Lunes, 16 de enero de 2017

| 1997/02/24 00:00

DE JOSE GUERRA DE LA ESPRIELLA

DE JOSE GUERRA DE LA ESPRIELLA

Llevo seis meses detenido, soportando con dignidad y estoicismo que la justicia opere sin obstrucciones. Mi silencio ha sido sepulcral y me había abstenido de rectificar tantos infundios, tergiversaciones y verdades a medias, difundidos en varios medios de comunicación, precisamente para evitar que mi proceso sea objeto de la justicia espectáculo, donde se viola impunemente la reserva del sumario, y donde el sindicado no puede defenderse so pena de ser acusado por violar lo violado, en el afán de la contraparte de aparecer víctima de engaños y presionar a la justicia a través de publicaciones tendenciosas, como la que esa importante revista realizó en pasada edición, afirmando falsedades y, lo más grave, no haber dado oportunidad a mis abogados de exponer los elementos básicos de la defensa, donde se muestra contundentemente mi inocencia. Con todo respeto, no es ético ni moralmente aceptable condenar a una persona como lo han hecho ustedes, a través de unas informaciones que no reflejan la verdad del debate probatorio inmerso en mi expediente.Sobre los quince millones girados en 1992, está comprobado en el proceso que fueron producto de la venta de un automotor del suscrito y antes de Villegas, a Julián García Murcillo.Acerca de los veinte millones girados en 1994, se está en las pruebas que llevarán a la justicia a determinar las responsabilidades penales de Villegas, cuya oficina es la que elabora a su antojo el recibo de egreso registrado en su revista. El cheque lo recibe Villegas y está girado a su empresa y consignado en la misma, lo demás son explicaciones acomodadas para engañar a la justicia. Villegas lo que hace es lavar el cheque del cartel con las contribuciones que me hacen los grupos Santo Domingo y Sarmiento a través de sus empresas.Muy bien lo observan ustedes, todo dependerá del testimonio de Miguel Rodríguez, supuesto girador del cheque, quien deberá resolver varios interrogantes que den claridad al asunto. En junio de 1996, en testimonio ante la Corte, Miguel Rodríguez, tajantemente afirmó que no me conoce y jamás acostumbra a dar ayudas económicas a personas con las que no tiene vínculos personales o políticos. En cambio desde hace años es amigo y ha mantenido negocios con el señor Villegas.Lástima que la prohibición de enseñarles documentos y testimonios cobijados por la reserva, no permitan conocer la verdad, y queden sus lectores subordinados a versiones nacidas en el desván y armadas en la cocina de los delatores y cobardes en búsqueda de beneficios judiciales.José Guerra de la EspriellaBogotá

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