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| 5/24/2008 12:00:00 AM

El apellido Medina

Mientras el columnista Antonio Caballero en su artículo de impecable factura literaria ‘Jinete de tigre’ (SEMANA, 1357) aventura la hipótesis de que con la no presentación de Uribe a una nueva reelección podría correr una suerte similar a la de Fujimori y, en consecuencia, terminar en el exilio o ser juzgado por una Corte Internacional o por la justicia colombiana, Daniel Coronell, en su artículo Persuasivos, presenta algunas de las evidencias de cómo con Yidis Medina, Teodolindo Avendaño y Jaime Amín, operó –como dice el gobierno– la “persuasión”, para conseguir reelección de Uribe y que, como lo ha develado la Corte Suprema de Justicia, las prebendas gubernamentales son la prueba del execrable delito de cohecho que, como delito solidario, no sólo implica a los antes mencionados, sino también a prominentes figuras del gobierno e incluso al primer mandatario. Así que, aunque la hipótesis de Caballero pudiera ser razonable (y de hecho lo es), los hechos evidenciados por Coronell indican que también cabe la posibilidad, como posibilidad real de que, pace Caballero, no tendremos Uribe por bastante rato.
Lo curioso es que el apellido Medina vuelve a desempeñar un papel protagónico. La pregunta obligada es entonces: ¿Será que las mismas argucias del poder del 8.000 (a las que eufemísticamente ahora se llama “persuasión”) vuelven a triunfar? Ojalá que no y que, a diferencia de ese nefasto hecho, esta vez impere la verdad y, consecuentemente, el castigo, así el tigre se coma al jinete, como dice el pensador chino al que alude Caballero.

Juan Manuel Jaramillo Uribe
Bogotá

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