Sábado, 21 de enero de 2017

| 1999/09/27 00:00

DE ALBERTO SANTOFIMIO BOTERO

DE ALBERTO SANTOFIMIO BOTERO

En mi condición de lector habitual de la revista SEMANA leí la larga y publicitada
crónica de ustedes titulada: 'El expediente Santofimio' con las extravagantes y sesgadas declaraciones de
un juez incorporadas a su texto. Apelo a su reconocida condición de caballero y su profesionalidad de
periodista, antes que a cualquier disposición legal sobre prensa, para solicitarle me conceda derecho a la
réplica y a la rectificación, ojalá con el mismo despliegue del reportaje citado, que contiene tan graves y
peligrosas referencias para mi honor y para mi vida.
Solo espero, como en el título de la encíclica de Juan Pablo II, que al final pueda resplandecer "el esplendor
de la verdad".
1. Publica SEMANA la fotografía de un acto político como si este hubiera sucedido en 1993 cuando en
verdad fue tomada en Medellin 10 años atrás, en 1983, el día de la inauguración de una sede del movimiento
político del doctor Jairo Ortega Ramírez.
Además, la fotografía corresponde al momento cuando el señor Escobar era representante a la Cámara
por el departamento de Antioquia, carecía entonces de cualquier señalamiento por parte de las autoridades
colombianas o extranjeras y tenia vísa de ingreso a los Estados Unidos de Norte América.
Y fue, unos tres meses más tarde, por la misma la época de la foto, en el año 83 como lo publicaron tanto el
diario El Tiempo como la revista SEMANA, cuando yo expulsé del movimiento Alternativa Popular al señor
Escobar, por las razones que ampliamente expuse en aquella época.
Esta secuencia muestra entonces como era imposible que seis años después de esos episodios, ya 1989,
fuera a aparecer el señor Escobar en un acto político en mi honor y mucho menos lógico lo hiciera en la
compañía del señor Rodríguez Gacha, cuyas simpatías y fervores por los políticos conservadores y de
derecha conoció el país en todo momento.
2. Se presenta como una "Gran" prueba en mi contra la fotografía de una manifestación política, en la
cual aparece, una tan estúpida como infame leyenda, en una pancarta alusiva al doctor Galán; resulta sí
curioso tenga en la foto un tipo de letra totalmente distinta a todas las demás que aparecen en la
manifestación, lo cual hace pensar más en un truculento montaje fotográfico que en un elemento auténtico.
Por petición que hicieron enemigos políticos míos del Tolima a la Procuraduría, esta valoró en 1989, la famosa
fotografía de la manifestación y la pancarta y la desestimó totalmente como elemento que pudiera
judicializarse.
Cualquier persona sensata entiende que en la política, como en el deporte, como en el periodismo muchas
veces se usan frases en sentido figurado como lo debió ser al hablar de un entierro político, es esa una
calenturienta alusión que suele hacerse dentro de los sectores populares para hablar en lo político de una
posible derrota electoral de un adversario.
3. Dice el juez, en su calenturienta imaginación, sobre la existencia de una enemistad entre el doctor Galán
y yo. Eso no es cierto. Hubo sí discrepancias políticas en 1982 cuando Galán desconoció la convención de
Medellín y dividió al partido. Pero en el 89, en el momento de su muerte, por el contrario, él y yo estábamos
unidos defendiendo el mecanismo de la consulta popular para escoger el candidato del liberalismo.
4. Curiosamente, quienes difundieron la falsa versión de la aparición en la reunión política de Ibagué de los
capos del narcotráfico, siempre se cuidaron, al referirse al tema, de decir que alguien se los había contado en
secreto; además sus fuentes siempre estaban muertas o desaparecidas.
Solo hay el testimonio de UNA persona que se atrevió a decir que había ido a la fiesta popular. Dijo haberlo
hecho en compañía de un conductor y la novia de éste, no pudiendo precisar el nombre del primero y, en
cuanto a la novia, no pudieron los organismos de investigación siquiera comprobar su real existencia. Todo
era sencillamente un montaje inicuo.
Finalmente, queda claro que toda esta historia arranca de un hecho falso y por ello, todo lo demás que sigue
es una reiterada cadena de inexactitudes y falacias, alimentadas por mis detractores políticos del Tolima,
a través de los mecanismos del odio.
6 . Pretender como lo hace, en su reportaje a SEMANA el juez de marras, que hubo negligencia o desidia en
la Fiscalía, cuando estuvo por tres años a la cabeza de la entidad y de la misma investigación, nada menos el
primo hermano de la víctima del crimen, es un absurdo inconcebible. No tiene entonces lógica alguna
imputarle al doctor Valdivieso Sarmiento o a sus subalternos descuido o complacencia en las pesquisas y
decisiones de la Fiscalía. Simplemente, nunca hallaron mérito alguno en esas pruebas y, por ello, jamás
procedieron a ningún tipo de vinculación mía a dicho proceso.
Alberto Santofimio Botero
Bogotá

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