Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2001/07/09 00:00

Del Contralor General*

Del Contralor General*

En su columna ‘Un hombre equivocado —publicada en la edición de esta semana de la revista— se refiere usted a varios puntos de los tratados en el debate en el que participé el día 16 del presente mes por citación del representante Basilio Villamizar, al tiempo que presenta su interpretación de algunos datos que tal vez no alcanzó a analizar con detenimiento.

Es posible que ese día usted sólo haya tenido la oportunidad de escuchar la intervención del doctor Villamizar ante la Cámara y que mi exposición —en la que refuté cada uno de los puntos centrales del cuestionario— no gozara de ese privilegio. El doctor Basilio usó a su antojo el Informe de la Auditoría, y usted, a su vez, se basó en la intervención de este. Una coincidencia que raras veces se da. Lástima que no haya escuchado las apreciaciones de cerca de 15 representantes (de los más respetados e influyentes: Navarro, Velasco, Petro, Vives, Oscar Darío Pérez, Amador, entre otros) en el debate, francamente diferentes a las del doctor Basilio.

Permítame comentarle o aclararle, punto por punto, las aseveraciones de su artículo.

Le agradezco mucho que no me crea capaz de tocar un peso del erario. En mis 20 años de vida pública había estado a la espera de ese reconocimiento suyo. En consecuencia, la única acusación posible era la de no darle un manejo apropiado al erario.

Respecto a la expresión "hijo de…" que usted característicamente transformó en "hijo de p…" —y supongo que preguntará cuál es la diferencia—, pues no la volveré a usar en público. En todo caso, me permito enviarle copia de la carta de una funcionaria de la Auditoría que impidió el embargo arbitrario de mis bienes por parte del señor ex auditor Rendón, el gran anuncio (frustrado) de la rueda de prensa coconvocada por el señor Samuel Salazar desde la Oficina de Prensa de Palacio. Adicionalmente, pongo en sus manos una copia de la carta con la que el ex auditor me entregó el informe final de auditoría realizado a esta entidad y en la que queda de manifiesto (en el segundo párrafo) que usó dos valoraciones distintas para referirse a nuestra gestión; desafortunadamente, la que dio a conocer a los medios en su momento no es la que coincide con la que le estoy haciendo llegar. Espero que eso le ayude a matizar su indignación por mi expresión.



La prueba "reina" de la ineficiencia de la Contraloría

Como dicen por ahí, hay que saber elegir las fuentes. El "descubrimiento" del ex auditor según el cual "por cada millón que la Contraloría recupera, se van 126 millones de pesos en gastos de funcionamiento" es un caso flagrante de deshonestidad intelectual de quien hizo el "indicador", que ha sobrevivido gracias al entusiasmo de algunas personas dispuestas a creer cualquier cosa que se diga en contra del Contralor. Si le cuentan que Ossa interfirió en los concursos abiertos que administró la U. Nacional o que está negociando el control fiscal con el Congreso, piénselo dos veces —pìense dos veces que sus lectores no tienen tiempo de ponerse a verificar por usted todo lo que la columnista cree—.

Los retornos a la Nación por parte de las Contralorías no son solamente las sumas recuperadas por jurisdicción coactiva, sin duda históricamente bajas. Este es un indicador incompleto, cuyo empecinado uso no le permitió al señor ex auditor ganarse el respeto profesional de sus vigilados.

Hay unos retornos más importantes: I) los del control persuasivo, cuando por la acción de la Contraloría los contratistas terminan las obras, las pólizas se hacen efectivas, los beneficiarios de préstamos en riesgo de la banca estatal se ponen al día, etc. Llevamos 105 mil millones de pesos por estos resultados, que la Auditoría nunca quiso valorar porque le resultaba más sensacional el indicador recortado. Anexo relación respectiva.

II) los del ahorro en la gestión de las entidades por efecto de las recomendaciones y advertencias de las auditorías que hacemos. ¿Por qué el señor ex auditor no valoró que pasamos de 429 auditorías en 1998 a más de 900 en el 2000, pese a haber reducido la planta en 1.500 cargos —no en 1000, doctora Rueda—? Con una metodología basada en el control fiscal inglés, un primer ejercicio documentado para el período arroja por concepto de ahorros y recuperaciones inducidas por auditorías 339 mi millones (con 42 casos específicos). Le anexo el documento "Beneficios económicos del control fiscal 1999-2000", que presenté a los representantes el día del debate. Es probable que halle algunas fallas de redacción y estilo —pues es un documento sin edición—, pero por lo que entiendo, no le molestarán.



Austeridad

Para abreviar un poco la discusión y no dejarla en afirmaciones olímpicas (como la de "feria de contratación por sumas millonarias") me permito adjuntarle copia de la certificación de ahorro presupuestal de la Contraloría en esta administración, que suma 6.689 millones de pesos —a abril de 2001—, en gastos de personal y gastos generales (viáticos y gastos de viaje, combustible, mantenimiento vehículos, celulares y telulares). Para cualquier duda al respecto, la invito a dirigirse al Ministerio de Hacienda.



Servicios personales indirectos o "nómina paralela"

Vamos en el orden cronológico que es: la planta de la Contraloría se disminuyó en 1.500 cargos como resultado de la reestructuración, para la cual se vinculó durante más de un año, por "nómina paralela", a un grupo de asesores calificados y reconocidos, encabezados por el ex director de la Función Pública y ex superintendente de Salud, Edgar González Salas. Tal vez coincida conmigo en que los funcionarios de planta no eran los más indicados para diseñar la reestructuración, bajo los parámetros del Contralor. Segundo, mucho me temo que no podía incluir en la planta ni pagarles por debajo de las tarifas de mercado a la doctora María Mercedes Cuéllar y a los tres doctorados que nos han permitido elevar la calidad técnica y académica de los informes de ley de la Contraloría al Congreso y de la revista Economía Colombiana. Por fortuna, ésta es la más antigua revista del país en su género, porque de lo contrario no faltaría quien cuestionara la importancia o necesidad de una revista así en épocas de vacas flacas. ¡Qué tal dejar languidecer la revista porque el presupuesto nacional se va en el servicio de la deuda! La oscuridad total. Hemos sido medidos en el gasto, pero siento que todas estas críticas —que desdicen de una persona moderna— usted no las haría si el Contralor fuera de sus simpatías.

También contratamos por honorarios las cinco crónicas periodísticas sobre grandes casos de corrupción investigados por la Contraloría. Algunos no quieren que estas obras salgan a la luz pública —que no es su caso, estoy seguro— y otros se pegan de la "nómina paralela" para criticar sin saber si, en mi posición, harían lo mismo.

Y sí, hemos tenido que contratar por servicios personales indirectos a diseñadores gráficos para el soporte de las publicaciones institucionales porque en la planta resultante de la reestructuración no creamos suficientes cargos para esta área. . A la larga es más barato así que por planta. ¿Le parece esto muy grave? Hemos aplicado también un programa de 20 pasantías remuneradas —con dos salarios mínimos mensuales— para poder reclutar estudiantes sobresalientes del último año de carrera, entre ellos los editores de Cambio & Control, que no rinde culto a la personalidad d el Contralor. Le adjunto la última edición, de diciembre de 2000, y podrá usted reconsiderar la frase del doctor Basilio Villamizar.



Contratos escogidos al "azar" (¿al azar?):



Auditoría externa

Estos dos contratos son, ni más ni menos, los de las sendas auditorías privadas a Senado y Cámara, que tuvieron el visto bueno del Consejo de Estado —en un trámite de ley—. Se realizaron al comenzar la gestión como una demostración de esta administración sobre su decisión de ejercer control fiscal al Congreso, y en su momento fueron muy aplaudidos. Cuando sucedió el cúmulo de irregularidades y prácticas corruptas en la administración de la Cámara de Representantes —bajo la administración de Armando Pomárico— en diciembre de 1999, la firma privada seleccionada por concurso de méritos se encontraba a cargo de la vigilancia. Por esta razón decidí "retomar’ el control fiscal al Congreso para ejercerlo con nuestros propios auditores. Por cierto, la experiencia con la firma seleccionada creó una duda acerca de la conveniencia de "privatizar" el control fiscal. Estos contratos, por 243.536.149 de pesos estuvieron vigentes 16 meses a partir de mayo de 1999.



Inglés básico

Hablando de inglés, permítame contarle que en las pruebas para proveer por concurso los 664 cargos vacantes se incluyó un número de preguntas en ese idioma, pues es claro que éste resulta un requisito profesional en la actualidad. No quisiera entenderle que le parece cuestionable que el Estado —o la Contraloría— procure elevar la competitividad de sus funcionarios. No es generosidad, es política de capacitación, y no ha tenido el alcance deseable por falta de recursos.



Capacitación en técnicas de pintura antigua y tapices decorativos

Esta fue una mala idea que nunca se realizó. Las disponibilidades presupuestales que seguramente usted conoció fueron anuladas, como consta en el oficio 000791 del 20 de octubre de 2000 (le adjunto copia), emitido por la dirección de Recursos Físicos de la Contraloría.



Capacitación a directivos en técnicas de redacción y estilo

El objeto del contrato sobre "capacitación a directivos en técnicas de redacción y estilo" que usted menciona está consignado textualmente de la siguiente manera: "Asesorar editorialmente y capacitar en técnicas de redacción y estilo a los funcionarios de la dirección de Economía y Finanzas Públicas". En este punto quisiera aclarar dos cosas: 1) la asesoría en cuestión contemplaba la edición de la revista Gestión Fiscal, la participación en los comités editoriales, la coordinación de los procesos de diseño y diagramación, y la revisión de las artes finales de la revista: y 2) adicionalmente a esto, se incluyó la capacitación en redacción y estilo para los funcionarios —no los directivos— que elaboraban informes y artículos financieros destinados a las publicaciones de la Contraloría.

Aunque, a decir verdad, el argumento "Si investigan, ¿qué importa que no redacten?" no parece tan bueno. Simpático hubiese sido: "¿Y por qué no elige a directivos que redacten bien?".

Contratos en asesoría en temas relacionados con la imagen y comunicación para la participación ciudadana en el control social de la gestión pública

Como lo expliqué el día del debate, uno de lo cambios de fondo que se realizaron en la Contraloría, de la mano del proyecto de reestructuración, fue el de elevar a la categoría de Contraloría delegada la oficina que antes se encargaba de la recepción, tramitación y resolución de quejas de los ciudadanos (principal fuente, al lado de las auditorías, de apertura de investigaciones fiscales). Al aumentar la confianza ciudadana en la Contraloría, se incrementó el número de denuncias recibidas.

Para estructurar el proyecto de la Contraloría Delegada de Participación ciudadana se suscribieron los contratos que usted pone en cuestión. Hay que dejar en claro, entonces, que no se realizaron como una estrategia para el manejo de la imagen del Contralor; de hecho, la asesoría comprendía la creación de programas de participación y formación ciudadana en el control fiscal, el desarrollo de estrategias de imagen pública y de relaciones con la comunidad —de la Contraloría como institución, no del Contralor—, y el funcionamiento y difusión de acciones enfocadas a los programas de participación que se mencionan.

De igual forma, los asesores contratados por este medio tenían dentro de sus términos de referencia participar en el manejo de la imagen institucional y corporativa, y en el desarrollo de todas las comunicaciones institucionales (como impresos, productos de radio y televisión, etc.) que estaban dirigidas a la comunidad. Como queda de manifiesto, los contratos que usted supones están encaminados al cuidado de la imagen del Contralor como persona, no son otra cosa que una estrategia esencial para potenciar la participación ciudadana en el cuidado de los recurso públicos —una iniciativa que, creo, usted ha de considerar legítima—.



Monitoreo de aparición en medios

Se pregunta usted si "se justifica invertir en ‘monitorear la sintonía de las apariciones del Contralor en los medios de comunicación". Primero, es una iniciativa institucional, y no una personal, y sí se justifica. Es un tanto populista acudir al expediente de criticar algo que se supone impopular, pero que cualquier administrador serio sabe que es necesario. El seguimiento o monitoreo de la aparición en medios es un servicio que no pocas organizaciones contratan y cuya finalidad no tiene que ver con el "culto a la personalidad" de un funcionario en particular, sino con la "medición" del reconocimiento y el posicionamiento de las organizaciones hacia el exterior.

La utilidad de este servicio, que por cierto es más barato y eficiente que tener a funcionarios de planta día y noche haciendo seguimiento a los medios, se ve representada en la posibilidad de saber cuál es el impacto de las acciones de la institución y las medidas que se pueden adoptar para llevar a cabo una mejor gestión. No deja de ser llamativo que una persona de su profesión utilice como argumento el estereotipo que relaciona a los medios de comunicación con la vanidad y lo insustancial.

Finalmente, como ya me imagino su columna para despedir mi gestión dentro de un año, permítame decirle que los resultados, no un "nuevo discurso", son la mejor defensa de la Contraloría. No es posible imaginar este período constitucional sin la acción del máximo organismo de control fiscal, que ha destapado ollas podridas y mafias de corrupción que han conmovido a la opinión pública y originaron investigaciones y fallos fiscales, sin desconocer los resultados de la Fiscalía y la Procuraduría.

Casos como el del Banco del Estado, BCH, Caja Agraria, Foncolpuertos, Cartagena, profundización de Dragacol,, liquidación de las electrificadoras de la Costa Atlántica y TermoRío, bastarían para juzgar que la Contraloría le ha prestado un gran servicio al país y al Estado en estos dos años y medio largos de gestión.

Y como ve, no ha sido necesario que le pida perdón.



Cordialmente,

Carlos Ossa Escobar

Contralor general de la República

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