Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2001/11/05 00:00

Del gobernador del Caquetá

La revista SEMANA con invocaciones tácitas, fundadas en la gesticulación apasionante de quienes tienen la facultad

Del gobernador del Caquetá

La revista SEMANA con invocaciones tácitas, fundadas en la gesticulación apasionante de quienes tienen la facultad de disponer de un espacio publicitario y empuñar una pluma, para nuevamente dejar en duda mi conducta y actos, mezclando mi nombre en un artículo publicado en la edición #1.017, páginas 46 a 48, titulado ‘Que se haga justicia’ e identificándome ante el país con peligrosos y temerarios enjuiciamientos presuntivos, llegando al extremo de calificárseme con el adjetivo de “Gobernador Blindado” y haciendo culto y tributo al chisme, el rumor y la suposición, para ubicarme en el lugar de los violentos; cuestionando como si fuera un delito el derecho a proteger mi vida, dejando en duda la transparencia en mis actos de gobierno y colocando en mi boca expresiones nunca dichas. Subrogándose el autor del escrito señor Omar García, el derecho unilateral de convertirse en mi confidente. Persona a quien invito para que en el caso de la muerte del periodista José Daniel Vásquez (q.e.p.d.), si se considera en capacidad de demostrar la autoría intelectual o material de este homicidio, se acerque a la Tesorería Departamental del Caquetá para que previos los requisitos que este procedimiento exige, sobre la recompensa que el suscrito como gobernador ordenó cancelar mediante decreto No. 000291 de fecha 22 de julio del año en curso, por la suma de 30 millones de pesos a quien permita que la justicia identifique, castigue y condene a los responsables.

Así las cosas puedo demostrar que los autores de los escritos en mención para nada se han ocupado de verificar la información de la que se jactan ser dueños y publican con toda carencia de discrecionalidad en el ejercicio periodístico, pero que como veneno de la peor serpiente inyecta en ciudadanos de bien, que por la tranquilidad de nuestros actos y pureza de conciencia, nos convertimos en sus víctimas.

Ruego a ustedes con la humildad que acompaña el transcurrir de mis años, permíteseme por esta misma prestigiosa revista, que el país conozca mis descargos y la transparencia de mis actos que ante mi pueblo, los estrados judiciales y ante Dios, han fallado a mi favor y así desenlodar mi nombre que inmisericordemente se me arrastra por el suelo.

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