Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 2001/07/09 00:00

Del embajador de Israel*

En la edición #995 SEMANA pregunta en la portada “¿Quién pone las bombas?”.

Del embajador de Israel*

En la edición #995 SEMANA pregunta en la portada “¿Quién pone las bombas?”. Cuando leí el artículo ‘La vergüenza del mundo’, sentí que explotaba la bomba de odio de Antonio Caballero hacia Israel.

Me permito a continuación aclarar los siguientes puntos:

1. La tragedia palestina: resulta importante destacar no sólo mi reconocimiento a la tragedia palestina, sino mi absoluta convicción de que el pueblo palestino, luego de su sufrimiento, que ya perdura más de 50 años, merece tener plenos derechos como nosotros los israelíes y como cualquier otro pueblo en el mundo moderno.

2. El nacimiento de Israel: Israel nació a sangre y fuego. La razón fue la guerra que le declaró el mundo árabe (palestinos incluidos) cuando en 1947 la ONU decidió fundar tanto un Estado judío como uno palestino. Los judíos aceptamos la resolución, pero los árabes la rechazaron y emprendieron una guerra para ponerle un fin violento a nuestro sueño. Esta guerra la perdieron. Allí está la raíz de la tragedia palestina.

3. Los refugiados: dicho problema se creó en1947-1949 por dos motivos básicos. 1) Los líderes de los ejércitos árabes que atacaron a Israel, llamaron a la población palestina para que abandonaran sus hogares en forma temporal y así facilitar el exterminio de la población judía. 2) Un número significativo de palestinos huyeron por temor a las represalias por parte del ejercito israelí. Hay que señalar que también se registraron expulsiones pero fueron muy pocas y nunca existió un plan o una política sistemática encaminada a la expulsión de los palestinos.

4. 1948-1967: vale recordar que los territorios que ahora exigen los palestinos estuvieron entre los años de 1948-1967 bajo el control de Jordania (la Cisjordania) y Egipto (la Franja de Gaza). Durante estos años no hubo ningún impedimento para que se declarara un Estado palestino en dichas tierras, pero la “solidaridad” árabe de nuevo vino a ser una palabra vacía.

5. ¿Cómo se puede hablar de “paulatino extermino del pueblo palestino”, cuando el primer ministro Itzak Rabin fue asesinado por un judío-israelí, por su voluntad de paz? ¿Cómo se sustenta esta horrible acusación frente al hecho que hace sólo 10 meses, en Camp David, el entonces primer ministro, Ehud Barak, le sugirió a Arafat reconocer el Estado palestino, prácticamente en las líneas de 1967, incluyendo Cisjordania, la Franja de Gaza, desmantelando el 90 por ciento de los asentamientos y la división de la soberanía de Jerusalén? El rechazo de Arafat, a cambio, evitó de nuevo que los palestinos llegaran a concretar sus derechos legítimos y lo único que se logró fue sumir a ambos pueblos en otro ciclo de violencia.

6. Y algunos comentarios adicionales:

a. Israel es fuerte y los palestinos débiles: pero por ello, ¿se puede deducir que Israel está equivocado y los palestinos tienen la razón?

b. “... disparos contra sus niños de tan sofisticada tecnología que las balas se fragmentan en el cuerpo del herido para hacer más difícil la operación quirúrgica”: Encontramos dos mentiras en una sola frase. Israel utiliza sólo armamento permitido por las leyes internacionales. Israel tampoco dispara intencionalmente en contra de unos niños, los que sí hacen los palestinos.

c. “Los heridos no pueden llegar a los hospitales porque el ejército israelí patrulla las calles y corta las carreteras para impedírselo”. Esta es otra absoluta mentira. No hay tal cosa. Las autoridades israelíes siempre han facilitado la evacuación, más rápida posible, de heridos.

d. “...Bombarderos F-16, también indiscriminados...”. Esa es otra aseveración incorrecta; son armas modernas, precisas y dirigidas a un blanco específico. El terrorista suicida es quien actúa de manera indiscriminada.

7. La injusta comparación entre Israel y la Alemania nazi: este punto lo dejé para el final, pues es la acusación que más repudio y rechazo. Limitaré mi comentario a decir que sólo alguien en una decadente miopía moral e intelectual se permite tal comparación. De tal abismo, no hay regreso.

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