Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 1998/04/20 00:00

DEL COMANDANTE DEL EJERCITO NACIONAL

DEL COMANDANTE DEL EJERCITO NACIONAL

Permítame de la manera más respetuosa pero igualmente muy franca y enfática, formularles, las consideraciones que a continuación relaciono, atinentes estas, al #827 de la revista SEMANA, comprendido entre el 9 al 16 de marzo de los presentes. Se hacen en ella aseveraciones muy alejadas de la realidad, contenidas en el 'Informe Especial' (Págs. 52 a 57) comenzando por destacar una afirmación del autor del informe: "Las elecciones no pueden convertirse en cortina de humo para aplazar el debate sobre el fracaso de la estrategia militar en Colombia". No es señor director, política del comandante del Ejército, ni del alto mando militar ni de ninguna autoridad castrense a él sujeto, lanzar cortinas de humo sobre la misión institucional de las fuerzas, y en el caso del Ejército Nacional que hoy comando, la claridad y transparencia de sus actuaciones ha sido más que evidente, abierto como se halla al escrutinio riguroso de todos sus actos, no para lanzar sobre ellos ninguna "cortina de humo", aplazando debates de autocrítica que son continuos en nuestro acaecer, sino procurando por los medios más idóneos y eficaces, como fue el caso de las elecciones recientes, tender sí, la necesaria protección a todos nuestros conciudadanos para que libre y soberanamente pudieran ejercer el derecho del sufragio, el cual garantizamos nuevamente a pesar de todas las previsiones y amenazas de diversa índole que se cernían sobre tales comicios de crucial importancia dentro de nuestro devenir institucional, como a nadie ha debido escapársele. Respecto de los hechos sangrientos acontecidos en el Caguán, debo expresarle que una vez enterado de los mismos, manifesté sin reatos, su tácita gravedad al Presidente de la República, el cual es informado permanentemente sobre las operaciones militares que en esa y en las demás áreas se desarrollan para el mantenimiento del orden público.Nada se oculta entonces señor director, ni al Presidente ni a la opinión nacional ni internacional, y hasta las mismas fosas construidas por la narco-subversión para ocultar las bajas sufridas en el desarrollo de las operaciones, continúan siendo objeto de nuestra atención y de otros organismos competentes, para que quede muy claro la magnitud de los enfrentamientos, en un área que desean consolidar como santuario de la droga y de su criminal tráfico en nuestro país.Hablar como se hace en otro aparte, de divisiones y persecución a la inteligencia militar, es cuando menos temerario, y no hay, puedo garantizárselo, ningún hecho acaecido durante, ni antes de mi comando, que pueda argumentarse en sustento de esa infiel versión , unido como está el Ejército y la institución militar en la consecución de todos los objetivos que se ha trazado, sin ninguna clase de fisuras y resentimientos que mal pueden presentarse en esta hora crítica que vive el país. Precisamente fue en mucho, la labor de la inteligencia, la que ha permitido detectar y poner de presente en toda su intensidad, de dimensión que en estas zonas selváticas, pantanosas y del más difícil acceso, asume la amenaza del narcoterrorismo que no es la amenaza solamente del Ejército Nacional y de las otras fuerzas hermanas, sino la amenaza a todos los colombianos, desestabilizadora de su presente, y del inmediato porvenir como nación libre, en paz y civilizada.Se habla igualmente de un pretendido alejamiento del comandante del Ejército Nacional con sus tropas, y otras afirmaciones que el contacto diario y permanente con todos mis comandantes y subalternos que me aprecian y observan constantemente en su compañía, en todas las áreas desmiente radicalmente. El momento señor director puede ser oscuro, pero mi deber y el de mis hombres, sí es muy claro, personal e institucionalmente. El Ejército y Colombia lo están palpando así suficientemente, en unión de todas las autoridades y la Fuerza Pública. En otra parte de la revista, Pag. 40-42, se hacen aseveraciones e insinuaciones sobre la posible participación de los altos mandos militares en el magnicidio del señor Alvaro Gómez Hurtado, tales apreciaciones van en directo desmedro de la necesaria objetividad y claridad que en temas de suma gravedad como es este, debe guardar el periodismo y la comunicación responsable en cualquier latitud democrática. Por último, quiero expresarle que bien deseara pensar en relación con lo comentado, que las fuentes de información que ustedes han consultado pueden muy bien estar asaltando con estos y otros cotilleos y consejas, la buena fe de la revista, buscando producir muy seguramente un estado de desinformación falaz en la opinión colombiana para pescar en río revuelto, soltando a la diestra y a siniestra, consideraciones o apreciaciones alejadas de la realidad a manera de las que formulan la cantidad de noveles estrategas, violentólogos etc., tan de moda en este convulsionado momento del acontecer nacional. General Mario Hugo Galán, comandante del Ejército Bogotá

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