Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2000/10/30 00:00

Dolor e impotencia

A propósito de las diferentes apreciaciones que he leído en SEMANA acerca de la reforma tributaria y en donde se insiste que no será viable sin un audaz compromiso del gobierno para reducir el gasto público,

Dolor e impotencia

A propósito de las diferentes apreciaciones que he leído en SEMANA acerca de la reforma tributaria y en donde se insiste que no será viable sin un audaz compromiso del gobierno para reducir el gasto público, creo que ha quedado haciendo falta algo muy importante: atacar radicalmente la corrupción, ya que ésta es la que tiene sumida a la Nación en el más profundo ostracismo social.

Queda uno con la sensación de que existe un contubernio entre la clase política y la guerrilla para que mientras el uno malversa o saquea los fondos del erario el otro saquea, secuestra y extorsiona al pueblo.

Yo, como ciudadano de clase media (no sé si, media o baja) acompaño el propósito del Ministro de Hacienda de afrontar con estoicismo el trago amargo tributario que nos espera pero me da rabia saber cómo se dilapidan los ingresos del Estado en manos de personas que como el señor Mogollón Vacca de Caprecom (primo de Heine Sorge Mogollón), a quien como castigo por malversar los fondos de una caja del pueblo le dan la irrisoria pena de excluirlo durante cinco años de cargos públicos; hay otros casos como El Guavio, Pestolú, Caja Agraria, Banco del Estado, Dragacol, ISS, dotaciones para las corporaciones públicas, dotaciones para las Fuerzas Militares, barcazas, software para la Comisión Nacional de Televisión, miti-miti, treinti-treinti, etc., etc.

Con el dinero que se roba la corrupción con toda seguridad, se tendrían los recursos suficientes para el desarrollo de Colombia y el país no necesitaría más impuestos ni reformas tributarias, que siempre aprueban los mismos que luego se lucran personalmente de tales recursos. Les envío esta nota no necesariamente para que me la publiquen, aunque guardo la esperanza de que así se haga, sino para que sepan que el dolor y la impotencia embargan a personas que como yo, a veces piensan que la solución es salir del país aunque se nos trate de parias allende las fronteras ya que no existe la voluntad política (llámese liberal o conservadora) para solucionar de tajo los problemas del país.

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