Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2008/04/26 00:00

¿Con el agua al cuello?

¿Con el agua al cuello?

Dos motivos me llevan a redactar esta nota; el primero, extender una manifestación de agrado por el contenido de la revista y el tratamiento que les da a los temas de Nación, Gente, Cultura entre otros; el segundo se relaciona con el artículo que aparece en la edición #1355 denominado ‘Con el agua al cuello’.
En el artículo se argumenta que 7.500 dólares no son suficientes para los subalternos del Ministro y contempla un listado de gastos básicos que hacen parecer el atentado que se comete contra ellos, ya que nos les queda ni para salir en familia. ¿Qué tendríamos que decir de las familias colombianas que subsisten con menos de un mínimo, o, sin exagerar, con un mínimo, y que no contemplan la ida a cine ni siquiera en transporte público? ¿Cuántos años han tenido que esperar los profesionales para hablar de un sueldo digno que les permita, siquiera, considerar la posibilidad de seguir formándose o adquirir algún bien sin la necesidad de recurrir a cualquier entidad crediticia?
La denuncia en cuanto el aumento salarial no se debe relegar a los sueldos de los subalternos del Ministro, se debe elevar a favor de todos los colombianos que ansían un nivel de vida digno, no para ir al cine, sino para acceder a educación, salud, vivienda y recreación de calidad.
Ahora bien, es increíble que se abogue por la retención que se les hace a los sueldos de estos funcionarios, a quienes les parece insuficiente por el estilo de vida que llevan, pero, qué decir de los empleados que laboran bajo la modalidad de contrato de servicio y así no alcancen el salario mínimo, son fuente de retención.
Habría que analizar con lupa y a la luz de la justicia la situación de estos funcionarios, además tener en cuenta que así ellos trabajen en el exterior, no dejan de ser colombianos, por tal razón, la vara de medida debe ser la misma que se aplica para los empleados de a pie, que somos la mayoría y que también tenemos derecho al cine, o bien enseñarles a gastar menos. 

Héctor Fernando Guaranguay Zúñiga
Cali

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