urabá. Sería muy interesante para la opinión pública que SEMANA organizara un debate alrededor del tema ‘Uribe Vélez’.

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